La cloaca de la calle San Valero es la mayor encontrada hasta ahora en Zaragoza y conserva un tramo continuo de 85 metros, lo que supone la distancia más larga conservada sin interrupciones
Cuando paseamos por el centro de Zaragoza no siempre pensamos en lo que hay bajo nuestros pies. Sin embargo, la ciudad conserva un pasado romano espectacular que todavía hoy sigue sorprendiendo. Espacios como el Museo del Foro o el Puerto Fluvial permiten descubrir algunas de las dependencias más importantes de la antigua Caesaraugusta, entre ellas las cloacas que articulaban el saneamiento urbano hace 2.000 años. Y es que Zaragoza llegó a contar con más de 15 kilómetros de red de alcantarillado romano, una infraestructura avanzada para su tiempo de la que todavía queda mucho por descubrir más allá de la conocida cloaca máxima.
Una de las zonas más espectaculares y desconocidas se encuentra bajo la calle San Valero, en pleno entorno de la plaza de La Seo. Se trata de un espacio arqueológico que no está abierto al público y que esconde el tramo de cloaca romana más grande hallado hasta ahora en Zaragoza. Este conducto conecta directamente con el tramo visitable del Museo del Foro, aunque actualmente permanece sellado mediante una puerta que impide el acceso. Además de la cloaca, en este espacio también se conservan restos de lo que los arqueólogos creen que pudo ser la curia, el edificio donde se reunía el senado local de Caesaraugusta.
LAS DESCONOCIDAS CLOACAS ROMANAS DE ZARAGOZA
Según explica Rubén Castells, jefe de servicio de Cultura del Ayuntamiento de Zaragoza, las cloacas de Caesaraugusta fueron construidas de manera progresiva conforme la ciudad romana iba creciendo. La mayor parte de esta red de saneamiento se habría completado durante los reinados de Augusto y Tiberio, quedando finalizada antes de terminar el siglo I.
La cloaca de la calle San Valero destaca especialmente por sus dimensiones. Se trata de la mayor encontrada hasta ahora en Zaragoza, con 2,64 metros de altura y 1,78 metros de anchura. Además, conserva un tramo continuo de 85 metros, lo que supone la distancia más larga conservada sin interrupciones de una cloaca romana en la ciudad. Su enorme tamaño se debe a que no solo recogía las aguas residuales del foro, sino también el sobrante de las termas públicas y posiblemente parte de la zona del teatro romano.
En el interior todavía pueden observarse las huellas de los tablones utilizados durante la construcción hace casi 2.000 años. Las marcas del encofrado son visibles tanto en las paredes como en la bóveda y permiten conocer detalles de la técnica constructiva romana. Gracias a estas huellas se sabe que los tablones empleados tenían entre 30 y 40 centímetros de anchura.
Las investigaciones también han permitido conocer cómo fue decayendo esta red de alcantarillado con el paso de los siglos. En el interior de la cloaca se localizaron capas de sedimentos de hasta 50 centímetros que evidencian la falta de mantenimiento desde finales del siglo IV. Aun así, el conducto siguió funcionando durante mucho tiempo. A partir del siglo XI, buena parte del sistema romano fue quedando inutilizado y comenzaron a utilizarse los llamados pozos negros o ciegos, una práctica que se mantuvo hasta la llegada del alcantarillado moderno a comienzos del siglo XX.
Otra de las curiosidades que destaca Castells es la conservación de un tramo original de tubería de plomo romana, una pieza excepcional que demuestra el avanzado sistema hidráulico de Caesaraugusta. Todo ello convierte este espacio oculto bajo la calle San Valero en uno de los tesoros arqueológicos más desconocidos y sorprendentes de Zaragoza.













