La Fiesta de la Resurrección desbordó la Plaza de Cibeles por cuarto año consecutivo. El mensaje de León XIV a los asistentes sirvió para recuperar el «Esta es la juventud del Papa», un feliz calentamiento para su visita a España el próximo mes de junio
Van dos chicas en el metro preguntándose cuál es la mejor parada para llegar a la Fiesta de la Resurrección –«la próxima no, la siguiente»–. La Gran Vía está cortada desde antes de las seis y una novia se desespera, vestida de blanco sobre el asfalto, porque su chófer discute con los agentes de movilidad. Al final, el amor se abre paso. Y el coche que lo transporta también, jaleado por los peatones festivos de un sábado primaveral en Madrid.
Por cuarto año consecutivo, el escenario de la Fiesta de la Resurrección está frente a la fachada del Ayuntamiento de Madrid, el mismo que, para mejorar la convivencia en la ciudad, ha puesto coto a las carreras a pie de los domingos por la mañana. La nueva orden establece que solo aquellas competiciones que hayan superado los 5.000 participantes en su última edición podrán ocupar el Paseo de la Castellana. Si esa misma norma se aplicase a festivales como el de este sábado, la Fiesta de la Resurrección tendría garantizada su permanencia en Cibeles de por vida. No deja de ser llamativo que una celebración como esta –cristiana, alegre y desacomplejada– comparta espacio con el pebetero que el Gobierno utilizó en el acto de Estado –que no funeral– por las víctimas de la pandemia. Hay muchas formas de encarar la vida y la muerte. Puedes hacerlo mientras cantas La Morocha, agradeces y rezas. O puedes hacerlo junto a una antorcha que recuerda más a los Juegos que no nos dieron que al estropicio del coronavirus. Cada cual que elija la suya.
Comenzó la fiesta con DJ Pulpo mezclando Superestrella, de Aitana, y We found love, de Rihanna, cuyo estribillo dice «Encontramos el amor en un lugar sin esperanza». Algo de eso hay en esta celebración, cuyos primeros acordes (no eléctricos) los puso Ángel Catela, ganador del concurso Música y Fe de la ACdP. En su canción le pide a Dios amar como él lo hace, lo cual no es poco.

DJ Pulpo durante su actuación en la Fiesta de la Resurrección María Bereijo
Antes de entrar en faena, el arzobispo de Madrid, Don José Cobo, trajo una carta y una bendición. En primer lugar, pidió a los presentes que celebren con decibelios y sin complejos: «Que lo oigan todos los vecinos y vecinas; la alegría que tenemos porque Cristo ha resucitado», dijo.
Tras agradecer el empuje de la ACdP, que ha consolidado esta fiesta en el calendario católico de todo el país, Cobo ha leído un mensaje del Papa León XIV que ha recordado la cercanía de su visita a España el próximo mes de junio. Al arzobispo, que ha adelantado que esa misma Plaza de Cibeles acogerá la vigilia del Santo Padre durante su estancia en Madrid, lo interrumpieron unos gritos de «¡Esta es la juventud del Papa!», que llegaron de las primeras filas como un recuerdo feliz de la JMJ de 2011.
«Queridos amigos, al concluir la octava de Pascua deseo haceros llegar un saludo lleno de afecto», comenzaba la carta de León XIV. «Es hermoso que os hayáis reunido para celebrar y que lo hagáis ya por cuarto año consecutivo (…). La Pascua nos pide algo más que una emoción pasajera (…) para que también nuestra vida comience a ser nueva (…). Hacen falta jóvenes que no se avergüencen del Evangelio (…). Cómo desearía que hubiera fiesta en todo el mundo y que la alegría pascual encontrase rostros y cantos. Cómo desearía que la existencia misma de los cristianos se convirtiera en un concierto (…) capaz de anunciar al mundo que Cristo vive».
Cobo impartió la bendición –hay algo conmovedor en ver a decenas de miles de personas santiguarse al mismo tiempo– y volvió la música. Primero con los Gipsy Kings, su Bamboleo y su Volare. Después Liz Mitchell, de Boney M., que empezó cantando a capela, demostrando un poderío y una confianza en su voz que le granjeó el aplauso sincero de muchos jóvenes que difícilmente habrán oído algo suyo antes. Le siguieron Sunny, Daddy Cool y otros himnos de la música disco que rivalizaron en su momento con ABBA o Gloria Gaynor. Si a uno se le conoce por la talla de sus adversarios, la voz de Liz Mitchell juega la Champions.

André Reyes, de los Gipsy Kings, durante su actuación en la Fiesta de la Resurrección EFE
El Pulpo animaba cada pausa entre artistas con cada vez más gente llegando al concierto. Caía el sol y con las linternas de los móviles sonó el Sweet Caroline como si Cibeles fuera Wembley recibiendo a Tyson Fury.
El cierre lo puso Hakuna (los más coreados de largo), que ha hecho de la música cristiana un fenómeno capaz de cerrar el Palacio de los Deportes de Madrid –algo para lo que muchos grupos y artistas necesitan toda una vida–. Las azoteas de Madrid, empezando por la del Palacio de Cibeles, a cuya barandilla de asomaban por decenas sus clientes, vieron y oyeron que la fe mueve montañas, acordes y cinturas. Y que Cristo no pasa de moda.










