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José María de Areilza: «Hay que volver a dotar a la UE de un componente utópico»

Nos citamos en el café de un hotel del centro de Madrid. José María de Areilza, jurista, profesor, articulista y un destacado europeísta, habla bajo y despacio, haciendo gala de un talante reflexivo, que se estila hoy poco en España. El suyo es tono moderado, tolerante.

-Usted debe de ser ya el penúltimo europeísta que queda en Europa…

-Todas las personas de mi generación deberíamos ser muy europeístas. No hay horizonte mejor, ni experiencia política que haya sido en conjunto más positiva. Además nos jugamos el futuro dependiendo de si somos capaces de renovar el sueño europeísta, que es lo que nos garantiza nuestro grado de civilización. Los primeros casi 70 años de la integración europea desarrollaron unos ideales: la paz, la prosperidad compartida, un modo más civilizado y abierto de relación entre los Estados… En conjunto, estos ideales funcionales se lograron alrededor del año 2000 y ahora es muy importante que la Unión Europea no se dé por supuesta o amortizada, y mucho menos que se convierta en el proyecto contra el que rebelarse. Hay que volver a hacer la UE más atractiva, más inteligible, y dotarla de nuevo de un componente utópico para movilizar a los ciudadanos y saber adónde avanzamos los próximos sesenta o setenta años.

-¿Por qué tantos han comenzado a zurrarle a Europa? ¿Es un desahogo por la crisis de 2008 o venía de antes?

-Entre 2000 y 2008, la UE plantea tres proyectos para renovar el europeísmo y ninguno lo consigue: la gran ampliación de 2004, que produjo muchos miedos; el lanzamiento del euro, una moneda con graves defectos de diseño; y la Constitución Europea, que fracasó al sobrevenderse como lo que no era. En 2008, cuando comienza la serie de crisis en que todavía estamos inmersos, nos encontramos con una Unión fatigada, a la defensiva. La crisis del euro fue existencial, porque estuvo a punto de llevar al precipicio al conjunto de la UE, no sólo a la moneda. Ha habido más liderazgo en cómo se ha rediseñado la moneda que en cómo se puso en marcha, porque se ha hecho contra viento y marea, en condiciones dificilísimas. La moneda que hoy llevamos en el bolsillo ha mutado, ya no es la de 1999, es mucho más sostenible, aunque falte mucho por hacer.

-En general, usted valora muy positivamente a Merkel. Pero, ¿no tardó demasiado Alemania en aflojar la mano durante la crisis? ¿No fue un error imponer austeridad en los momentos más duros y demorar las políticas expansivas?

-Creo que Angela Merkel es la única líder que hay en estos momentos en la UE, pero en la crisis del euro tenía que atender en primer lugar a lo que le pedían sus ciudadanos. Merkel, en la medida en que la han dejado, ha ido adoptando una visión más de conjunto. Ella frena la salida de Grecia del euro y lo hace por razones políticas, en contra de la opinión mayoritaria de su Gobierno. Falta, eso sí, una narrativa política común sobre por qué hemos hecho tantos sacrificios, unos y otros, pues también Alemania ha hecho su parte para que el euro siga siendo central en el proyecto europeo. Tenemos que empezar a hablar de valores, de identidad… Por ejemplo, el debate español sobre el futuro de Europa todavía es muy pobre. Aunque por fortuna hay pocas voces antieuropeas en nuestro país, en la extrema izquierda y el independentismo más radical.

«Ahora tenemos que ver cómo esta crisis provocada por el pulso separatista nos puede servir para fortalecer nuestro proyecto como país»

-¿Por qué los políticos españoles parecen tan poco pendientes de los grandes debates de fondo? La revolución de la Inteligencia Artificial, el estancamiento de los salarios… Hay asuntos importantísimos sobre los que semeja que no están pensando, que se quedan fuera de foco.

-No creo que tengamos peores políticos que el resto de países europeos. En el caso español, nuestro largo trayecto en la UE ha formado parte del proceso de normalización de España, de su modernización, desarrollo económico, anclaje en la democracia… España, con un ciclo europeo favorable durante los gobiernos de González y Aznar, supo aunar bien la defensa de sus intereses nacionales y el europeísmo. A la vez hemos entendido que Europa era un reformador externo, nos ayudaba a definir y a aplicar esas reformas. Por otro lado, los españoles asumimos más que otros la identidad europea como parte de una serie de identidades múltiples y superpuestas. En ese sentido se podría decir que estamos entre los más cosmopolitas.

Pero tal vez a costa de achatar la identidad española.

-No, digamos que la identidad europea desarrolla lo mejor de la española, la abre, la enriquece. Pero los españoles hemos bajado en la aceptación de las políticas europeas. Europa está en un momento muy delicado, porque todavía hay que afianzar el euro y a la vez se afronta una gran crisis migratoria. La crisis del euro provoca una escisión Norte-Sur, y la de los inmigrantes, una división Este-Oeste, que ha llegado a poner en entredicho la libre circulación de personas. A eso hay que sumarle el Brexit, que es un ejemplo de la combinación de dos fuerzas antieuropeas, el nacionalismo excluyente y el populismo. Desagradándome el Brexit, creo que los brexiteros tenían su punto de razón cuando aludían a la falta de democracia en la UE. Yo no he votado por Juncker, no lo vi como cabeza de una lista de candidatos. También creo que aciertan cuando echan en falta una prensa europea, un instrumento clave para controlar al poder, que existe a nivel nacional, pero no europeo.

La Comunidad Europea original no trataba de legitimarse como un nuevo poder, sino que buscaba rescatar al Estado nación convirtiéndolo en Estado miembro. La legitimidad de la integración se basaba en sus resultados. Pero una vez que se han transferido tantos poderes a la Unión Europea hay que conferir una legitimidad específica a la UE, más allá de resultados, que también tienen que mejorar. Por ejemplo, la Unión tiene que ser cada vez más un actor global y pesar allá donde se decide nuestro futuro. Al mismo tiempo, hay que hacer más comprensibles los procesos de toma de decisiones y profundizar en la representación y la rendición de cuentas. Tienen razón quienes dicen que necesitamos saber quién gobierna Europa para poder pedirle cuentas, para poder mandar a un mal Gobierno a casa. Y luego existe otro tipo de legitimación muy relevante, que es la de la identidad, la de los valores, la de entender que Europa es nuestro destino común; o, como señala mi maestro Joseph Weiler, el aire que respiramos, nuestro oxígeno, porque podemos no ser europeos. No es verdad que fortaleciendo la identidad europea debilitemos la nacional. No tiene porqué ser así.

«Estoy leyendo una biografía de Lincoln, escrita por Kearns Goodwin. Una gran biografía política»

-¿Y la crítica de los «brexiteros»?

-Respeto mucho lo que han votado. Pero creo que han hecho un negocio malísimo, para ellos y para las generaciones venideras. Espero que incluso demos con una fórmula para revertir esa decisión. Pero el problema de la UE más que de déficit democrático es de déficit político. El exceso de tecnocracia que se puede achacar a la UE es el mismo que podrían señalar regiones de Inglaterra respecto a las decisiones que toma Londres, con un Ejecutivo altamente tecnificado. La sensación de que nos gobierna una serie de expertos se exacerba en Bruselas. Estos deben cumplir su papel, pero se debe añadir transparencia y control político de sus trabajos.

-¿Cómo enlaza la Unión Europea con el problema catalán?

-Visto desde la UE, el independentismo de vía unilateral rompe las reglas básicas del juego. Es un movimiento que contraviene los deberes europeos de solidaridad, de gestionar la interdependencia en común y de reconocer al otro. Citando otra vez a Weiler, él siempre se pregunta por qué va a tener derecho a ser Estado miembro de la UE una región que se escinde de manera unilateral y rompiendo lazos de solidaridad de 500 años con el territorio al que pertenecía, para acto seguido reclamar su interdependencia con 28 Estados miembros.

«Respeto mucho el resultado del Brexit. Pero creo que han hecho un negocio malísimo, para ellos y para las generaciones venideras»

-Es profundamente absurdo.

-No es un comportamiento civilizado. Además de por sus normas y valores, la UE no favorece la escisión de Estados miembros también por un motivo pragmático, porque supone un test de estrés adicional para una Unión que no necesita una crisis más. Podría tener un efecto contagio en varios Estados miembros, en un momento de populismo al alza.

-Como español, ¿lo pasó muy mal con el duro pulso separatista de octubre o siempre se mantuvo esperanzado en que España resistiría el envite y controlaría la situación

-Lo que más me ha preocupado estos meses no ha sido la posibilidad de ruptura de España. Eso me sigue pareciendo algo imposible. Lo que sí me ha preocupado es la polarización y fragmentación. La sensación de que no había espacio para entender al otro y volver a fabricar consensos en una gama de grises. Ha sido la crisis política más honda que hemos tenido desde la Guerra Civil

-¿Peor que el 23-F?

-El 23-F me marcó, porque mi abuelo, Areilza, era uno de los diputados secuestrados. Gracias a la intervención del Rey Don Juan Carlos fue una crisis que se superó en menos de 24 horas y sirvió para unir a los partidos. Me recuerdo, unos días después, caminando con mi padre por el Paseo de Recoletos en la manifestación por la Constitución, con frío, pero muy emocionado. Aquello sirvió para modernizar las Fuerzas Armadas y unir a los partidos políticos. Ahora tenemos que ver cómo esta crisis nos puede servir para fortalecer nuestro proyecto como país. Esta vez también ha sido decisiva la intervención de nuestro Rey, Don Felipe. Fue una gran intervención, que marcó el camino para avanzar juntos cuando había mucho desconcierto.

-¿Qué tal le suena lo de reformar la Constitución precisamente ahora?

-Me parece que se quiere hacer desde un espléndido aislamiento. No se tiene en cuenta que España es un Estado miembro de la UE, una categoría jurídica y constitucional nueva. No es lo mismo reformar España en el año 1978 que en 2017, cuando los pesos y contrapesos del poder y la constitución económica han sido modificados profundamente por nuestra pertenencia a la UE. Nos gobernamos en buena medida desde Bruselas y éste debería ser el punto de partida e hilo conductor de cualquier reforma constitucional que emprendamos, que habrá de hacerse, lógicamente, cuando haya los suficientes consensos.

-¿Qué libro recomendaría a los lectores de ABC Cultural para estas navidades?

-Estoy leyendo una biografía de Lincoln y de los miembros de su gabinete, escrita por Doris Kearns Goodwin, una gran biógrafa política americana, que se titula «Un equipo de rivales», donde se cuenta no sólo su vida y obra política sino cómo y por qué integró en su gobierno a sus rivales más acérrimos y el efecto que eso tuvo para impulsar el país.

 

¡Larga vida a la constitución!

Alguien ha escrito que estamos empeñados en reformar la Constitución porque no hay una norma todavía más alta que poder reformar. Ya se sabe que está bien instalado en nuestro carácter nacional pensar (o al menos decir) que reformando una ley arreglamos cualquier cosa. Pero la mayoría de los problemas de España no se resuelven reformando la Constitución. Se remediarán más fácilmente si se cumple la ley y se hace cumplir, si se imponen con naturalidad las consecuencias por incumplirla, si no se roba, si se practica sinceramente la solidaridad entre personas y territorios, o si los partidos, los gobernantes y los ciudadanos contribuyen a que las instituciones funcionen, anteponiendo el interés general sobre los intereses particulares.

La Constitución no es el problema. Es el punto de partida de cualquier solución. Con todos sus defectos, tenemos una Constitución valiosa, homologable con cualquiera de las más modernas y valiosas del mundo. Una Constitución que ha permitido y sigue permitiendo un tiempo insólito; el de mayor convivencia pacífica, estabilidad y progreso de la historia moderna de España.

Esto no quiere decir que el nuestro sea el país de las maravillas. Tenemos problemas de la democracia ya veteranos. Entre ellos, la partitocracia o las debilidades seculares de la representación. Y concurren los nuevos desafíos de este siglo XXI, en el que gobernar se ha convertido en un asunto de complejidad extrema porque todo se nos va en urgencias, los políticos tienen que lidiar con problemas económicos, técnicos o científicos sobre lo que poco conocen, muchas decisiones son transnacionales y no las toman ya los Estados, y la impresionante revolución tecnológica está modificando todos los comportamientos, afectando directamente al funcionamiento de las instituciones y aventurando novedades ligadas a la democracia electrónica a través de la red. Además, estamos ante democracias exigentes en las que los ciudadanos requieren respuestas inmediatas y satisfactorias a los problemas.

Estos y otros muchos retos tienen que ser afrontados con determinación. Pero la solución de los problemas de la democracia no consiste en acabar con la democracia. Con todos sus defectos, la democracia parlamentaria es una forma de organizar la comunidad política razonable, que se basa en la limitación del poder mediante reglas objetivas y en el respeto a los derechos de las personas, y que impone la alternancia y la temporalidad del poder.

Así pues, no hace falta abrir una causa general sobre la Constitución. A mi juicio, el método adecuado para la necesaria actualización de nuestras instituciones es tan sencillo -y a la vez tan difícil- como aislar los males sobre los que coincidimos y propiciar el acuerdo político para dar solución a cada problema. En muchos casos veremos que bastará con cambiar los comportamientos de los actores políticos y también de los medios de comunicación. En otros, es posible mejorar y mucho con simples soluciones legales. La partitocracia exagerada de nuestro sistema político, por ejemplo, cambiaría decisivamente con modificaciones en la legislación electoral y en los Reglamentos del Congreso y del Senado. En un libro acabo de examinar decenas de cambios que podrían mejorar el funcionamiento de nuestro Parlamento, la forma en la que estamos haciendo (mal) las leyes, el control parlamentario del Gobierno o el incremento de la participación de los ciudadanos en la toma de las decisiones públicas.

De hecho llama mucho la atención que quieran resolverse los problemas abriendo un debate constitucional, cuya consumación requiere mayorías extraordinarias, mientras las fuerzas políticas no son capaces de ponerse de acuerdo para reformar leyes que, como la Ley Electoral, la del Poder Judicial o el Reglamento del Congreso no requieren más que la mayoría absoluta para poder introducir reformas del máximo calado.

No excluyo, claro es, que para mejorar algún aspecto concreto sea conveniente subir un escalón y reformar uno o varios preceptos constitucionales. Pero añado inmediatamente que para dar este impulso de renovación democrática que sin duda necesitan nuestras instituciones no es indispensable abrir un periodo constituyente universal. Tampoco presentar a la Constitución como problema, haciendo que muchas personas piensen de buena fe que la solución a todos nuestros males pasa por superar un texto que se habría quedado viejo e inservible. Cuando se dice que solo con la reforma constitucional tendremos soluciones, se está dibujando un escenario tan arriesgado como cuando se insinúa que se está en posesión de la fórmula mágica que va a resolverlo todo. Si estas promesas calan en la opinión y luego las expectativas se ven defraudadas -entre otras razones porque conseguir el consenso entre los modelos rotundamente contradictorios que hoy están en circulación no se antoja fácil- lo único que se habrá conseguido es deslegitimar la Constitución misma hasta extremos difícilmente superables. Y es bien seguro que no es este precisamente el mejor momento para devaluar la Constitución sino, antes a la inversa, para ponerla más que nunca en valor al servicio de la convivencia de los españoles.

Fuente: ABC

 

Ignacio Camacho: «El despertar de la conciencia patriótica es lo mejor del procés»

En Cataluña no sólo hubo una declaración unilateral de independencia, sino una revolución, con todas las letras. Así lo defiende el columnista de esta casa Ignacio Camacho (Sevilla, 1957) en «Cataluña, la herida de España», su último libro. A forma de dietario, en el que se incluye una selección de sus artículos en ABC, el periodista repasa el avance del «procés» hasta que la ley, en forma de artículo 155, regresó a Cataluña.

–¿Esperaba este desenlace?

–Si hay algo que no se le puede reprochar al independentismo es que no haya cumplido todo lo que avanzó, amenazó o prometió. El pensamiento ilusorio de que se iba a detener el «procés», fracasó. Cumplieron todos los pasos, hasta la declaración de independencia. Al final fue más un desahogo que otra cosa, pero la hicieron.

–¿Cómo hemos llegado hasta aquí?

–Esto es la consecuencia de un proceso de décadas en el que se suma la tarea paciente del nacionalismo, la construcción progresiva de estructuras de Estado y las políticas de apaciguamiento de diferentes gobiernos entregando cada vez más competencias a Cataluña. A la vez, ignoraban la acumulación de indicios que generaban lo que la historiografía llama condiciones objetivas para la revolución.

–¿Por qué es una revolución?

–Yo la llamo revolución posmoderna. En ella se unen el nacionalismo y el populismo con las técnicas de agitación moderna organizadas a través de redes sociales, Whatsapp o las plataformas cibernéticas. Es decir, tecnología de la información al servicio de la revolución. Esta es una de las razones por las que el Gobierno no percibe alcance del movimiento y después responde de manera analógica aunque se enfrente a una revolución digital. El gobierno ha actuado tarde en Cataluña.

–¿Hay algo positivo de todo esto?

–El despertar de una conciencia patriótica española constitucionalista; la España de las banderas que hasta ahora solo salía cuando iba bien la selección. De hecho le dedico un capítulo en el que hablo del despertar de una conciencia de patriotismo moderno desacomplejado que durante mucho tiempo había estado dormido y que empieza también en la izquierda, porque las banderas aparecen en feudos socialistas de España, no sólo en barrios de mayoría conservadora.

–¿Qué es lo peor del «procés»?

–Lo negativo es todo. Primero se quiebra la convivencia en Cataluña y luego en toda España. España es una nación cosida con hilos invisibles y muchos se han deshilachado. Cataluña, que es una comunidad muy plural, se ha visto abocada a un enfrentamiento interno: se ha intentado convertir a los catalanes en extranjeros en su propia tierra. Por último, también se ha producido el deterioro de España como país, no sólo en Cataluña. En el extranjero nos ven como un país con un problema de secesión, que es muy antipático y nadie quiere invertir en lugares donde hay problemas. Todo esto ha destrozado a la comunidad más próspera de España y van a tardar mucho tiempo en recuperarse, si pueden.

–¿Por qué hay una parte importante de la sociedad que cree ciegamente en el relato independentista?

–Es cierto que hay una parte significativa catalana que está completamente abducida por una patraña, quimera o bulo. Todo está basado en la divulgación de la creencia voluntaria de una gigantesca mentira. Esa mentira de que España nos roba, que sean nación histórica, que la Guerra de Sucesión fuera de secesión, lo del euro, las empresas… Todo es mentira. La revolución de las sonrisas no era más que la de las mentiras.

–¿Hay alguna solución?

–No atisbo soluciones. El libro no propone soluciones porque el autor no las ve. Habría dos soluciones pero las dos son poco viables: que ganaran constitucionalistas y emprendieran racionalización del autogobierno o que el Estado aprendiera a decir no. Me gusta mucho una frase de Javier Gomá, que dice que el nacionalismo tiene que aprender a gestionar su frustración.

–¿Qué tal ha actuado el Estado?

–El Estado dio el nivel cuando decidió dar el nivel. El artículo 155 se tenía que haber aprobado en septiembre, cuando el Parlament aprobó las leyes de desconexión. Una vez más el Estado también llegó tarde, pero cuando lo hizo demostró que era la vía efectiva y que no pasaba nada. El ejercicio de un golpe de autoridad democrática era la solución. Funcionó, pero tarde. El Estado y todos los partidos han llegado tarde.

—Por último. ¿Un capítulo del libro para recomendar?

—Es difícil, pero me quedo con el último texto, escrito el día después de la decisión de aplicar el artículo 155. En él insto a mantener las banderas como expresión de ese sentimiento positivo que ha salido de esta crisis. Aunque no sale el título en el libro se llama «No quitéis las banderas».

Fuente:ABC

 

El Gobierno desatasca la oferta de empleo para 50.000 interinos

Si nada se tuerce a última hora, es muy probable que las 50.000 plazas destinadas a estabilizar el trabajo interino que estaban en el aire en la histórica Oferta Pública de Empleo (OPE) de 250.000 puestos para los próximos tres años finalmente se salven. El Ministerio de Hacienda y Función Pública ha estado trabajando en las últimas semanas en un documento que ha introducido matices de tipo técnico en la oferta inicial que, según fuentes de CSIF, posibilitará que estos empleos salgan adelante. «Somos optimistas», resumen desde el sindicato de funcionarios. Hacienda presentará el documento a los sindicatos este lunes.

Los 50.000 empleos públicos en el aire se reparten a partes casi iguales entre Educación y Sanidad. Su convocatoria no depende del Estado, sino de las comunidades autónomas, que, en algunos casos, se habían mostrado reticentes hasta ahora a sacarlas adelante. En el caso de las plazas de Educación, regiones como Asturias y Cantabria no han convocado por dificultades presupuestarias. Otras como Madrid y Andalucía, por problemas de calendario. Sin embargo, tras las reuniones de la mesa sectorial del sector que se han celebrado en días pasados, desde el CSIF aseguraron que la situación «se arreglará seguro». Su impresión es que la convocatoria de los empleos públicos tanto en Educación como en la Administración General del Estado se ejecutará este ejercicio.

Más compleja es la situación en Sanidad. Antes de avanzar en la OPE, es necesario convocar un concurso de traslados previo para que los que ya tienen plaza fijan puedan optar a las mejores, explican desde CSIF. Además, existen problemas con las categorías que se incluirían en la convocatoria. Ahora mismo son sólo seis. Desde CSIF consideran que son insuficientes dado que quedan fuera algunas tan importantes como la de médicos de familia. A pesar de ello, confían en que el grueso de las plazas saldrá adelante, aunque lo más probable es que la convocatoria se retrase a 2019. «Puede que se queden algunos puestos por el camino, pero si fueran 5.000 menos sería ya todo un éxito», explican. En este sector, se ha llegado a un acuerdo tan importante como la unificación de fechas de los exámenes en todas las comunidades autónomas. Así lo confirmó el pasado martes el director general de Recursos Humanos de la Consejería de Sanidad de Madrid, Pablo Calvo. La unificación del calendario era prioritaria para evitar problemas como los de 2015. Entonces, entre el 25% y el 30% de los profesionales que obtuvieron plaza fueron de otras comunidades autónomas, algo que generó un cierto caos al tratar después de retornar a sus regiones de origen.

Aunque las comunidades eran reacias en un principio a exponer sus planes de empleo público para el sector sanitario, poco a poco se van haciendo públicos. La Consejería de Sanidad de la Comunidad de Madrid ha confirmado esta misma semana que sacará una próxima OPE con 13.322 plazas en las categorías principales del personal del SERMAS, dentro de un marco general de 19.700 puestos en los próximos tres años. A finales de noviembre, fue Castilla-León la que anunció sus planes. Su convocatoria de empleo público alcanzará las 6.421 plazas, de las que 3.409 serán en el ámbito de la Sanidad. Es la mayor oferta de esta comunidad en los últimos veinte años.

OPE sin precedentes

La histórica OPE de 250.000 plazas para los próximos tres años contempla en sus planes iniciales, firmados en marzo, que este mismo ejercicio se convoquen 67.000 nuevos puestos. El 90% del total de la oferta está destinada a reforzar la Sanidad, la Educación y la Justicia. En concreto, recoge 129.700 plazas para Sanidad, 98.807 para Educación y 8.564 para la Administración de Justicia. En estas tres áreas, se alcanzó un acuerdo para fijar en el 100% la tasa de reposición de los trabajadores que se jubilan e incrementar esta tasa desde el 50% hasta el 75% en el resto de sectores.

La oferta está destinada esencialmente a reducir al interinidad del 20% actual hasta el 8%. Aunque se convocarán oposiciones al uso, en los baremos de puntuación se podrá valorar el tiempo en que un opositor ha estado desempeñando un trabajo al servicio de las administraciones públicas, lo que otorga gran ventaja a los trabajadores interinos.

Fuente: La Razón

La sucesión al Trono, Europa y el Senado, reformas pendientes

Entre los múltiples aspectos controvertidos que podrían abordarse en una reforma constitucional, hay tres posibles modificaciones de calado político e institucional particularmente conflictivos, por cuanto podrían cambiar radicalmente elementos organizativos y estructurales de nuestra democracia representativa que no son meramente coyunturales ni estéticos. Son las propuestas de reforma del Título II (sobre la Corona) para renunciar a la vigente prevalencia del hombre sobre la mujer en el orden de sucesión al Trono; la reforma -o incluso desaparición- del Senado; y la «europeización» de la Carta Magna, ya que no constan en ellas alusiones ni referencias desde la incorporación de España a la UE.

Prevalencia en la sucesión de la Corona

La actual redacción de la Carta Magna mantiene desde 1978 la preferencia del varón ante la mujer en el caso de producirse una sucesión en el trono. Conjurados ya desde la Transición muchos temores sobre el funcionamiento de la Monarquía parlamentaria, y el hecho de que pudiese llegar a limitar libertades públicas al inicio de una democracia, hoy la Monarquía española es sin duda una de las jefaturas de Estado más avanzadas del mundo. Sin embargo, hay dos debates que merecen atención: el primero de ellos, sobre el que existiría un consenso mayoritario o unánime, se produce en aras a la igualdad consagrada como principio fundamental para que la mujer no se vea discriminada en la sucesión de la Corona; el segundo, más peligroso, se produce al albur del crecimiento de un populismo de extrema izquierda y vocación republicana, en algunos de cuyos sectores se plantean tanto la desaparición directa de la Monarquía, como la posibilidad de incluir en las nuevas previsiones constitucionales un referéndum para su liquidación. Sobre el segundo aspecto, no hay propuestas formales con una mínima expectativa de éxito. Solo tacticismo político de escasa relevancia. Sobre el primero, en cambio, es evidente que muchas Monarquías se han adaptado a los tiempos bajo un criterio de igualdad de acceso al Trono. Junto a Reino Unido y Japón, España sigue siendo una excepción.

Sin embargo, esta reforma sería políticamente complicada porque exigiría una reforma agravada de la Carta Magna, la convocatoria de elecciones y un referéndum. No obstante, algunos constitucionalistas sostienen que este procedimiento sería «parcialmente sorteable» si se hace coincidir la primera aprobación parlamentaria de la reforma con la última sesión de una legislatura, de modo que el agravamiento se reduciría entonces a la mayoría de aprobación exigida, que pasaría de tres quintos del Congreso a dos tercios, y la celebración obligada de un referéndum. Otro dato relevante: de acometerse esta reforma, sería bajo la obvia necesidad de salvar el derecho ya adquirido del actual Rey, sin posibilidad alguna de reversión del proceso de abdicación de Don Juan Carlos.

El Senado, ¿una Cámara realmente inútil?

Durante décadas lleva planteándose en España el sentido real de tener una segunda Cámara de representación parlamentaria más allá del Congreso. El PSOE propugna desde hace tiempo una profunda transformación del Senado para que deje de ser un «cementerio de elefantes» político cuyas decisiones pueda revocar en todo caso el Congreso, y se convierta en una «cámara de representación territorial», o una institución que representante de las Asambleas y los Parlamentos y Gobiernos autonómicos. Transformar el Senado en una suerte de «cámara federal» o «territorial» podría ser una solución a su actual inoperancia fáctica. «Copiar» el modelo alemán en este caso podría ser una solución, pero dificultaría muchos procesos y políticamente no está claro que autonomías como el País Vasco y Cataluña aceptasen un mecanismo que les situase al mismo nivel político que a La Rioja o a Extremadura, por ejemplo. Según se afrontase esa reforma, podría «jugarse» electoralmente para restar potencia a los partidos nacionalistas en el Congreso y ampliarla en el Senado, pero difícilmente existiría un consenso al respecto.

«El Senado es un contrapeso con capacidad de veto para reformas estrafalarias de partidos cuya esencia es totalitaria»

Sin embargo, el Senado se muestra muy relevante en dos aspectos concretos: sigue siendo esencial para una hipotética reforma constitucional, de modo que tanto el sistema de elección de senadores como las mayorías que permite consagrar ofrecen un plus de «estabilidad» para los partidos tradicionales frente a la representación de partidos «aventureros». De algún modo, el Senado es un contrapeso con capacidad de veto para reformas estrafalarias de partidos cuya esencia es totalitaria. Quizás por eso, Podemos exige la supresión de esta Cámara, sin más. Además, se ha revelado esencial, por ejemplo, para la inédita aplicación del artículo 155 de la Carta Magna, consagrado ya como una garantía frente a los desafíos separatistas.

Parece indudable que, a muchos efectos, las funciones de una Cámara casi desprovista de poder deben ampliarse y fortalecerse por su actual debilidad legislativa. Pero esta reforma no puede abordarse sin haber aclarado antes qué forma de Gobierno y qué modelo de Estado se pactaría.

Necesaria «europeización» de la Constitución

Existe un consenso general sobre la necesidad de incluir en el articulado de la Constitución la forma de recepción en España del Derecho europeo. Así lo han hecho en el pasado muchas Cartas Magnas de nuestro entorno, y es una tarea pendiente como país miembro de una entidad supranacional, con límites marcados contra las cesiones de soberanía. España aún está al margen de este proceso. De hecho, no figura en la Constitución una expresión de la voluntad del pueblo español de compartir su destino con otras democracias europeas.

En su día el Consejo de Estado propuso incorporar esa manifestación en el Preámbulo y la redacción de un nuevo Título expresamente destinado a la UE. Se daría así carácter normativo a la voluntad de participar en los procesos de integración, cooperar en su devenir futuro, y fijar límites infranqueables a esa integración. A día de hoy, la inserción del Derecho comunitario en nuestro ordenamiento sigue siendo conflictivo en muchos aspectos, como su control por parte de jueces ordinarios, y no solo por el Tribunal Constitucional; o por la ausencia de instrumentos jurídicos que permitan imputar, por ejemplo, a las comunidades autónomas las sanciones impuestas al Estado español por incumplimiento de las directivas comunitarias. Es una cuestión jurídica y administrativamente muy compleja, pero que se sigue encarando de un modo «artesanal» en la medida en que no hay previsión constitucional alguna al respecto.

Fuente: ABC

Guerra abierta entre ERC y Junts per Catalunya por el liderazgo independentista el 21-D

Junts per Catalunya (JxCat) y ERC han recrudecido hoy su pulso por convertirse en la fuerza soberanista hegemónica en las elecciones del 21 de diciembre, con la figura del presidente de la Generalitat cesado, Carles Puigdemont, y sus opciones de recuperar el cargo, en el centro de la polémica.

En un mitin en Vilanova i la Geltrú (Barcelona), el exconseller de Justicia Carles Mundó, número 5 de ERC en la lista por Barcelona, ha subrayado que «el voto más útil es el voto a ERC, un partido con 86 años de historia, preparado para gobernar».

«No es un partido improvisado, que nació hace cuatro días, es un partido arraigado en la historia de Cataluña», ha añadido Mundó, sin llegar a establecer explícitamente comparaciones con el PDeCAT, creado en 2016 a partir de la refundación de Convergència.

De hecho, Mundó abrió ayer la caja de los truenos al afirmar, en declaraciones a Nació Digital, que «JxCat debería proponer a un candidato alternativo a Puigdemont por si no puede ser investido».

Por la noche, en un mitin en Blanes (Girona), Mundó ahondó en su reflexión y apostó por formar tras el 21-D «un gobierno fuerte» en el interior de Cataluña, presidido por Oriol Junqueras si es puesto en libertad, porque si Puigdemont regresa, dijo, lo más probable es que sea encarcelado.

Este giro en el mensaje de campaña de ERC, para advertir al electorado soberanista de que muy probablemente Puigdemont no podrá repetir como presidente de la Generalitat ni ganando las elecciones, llega después de que en las filas republicanas hayan saltado las alarmas ante la tendencia al alza de JxCat en los sondeos.

Tras liderar durante meses con comodidad todas las encuestas, que situaban a ERC como primera fuerza destacada con más de 40 escaños, los republicanos están sufriendo una fuga de votos soberanistas hacia la lista que encabeza Puigdemont, integrada sobre todo por perfiles independientes y donde la presencia de nombres del PDeCAT es mínima, para resaltar la transversalidad de la candidatura.

Hoy, las advertencias de ERC sobre el futuro complicado que le espera a Puigdemont han tenido réplica en un acto electoral de JxCat en La Garriga (Barcelona), donde la alcaldesa de Vilanova i la Geltrú y presidenta de la Asociación de Municipios por la Independencia, Neus Lloveras, ha lanzado un mensaje a «todos los que dicen que Puigdemont no volverá nunca a Cataluña».

«Sí que volverá, gracias a los votos que emitirán las urnas el próximo 21-D», ha dicho Lloveras, sin citar explícitamente a Mundó.

Las apelaciones a concentrar el voto soberanista en JxCat están haciendo mella en ERC y hoy su irritación ha aflorado a raíz de un tuit de la exconsellera socialista de Salud y ahora número 81 de la lista de Junts per Catalunya por Barcelona, Marina Geli.

«Votar al presidente Puigdemont, votar a Junts per Catalunya, claramente es decir no al 155 y devolver el Govern legítimo actual. Votar a ERC, ¿qué Govern? Claridad y unidad ante la excepcionalidad», ha escrito Geli.

 

Fuente: La Razón

El ministro del Interior presidirá los actos del 30 aniversario del atentado contra la Casa Cuartel de Zaragoza

El ministro del Interior, Juan Ignacio Zoido, presidirá este lunes, 11 de diciembre, los actos de conmemoración del XXX aniversario del atentado terrorista contra la Casa Cuartel de la Guardia Civil en la avenida de Cataluña de Zaragoza. Así lo refleja su agenda en la web del Ministerio.

El principal acto tendrá lugar, a las 13.30 horas, en el parque de la Esperanza de la capital aragonesa. A él acudirá también el presidente del Gobierno de Aragón, Javier Lambán, entre otras autoridades.

En ese lugar, un monolito recuerda a las víctimas del atentado perpetrado por la banda terrorista ETA la madrugada del 11 de diciembre de 1987. Once personas perdieron la vida tras la explosión de un coche bomba cargado con 250 kilos de amonal. Hubo además 73 heridos.

Entre los actos organizados con motivo del 30 aniversario del atentado, la Guardia Civil ha instalado una exposición en el Museo de Zaragoza que revive lo ocurrido aquella fría mañana de diciembre y los días posteriores.

La biblioteca más antigua de Barcelona abre la posibilidad de apadrinar un libro de los reyes de Aragón

La Biblioteca Pública Episcopal del Seminario de Barcelona (BPEB), que es la biblioteca conservada más antigua de la ciudad, fundada en 1772, ha iniciado un proyecto de micromecenazgo para apadrinar libros o documentos que necesitan ser restaurados.

La biblioteca, que alberga considerables colecciones de fondos antiguos y modernos, principalmente de materias como la teología, las ciencias eclesiásticas y las humanidades, con un total de 360.000 volúmenes, quiere poner en valor su fondo patrimonial, según ha informado el portal de información religiosa CatalunyaReligió.cat.

El proyecto de apadrinar libros se asemeja a otros proyectos de apadrinamiento en formato de micromecenazgo social que ya han impulsado otras instituciones y bibliotecas inglesas y catalanas, con el propósito de recoger fondos para poder restaurar, preservar y conservar el patrimonio bibliográfico y documental que custodian.

En el caso de la Biblioteca Episcopal de Barcelona, los elegidos para iniciar la restauración a través de las microdonaciones son cinco textos, tres manuscritos y dos incunables.

Uno de ellos es un volumen que contiene dos obras manuscritas encuadernadas juntas.

Una son unas crónicas de los reyes de Aragón y condes de Barcelona, una obra anónima, pero atribuida a Pedro III el Ceremonioso, que también se conoce como ‘Crónica de San Juan de la Peña’, que está fechada en el siglo XIV, y es una de las obras clave de la literatura y la cultura catalanas en la Edad Media.

La otra es una copia del siglo XV del Libro del Tesoro de Brunetto Latini, un notario y filósofo, que llegó a ser Canciller de la República de Florencia y considerado uno de los personajes clave del pensamiento político humanista en la Baja Edad Media.

Entre los fondos de la Biblioteca Episcopal destaca una colección de 95 incunables, 514 manuscritos, algunos de ellos escritos en árabe, el más antiguo de los cuales es del siglo XIV.

134.000 votos marcarán el futuro de Cataluña

El vuelco electoral no es imposible. Las últimas encuestas publicadas muestran ya la pérdida de poder de las formaciones independentistas en favor de los partidos constitucionalistas, que a menos de dos semanas para el 21-D centran sus esfuerzos en movilizar al mayor número de votantes, tanto descontentos con el secesionismo como a los que aún están indecisos. De hecho, ese vuelco estaría marcado por una cifra: 134.000 votos. Son los que necesitarían PP, PSC y Ciudadanos (Cs) para lograr la mayoría y desbancar a los soberanistas. Siempre, eso sí, a tenor de los últimos datos de los sondeos y si Junts per Catalunya (JxCat), ERC y la CUP se estancan en sus actuales resultados. Muy lejos quedan ya las cifras de septiembre de 2015, cuando las listas independentistas sumaron 1.966.508 papeletas (47,8 por ciento) y se hicieron con 72 escaños, frente a los 1.608.840 (39,1 por ciento) de los unionistas y sus 52 diputados.

El último sondeo del Centro de Investigaciones Sociológicas (CIS), del pasado lunes ya aventuraba ese vuelco, con 66-67 escaños para el independentismo y 59-60 para los constitucionalistas. Los primeros obtendrían el 44,4 por ciento del voto válido, mientras que los segundos se harían con el 44,3 por ciento. Es decir, prácticamente un empate técnico en el que las fuerzas secesionistas se dejarían entre 5 y 6 escaños con una caída de 3, 4 puntos y los unionistas sumarían entre 7 y 8 diputados con una subida de 5,2 puntos.

Una semana antes, la encuesta de NC Report para LA RAZÓN del pasado 26 de diciembre, ofrecía unos datos muy similares. En dicho sondeo, la suma de JxCat, ERC y la CUP caía hasta los 66 escaños y 1.707.000 votos (43,4 por ciento). Mientras, la alianza PP, Cs y PSC escalaba hasta los 59 diputados y 1.766.000 sufragios (44,9 por ciento). El sorpasso ya era una realidad en votos, pero no en escaños.

Analizando los datos por partidos, ERC y Convergència concurrían en 2015 bajo las siglas de Junts pel Sí y ahora lo harán cada uno en solitario. Entre las dos formaciones pasarían de 1.682.714 votos (39,6 por ciento) y 62 escaños a 1.483.000 papeletas (37,7 por ciento) y 60 parlamentarios. Los antisistema de la CUP, mientras, bajarían de los 337.794 votos (8,2 por ciento) y 10 escaños de hace dos años a los 224.000 sufragios (5,7 por ciento) y 6 diputados.

Cs, el que más gana

En el bloque constitucionalista, mientras, la formación que encabeza Inés Arrimadas (Cs) es la que más ha rentabilizado la aplicación del artículo 155 de la Constitución en Cataluña. De hecho, gana 85.636 nuevos votantes, pasando de los 736.364 (17,9 por ciento) y 25 escaños de 2015 a los 822.000 (20,9 por ciento) y 29 diputados de la encuesta del pasado día 26.

El PSC y Miquel Iceta, por su parte, crecería en 54.717 votantes. Pasaría de esta forma de los 523.283 votos (12,7 por ciento) y 16 escaños de las últimas autonómicas a los 578.000 (14,7 por ciento) y 19 parlamentarios actuales.

Por último, el PP, con Xavier García Albiol como cabeza de lista, saca menos partido de la actual situación en Cataluña, aunque también mejora. Así, de los 349.193 votos (8,5 por ciento) y 11 escaños de hace dos años pasaría a los 366.000 (9,3 por ciento) y 11 escaños de nuevo.

Con estos datos, la situación era de victoria «pírrica» del bloque constitucionalista, pero insuficiente para dar la vuelta a la política de la comunidad catalana. Además, la participación iba a ser un aliado importante y en este sondeo caía 3,8 puntos, pasando del 74,9 por ciento de 2015 al 71,1. Esto significa que casi 230.000 catalanes que acudieron al colegio electoral en septiembre de 2015 optarán por no repetir el próximo 21 de diciembre.

Y es en este «saco» de votantes descontentos con la política en general y en los que empiezan a estarlo con los independentistas en particular, en el que Albiol, Arrimadas e Iceta buscan conseguir nuevos apoyos que permitan el vuelco electoral.

A 13 días para la cita con las urnas, ese cambio está en manos de 134.000 catalanes. Para que sea posible, los unionistas deberían pasar de los 1.766.00 votos que le otorga la encuesta de NC Report del 26 de noviembre a 1.900.000 papeletas el 21-D. Además, las formaciones independentistas deberían mantenerse en los 1.707.000 votantes que logran en el sondeo con mínimas variaciones. Sus fuerzas en lo que queda de campaña se centran en atraer a esos indecisos y descontentos con un discurso de unidad y seguridad, que se traduce en una mayor presencia de «pesos pesados» en los mítines en Cataluña-

Votantes de las generales

Pero alcanzar esos 1,9 millones de votos no es algo imposible, ya que es la media del voto constitucionalista en Cataluña en las cuatro últimas elecciones generales. Por ello, movilizando a todos los fieles de PP, PSOE y Cs que sí que votan en las generales, el sorpasso en votos y escaños sería una realidad.

Se trata de la opción más real, pues la otra posibilidad implica que las formaciones constitucionalistas se mantengan en esos 1.766.000 votos que les da el sondeo y que los separatistas se dejen 498.000 votos y pasen de los 1.707.00 de la encuesta a 1.209.000. Desde las autonómicas de 2015 tendrían que desmovilizar a 758.000 votantes.

Esa pérdida masiva de fieles sería posible si finalmente el 21-D sólo les vota el 61,4 por ciento de los que les votaron hace dos años, ya que ese es el porcentaje de los 1,9 millones de votantes que les apoyaron entonces y que, a día de hoy, se reafirman en la independencia (1.209.000 independentistas), frente al 24,2 por ciento que se siente «engañado» por el procès (475.000 votantes) o al 14,4% que considera que hay que «liquidar» el proceso secesionista como sea (283.000 votantes). Así, los independentistas se quedarían con 54 escaños y los constitucionalistas con 71.

PP, PSC y Cs saben que el cambio es posible y dedicarán todas sus fuerzas a atraer a esos descontentos.

Fuente: La Razón

La borrasca ‘Ana’ dejará lluvias y vientos de hasta 120 kilómetros por hora

La primera borrasca con nombre, ‘Ana’, alcanzará la costa cantábrica este domingo y afectará a buena parte de la Península y Baleares con vientos «muy fuertes» y precipitaciones abundantes

Se trata de una borrasca «muy profunda» que pasará durante todo el domingo por la península y finalizará el lunes, y que provocará precipitaciones que podrían superar los 80-100 litros por metro cuadrado, especialmente en el cuadrante noroeste de la Península y en zonas montañosas.

En Aragón, aviso amarillo

Entre las 12.00 y las 24.00, de este domingo, la Aemet ha decretado aviso amarillo por viento en el Pirineo oscense y en la Ibérica zaragozana y la Ribera del Ebro.

Aviso amarillo por viento en Albarracín y Jiloca, Bajo Aragón de Teruel, Gúdar y Maestrazgo para el día 10 entre las 10:00 y las 24 .

En el resto de la Península

La Aemet ha decretado aviso naranja por vientos y lluvias fuertes, así como intenso oleaje en las zonas costeras, en ocho comunidades autónomas (Galicia, Asturias, Cantabria, País Vasco, Navarra, La Rioja, Castilla y León y Madrid), y en las provincias de Cáceres, Toledo, Ciudad Real y Guadalajara.

En Baleares y la costa levantina (Murcia y Comunidad Valenciana, en particular) las precipitaciones serán más débiles y dispersas.

En cuanto al viento, se esperan rachas que podrán superar los 80-100 kilómetros por hora en amplias zonas de la Península y Baleares e incluso los 120 kilómetros por hora en el litoral de Galicia y zonas montañosas cercanas.

Todo ello provocará además oleaje que afectará a todas las zonas costeras de la Península y Baleares y de forma más acentuada al litoral noroeste, según Aemet.