Macron: “La UE no se cambia en solitario, es una obra colectiva”

Emmanuel Macron acaba de cumplir 40 años. Desde su elección, en mayo, el presidente más joven de la República Francesa se ha marcado tres grandes objetivos: transformar su país, revitalizar la Unión Europea y encabezar la lucha mundial contra el cambio climático. Con mayoría absoluta en la Asamblea Nacional, con la oposición desarbolada y con los sindicatos derrotados tras una breve batalla por la reforma laboral, con Angela Merkel en horas bajas y con Donald Trump fuera de los acuerdos sobre el clima, Macron acumula poder e influencia. Aún está por ver, sin embargo, si los resultados de su mandato estarán a la altura de sus enormes ambiciones.

P.- Dijo usted que Francia no es un país de reformas sino de revoluciones. ¿Encarna usted una revolución? ¿Cuál?

R.- Sí, no es una revolución individual, por supuesto, pero el pueblo francés ha protagonizado una gran revolución estos últimos meses. Ha querido una transformación del agotado esquema partidario, ha exigido un cambio profundo de las prácticas políticas, ha tomado la decisión de elegir un presidente joven, nuevo. Ha afirmado también la elección de una Francia ambiciosa, positiva, europea, cuando los resignados de ambos bandos le mostraban el camino de la renuncia y del repliegue.

P.- La economía francesa va mejor. Pero el déficit presupuestario sigue siendo muy alto y la deuda continúa aumentando. ¿Podrán revertir esta tendencia?

R.- Francia se beneficia de la bonanza de la economía mundial, pero también de las reformas de los últimos años y de un mayor sentimiento de confianza; nuestro crecimiento supera las previsiones. Pero somos conscientes de que persisten frenos en nuestra economía que limitan su potencial de crecimiento y de creación de empleo. Padecemos un modelo socialmente injusto y económicamente ineficaz al no haber sabido renovarnos y superar las reticencias al cambio.

El programa económico con el que fui elegido el pasado mes de mayo es claro. Nuestra estrategia se basa en cuatro pilares: liberar, proteger, invertir y confiar. En primer lugar, liberar el trabajo y el espíritu de empresa. Es el objetivo de la reforma del diálogo social y del Código Laboral, pero también de la reforma de la fiscalidad, más atractiva, más estable. Estas transformaciones, emprendidas desde el verano, generan un golpe de confianza que tanto necesita la economía francesa. Segundo pilar, creamos las protecciones que necesitan nuestras ciudadanos en el mundo de hoy en día. Es el objetivo de la reforma en curso del subsidio de desempleo y de la formación profesional. Es también el sentido de nuestras acciones a favor de la cohesión territorial, del acceso a la sanidad y a la educación superior. El tercer eje de nuestra estrategia consiste en activar la inversión, pública y privada, para que emerja un nuevo modelo de crecimiento, de transición ecológica y digital, basado en las competencias y la innovación. Las transformaciones de esta amplitud implican confiar en los actores y devolver el poder a quienes hacen.

El primer presupuesto de mi mandato traduce la puesta en marcha de las reformas estructurales, por ejemplo, en las políticas de empleo y vivienda. Llevamos a cabo una ambiciosa acción de reducción del gasto, que nos permite a la vez una bajada de impuestos y la recuperación de las finanzas públicas. El déficit público bajará del 3% del PIB en 2017 por primera vez en 10 años. La disminución del déficit se acelerará en los próximos años para acercarse al equilibrio en 2022. La trayectoria de la deuda muestra una inflexión este mismo año y experimentará un nítido retroceso, de más del 5% del PIB, de aquí a 2022. Es esencial restaurar nuestra credibilidad, cumplir nuestros compromisos; reducir el gasto y la deuda también. Pero la base de nuestra recuperación será nuestra agenda de reformas económicas: es nuestra prioridad absoluta.

El presidente francés, Emmanuel Macron, en el palacio de Versalles. | Soazig de la Moissonniere / Presidencia de la República Francesa

P.- La reforma del mercado de trabajo ha sido relativamente sencilla. ¿Esperaba una oposición más fuerte en la calle?

R.- No es una reforma sencilla, es una reforma clara. Creo mucho en el método y en la responsabilidad democrática. Durante la campaña, anuncié esta reforma: su contenido, su justificación, su calendario -a partir del verano- e incluso sus modalidades -decretos-ley- para ir deprisa y obtener resultados rápidos.

Tenemos una gran tradición francesa: la de la agenda oculta o de las sucesivas traiciones. Se hace una campaña para reunir al núcleo de tus militantes durante las primarias y, después, se revisa el programa para seducir a un electorado más amplio durante la campaña para, finalmente, gobernar de otro modo diferente. Este método ha roto la confianza de los franceses. Mi compromiso constante consistió en decir claramente lo que haría como presidente: no son decisiones fáciles, pero fueron aprobadas por el voto de los franceses y, por lo tanto, hoy las llevo a cabo, con el Gobierno y el Parlamento, día tras día, una tras otra.

P.- ¿Habrá efectos positivos de la reforma antes del fin del quinquenio?

R.- Sí, por eso quise ir deprisa. Se pueden alcanzar resultados significativos al cabo de 18 a 24 meses. Por lo tanto, hay que lanzar las reformas sin tardanza. No creo en el mito francés de los 100 días, no es un plazo serio para reformas de fondo. Pero el primer año del mandato es crucial: es cuando se implantan las transformaciones que producirán los auténticos resultados, ante todo sobre el empleo, dentro de dos años.

Persisten frenos en nuestra economía que limitan su potencial de crecimiento y de creación de empleo. Padecemos un modelo socialmente injusto y económicamente ineficaz al no haber sabido renovarnos y superar las reticencias al cambio

P.- ¿Cómo hacer para convencer a los estudiantes de que la universidad, como ha afirmado, no es la solución para todo el mundo?

R.- Querría sobre todo convencer a los estudiantes y a los futuros estudiantes de que tenemos soluciones para ellos. Esas soluciones deben corresponderse con lo que quieren llegar a ser. Por ello han de ser variadas, accesibles para todos, independientemente del origen geográfico o social de cada cual, pero no deben basarse en promesas ilusorias. Pues, ¿cuál es la situación actual? La de una selección masiva, mediante el fracaso y la desorientación, a través del sorteo; jóvenes que, por ejemplo, querían hacer Derecho y se encuentran estudiando Inglés en salas abarrotadas. Resultado: abandonan y buscan su vía o se quedan definitivamente descolgados. Es un inmenso desperdicio tanto para ellos como para toda la sociedad.

¿Cuál es la reforma que proponemos? La selectividad será el único título que se exija para acceder a la enseñanza superior. Debe abrir una vía útil para cada uno. Les debemos a nuestros jóvenes una información completa y transparente para que puedan hacer elecciones juiciosas. Por primera vez, se publican las expectativas de cada carrera. También haremos públicas las tasas de éxito por opción de bachillerato y las tasas de inserción profesional por carrera. Las universidades examinarán los expedientes de los estudiantes y les propondrán una solución que les convenga. Es una evolución de calado. No podemos tolerar que otra generación más sea enviada mayoritariamente al fracaso sin que pueda tomar sus decisiones de un modo responsable.

P.- En Córcega, los nacionalistas han ganado las elecciones muy claramente. Y los nacionalistas corsos hablan a menudo del (muy problemático) ejemplo catalán. ¿Cómo piensa actuar respecto a las exigencias de autonomía, cooficialidad de la lengua corsa y el estatus de residente?

R.- Lo urgente es hacer que funcione la nueva colectividad territorial única de Córcega, que debe poder ejercer, en las mejores condiciones, sus nuevas competencias para garantizar el desarrollo de la isla. Es un cambio esencial y es la primera consecuencia de los comicios. A continuación, es posible reflexionar sobre posibles evoluciones, el primer ministro se lo indicó a los responsables de la colectividad de Córcega. Pero esto se inscribe, como en otras partes, en un marco, el de la Constitución de la República. Este marco republicano no puede satisfacer ciertas reivindicaciones, como el estatus de residente o la cooficialidad de la lengua corsa.

Hay que lanzar las reformas sin tardanza. El primer año del mandato es crucial: es cuando se implantan las transformaciones que producirán los auténticos resultados, ante todo sobre el empleo, dentro de dos años

P.- La canciller alemana, Angela Merkel, está en crisis. Los británicos se marchan. ¿Es usted el único gran líder europeo?

R.-Desde luego no aspiro a la acción solitaria. Eso no tendría ningún sentido: no se cambia Europa en solitario. La construcción europea no es un juego de suma cero, sino una obra colectiva.

Lo que me importa es construir un liderazgo de Europa en todos los temas -y son numerosos- en el que nuestra capacidad de acción en el mundo se base en una Europa auténticamente soberana. Para garantizar nuestra seguridad, para responder al reto migratorio, para desarrollar una nueva nueva asociación con África, para que Europa se reafirme como paladín mundial de la transición ecológica y en la lucha contra el cambio climático, así como en la transformación digital. Una Europa, en definitiva, que se reivindica como potencia económica y monetaria.

En todos estos ámbitos, el foro pertinente para actuar es Europa. Mi contribución a este liderazgo europeo es tener un mandato claro del pueblo francés y haber hecho un conjunto de propuestas sobre todos los asuntos que acabo de mencionar. No oculto esta aspiración, no me avergüenzo de Europa: esta aspiración está al servicio de una profunda transformación del proyecto europeo.

Desde que llegué, trabajo para congregar alrededor de esta agenda de protección y de refundación. De hecho, Mariano Rajoy y yo tenemos puntos de vista muy próximos sobre las cuestiones esenciales, como profundizar en la zona euro, las migraciones o la defensa. Desde la salida de la crisis económica hay un claro regreso de España a la escena europea.

P.- En todo caso, ¿cuáles son sus objetivos para la Unión Europea?

R.- En primer lugar, que encontremos de nuevo el sentido del proyecto, que renunciemos al espíritu de resignación y al inmovilismo. Los jefes de Estado y de Gobierno se reúnen ahora cada mes, no ya para cumbres de la última oportunidad, ni tampoco para gestionar crisis, sino para hablar del futuro y de proyectos comunes basados en la hoja de ruta del Consejo Europeo, hasta 2019. Para hablar y para debatir, pues Europa se muere, no por los debates, que son normales e incluso sanos, sino, al contrario, por su silencio y su timidez.

En este debate, he deseado llevar la ambición de una Europa que protege, para responder al miedo de buena parte de nuestros ciudadanos que ven a Europa como una amenaza. Ése es el sentido de mi compromiso por una Europa de la defensa, la seguridad y la lucha contra el terrorismo, la reforma de las políticas de asilo y de inmigración, la reciprocidad comercial o la reforma del régimen de trabajador desplazado. Estamos obteniendo resultados en todos estos temas. Y vamos a seguir avanzando rápidamente en varios temas concretos: la fuerza europea de protección civil, que la Comisión propuso hace algunas semanas, la Agencia Europea de Innovación o bien la Academia Europea de Información.

Se trata también de una visión a largo plazo, hasta 2024, la de una refundación de Europa, que expuse en La Sorbona. Una Europa que deseo soberana, unida y democrática. Pues tenemos que insuflar un nuevo espíritu democrático, una nueva gramática del debate, ocasión que nos proporcionarán las consultas ciudadanas que organizaremos, en los países voluntarios, a partir de la primavera de 2018. Lo que hace falta en todo momento es mantener juntos esos dos horizontes: resultados concretos a corto plazo y una visión, un rumbo para el futuro.

Mariano Rajoy y yo tenemos puntos de vista muy próximos sobre las cuestiones esenciales, como profundizar en la zona euro, las migraciones o la defensa. Desde la salida de la crisis económica hay un claro regreso de España a la escena europea

P.- Se habla a menudo del problema de las grandes migraciones hacia Europa. Sin embargo, a Europa no llega más que una parte muy pequeña de los migrantes del mundo. ¿Por qué en Europa, un continente que está envejeciendo, sentimos tanta desconfianza hacia los inmigrantes?

R.- Por varios motivos. Para empezar, Europa había perdido la costumbre de las grandes migraciones, que sin embargo forjaron su Historia. Muchos países europeos, especialmente en Europa oriental, venían de décadas de aislamiento. Y, luego, el proyecto europeo en sí mismo no se construye originalmente en torno a estos asuntos de regalía, eminentemente soberanos en la mentalidad de cada Estado. La Unión Europea se ha ocupado de temas internos, de su reconciliación, de crear un mercado único, de regular la competencia dentro de la misma. La relación con el mundo no le era un tema propio. Hace ya unos años que la Historia llama de nuevo a nuestra puerta: la guerra en Oriente Próximo ha vuelto a poner en movimiento a cientos de miles de personas desesperadas que buscan auxilio en Europa. A ellos se suman, bajo la presión económica, demográfica y climática, millones de personas que emprenden o podrían emprender el camino hacia aquí.

Éste es el desafío que debemos abordar. No es una crisis, que pasaría rápido; es un fenómeno profundo y duradero. A nivel europeo, realizamos auténticos avances tanto en la vertiente interna entre Estados de la Unión como en la vertiente externa, con los países de origen y de tránsito, especialmente en el Sahel. Francia y España tienen un especial compromiso. Tenemos que hacerlo aún mucho mejor, de forma conjunta, en la gestión y la protección común de nuestras fronteras y en la armonización de nuestras políticas de asilo e inmigración. Es el gran reto del año que viene.

P.- ¿Cuáles son las perspectivas en materia de terrorismo tras el final de la guerra en Siria?

R.- La derrota del Daesh no significa el fin de la amenaza terrorista, que es duradera. Nos enfrentamos a una amenaza más endógena, que requiere que continuemos movilizando el conjunto de los medios de acción, dando prioridad a la información y al seguimiento de los individuos en vías de radicalización. También debe reforzarse la cooperación europea en este campo.

Lo he dicho y lo asumo: nuestro combate es también un combate de civilizaciones. Desde luego no de una región o de una cultura contra otra. Pero debemos comprender por qué tantos niños nacidos en nuestro territorio se vuelven contra nuestras democracias, las abandonan y las atacan. En este sentido, debemos encontrar un imaginario, un espíritu colectivo, un proyecto de sociedad. Aquí también, el proyecto europeo es central, pues es el único medio de afirmar con orgullo y eficacia nuestros valores en el mundo.

P.- Recientemente lanzó una voz de alarma: el mundo está perdiendo la guerra contra el cambio climático. ¿Cree realmente que es posible ganar esa guerra antes de que sea demasiado tarde, antes de que no sea más que una victoria pírrica?

R.- Tengo la certeza de ello, pero requiere que tomemos conciencia de forma inmediata y un sobresalto colectivo. La emergencia climática está ahí. Los científicos nos lo dicen y, desgraciadamente, la situación tiende a deteriorarse, con una intensificación de los “extremos climáticos” como los huracanes o las sequías prolongadas. Si no actuamos, la temperatura del planeta aumentará 3,5 grados de aquí a finales de siglo, cuando el objetivo fijado por el Acuerdo de París es de un máximo de 1,5 o 2 grados. Puede parecer una diferencia leve, pero las consecuencias para la agricultura, la salud o la biodiversidad son considerables entre ambas cifras. Por no hablar de los Estados insulares cuya propia existencia se ve amenazada por la subida del nivel del agua que provoca el calentamiento climático.

Por lo tanto, hacía falta actuar, volver a movilizar, dos años después de la Cumbre de París, y reunir, por primera vez, a todos aquellos que quieran adoptar compromisos concretos y hacer un seguimiento de su aplicación, procedentes del sector público pero también del sector privado: organizaciones internacionales, países, regiones pero también empresas, bancos, compañías de seguros, fondos soberanos o grandes fundaciones filantrópicas.

Los actores americanos, empresas o colectividades, afirmaron, en la Cumbre One Planet del 12 de diciembre, su voluntad de compensar la retirada del gobierno federal de los Estados Unidos del Acuerdo de París. ¡Es un acto de gran relevancia! Y el conjunto de los participantes adoptaron una serie de doce compromisos muy concretos, con financiación y responsables claramente designados, de los que haremos un seguimiento etapa a etapa en los próximos meses. Proseguiremos este trabajo con determinación en torno a soluciones y proyectos concretos. Y cada año organizaremos un seguimiento.

Abrazo entre los presidentes francés y español en un encuentro el pasado agosto. | REUTERS / Charles Platiau

P.- ¿En qué punto están las relaciones entre España y Francia?

R.- El parte meteorológico de nuestras relaciones muestra un cielo sin nubes. Tuve la ocasión de recibir al presidente Rajoy el 16 de junio en el Elíseo. Dicho encuentro permitió sentar las bases de una relación cálida que hemos desarrollado al margen de las diferentes reuniones internacionales en las que coincidimos y durante conversaciones telefónicas periódicas.

Las relaciones entre nuestros dos países se basan en vínculos humanos, económicos, culturales e históricos. Cuando uno de nuestros países atraviesa dificultades, la solidaridad es inmediata, evidente. Así fue este verano cuando se produjo el trágico atentado de Barcelona. Tal fue también el caso desde el primer día de la crisis catalana.

Pero el presidente Rajoy y yo estamos determinados a reforzar nuestros vínculos mediante proyectos positivos, concretos. Citaría, por ejemplo, el proyecto de interconexión eléctrica Golfo de Vizcaya, por el que escribimos, junto con Antonio Costa, al presidente de la Comisión Europea para solicitar financiación europea. Es un muy buen ejemplo de la forma en la que nuestra relación bilateral se inscribe en el marco europeo para reforzar la cohesión del mercado común de la energía.

He respaldado y seguiré respaldando la legalidad y la unidad constitucional en España. Tengo plena confianza en el gobierno de Mariano Rajoy para gestionar la situación. En aras al interés de todos, deseo que la estabilidad y la confianza puedan regresar pronto a Cataluña

P.- ¿Cuál es su visión, su posicionamiento sobre la situación en Cataluña?

R.- Aún es demasiado pronto para saber cuáles son las consecuencias de los comicios del jueves y no me corresponde hacer comentarios al respecto. Mi posición de principio no ha variado, como amigo, vecino y socio europeo. He respaldado y seguiré respaldando la legalidad y la unidad constitucional en España. Tengo plena confianza en el Gobierno de Mariano Rajoy para gestionar la situación. En aras al interés de todos, deseo que la estabilidad y la confianza puedan regresar pronto a Cataluña.

Carlos Onetti @onetti78 Virginia Hernández @vir_hernandez