En su homilía en el Santuario de la Virgen de los Treinta y Tres en Uruguay, el Pontífice puso como modelo a santa Mónica ante la angustia de las familias y llamó a los varones a arrodillarse ante Dios «sin sentirse menos hombres por ello»
Durante la multitudinaria celebración Eucarística de este domingo en la plaza de la Catedral Basílica de Florida, Santuario Nacional de la Virgen de los Treinta y Tres, el Papa León XIV ha pronunciado una homilía centrada en la transmisión intergeneracional de la fe en el seno del hogar. En el marco de su viaje apostólico por Uruguay, Argentina y Perú, el Santo Padre subrayó que la verdadera historia espiritual de los pueblos no se escribe en los libros oficiales, sino en el testimonio diario y silencioso del ámbito familiar.
Tras concluir esta intensa primera etapa en tierras uruguayas, León XIV pondrá rumbo a Argentina para continuar con su itinerario apostólico en el Cono Sur. Su aterrizaje en el aeropuerto de Aeroparque está previsto a las 16:30 horas locales, donde será recibido a pie de pista por el presidente de la Nación, Javier Milei. La visita a la nación vecina constituirá la segunda parada clave de esta gira latinoamericana de once días, antes de culminar su recorrido en Perú.
El consuelo de santa Mónica para las madres y la semilla sembrada
El Pontífice dirigió unas palabras de especial empatía hacia las madres, abuelas y catequistas que cargan con la pena de ver a sus hijos o nietos apartados de la vida sacramental o de la oración. «Enseñaron a rezar a sus hijos y hoy esos hijos ya no rezan. Iban juntos a Misa y hace años que no entran en una iglesia», reconoció León XIV al abordar la inquietud de muchas mujeres que se preguntan si han fallado en su labor educativa.
Para ofrecer consuelo ante esta realidad, el Santo Padre evocó la figura de santa Mónica, quien rezó incansablemente durante años por la conversión de su hijo sin perder jamás la confianza en la gracia divina. Por ello, instó a las madres a no dar por perdida la semilla sembrada ni rendirse al desaliento, recordando la enseñanza evangélica de que la semilla puede germinar sin que el sembrador sepa cómo. «Sigan poniéndolos ante Dios. Hay puertas que ustedes no pueden abrir, pero Dios sí», enfatizó el Obispo de Roma.

Los sacerdotes rezan mientras el Papa León XIV celebra la Santa Misa en la Plaza Asamblea,AFP
Un llamamiento a los padres: «Arrodillarse ante Dios no resta hombría»
En otro pasaje, el Pontífice interpeló directamente a los varones, padres y abuelos de las familias, pidiéndoles que asuman un rol activo y visible en la vida espiritual del hogar. Proponiendo como referente a san José —quien formó a Jesús en el trabajo honrado y en la piedad hacia el templo—, el Papa remarcó que los jóvenes necesitan presenciar el compromiso religioso masculino en su día a día.
León XIV aseveró que las nuevas generaciones necesitan ver a sus padres rezar, acudir a los sacramentos, pedir perdón y tratar con respeto a sus esposas. «Un hijo aprende mucho al ver que su padre puede arrodillarse delante de Dios sin sentirse menos hombre por ello», proclamó el Santo Padre, recordando que la presencia de Dios debe integrarse en las conversaciones, decisiones y rutinas cotidianas de la casa.
El testimonio de las mujeres en la historia bíblica y local
La homilía ofreció asimismo un recorrido por la huella femenina en la historia de la fe, vinculando la valentía bíblica de Judit —quien arriesgó su vida por su pueblo sin atribuirse la victoria— con la pronta visita de la Virgen María a su prima Isabel. Recordó también el ejemplo neotestamentario de Loida y Eunice, abuela y madre del apóstol Timoteo, en quienes habitó esa «fe sincera» que más tarde nutrió la labor evangelizadora de su colaborador.
Trasladando este reconocimiento al ámbito uruguayo, el Papa rindió tributo a santa María Francisca Rubatto, dedicada al servicio de los más necesitados en la nación hispanoamericana, así como a las beatas mártires montevideanas Dolores y Consuelo Aguiar-Mella. Con ello, expresó la gratitud de la Iglesia a tantas mujeres anónimas que han mantenido abiertos los caminos hacia Dios en momentos difíciles.
La urgencia misionera: «¡Hay que ponerse en camino y entrar en las casas!»
Partiendo de este arraigo histórico, León XIV hizo un llamamiento apremiante a superar la comodidad y el inmovilismo espiritual, advirtiendo de que no se puede aguardar pasivamente a que quienes se han alejado regresen por su propia iniciativa. Tomando como modelo el pasaje de san Lucas en el que María «se levantó y se puso en camino de prisa» tras concebir al Salvador, el Papa urgió a toda la comunidad a imitar esa premura evangelizadora.
«Uruguay: ¡hay que ponerse en camino! ¡Hay me entrar de nuevo en las casas, acercarse a las personas, escuchar sus preguntas y llevarles a Cristo!», clamó el Pontífice, instando a cada fiel a dar un paso concreto hacia aquel hijo, amigo, vecino o conocido que dejó de creer o que nunca ha tenido a nadie cerca que le hable de Dios.
Como colofón de la celebración litúrgica, el Santo Padre depositó la distinción de la Rosa de Oro ante la venerada imagen patronal, visibilizando el cumplimiento de las palabras evangélicas de que todas las generaciones la felicitarán. Con este gesto, León XIV consagró nuevamente la nación uruguaya a la protección mariana, encomendando a las familias del país a su intercesión y pidiendo que conserve a la patria de todo lo que intente apartarla de Cristo.











