La otra Virgen del Pilar que Zaragoza tiene escondida a la vista de todos

El escultor Antonio Torres Clavero trabajó más de una década en un monumental relieve que finalmente nunca llegó a colocarse en la fachada

Si uno mira la fachada del Pilar desde la plaza, hay una escena que inevitablemente acaba llevándose toda la atención. Es la Venida de la Virgen, el gran relieve de piedra blanca que Pablo Serrano realizó en 1969 y que desde entonces forma parte de la imagen más reconocible de la basílica. Lo curioso es que no fue el primer relieve pensado para ocupar ese lugar.

Antes que el de Serrano hubo otro. Su autor fue el escultor zaragozano Antonio Torres Clavero, que llevaba trabajando en él desde 1943 y que terminó una primera versión hacia 1954. La obra nunca llegó a instalarse en la fachada, tampoco desapareció. Sigue existiendo a pocos metros de allí, en una capilla de la Hospedería del Pilar, donde permanece prácticamente escondida a los ojos de quienes visitan el templo.

  1. LAS ESTATUAS DE LA BASÍLICA DEL PILAR QUE NADIE MIRA DE CERCA
  2. LA OBRA DEL PILAR DE ZARAGOZA QUE NUNCA LLEGÓ A INSTALARSE
  3. LOS DOS ÁNGELES QUE TIENEN NOMBRE Y APELLIDO
  4. EL NOMBRE QUE QUEDÓ FUERA DE LA FACHADA

LAS ESTATUAS DE LA BASÍLICA DEL PILAR QUE NADIE MIRA DE CERCA

Empecemos por lo que sí ves, aunque tampoco lo veas del todo. Sobre la balaustrada de la fachada hay ocho estatuas recortadas contra el cielo. Desde abajo parecen figuritas decorativas, casi de adorno. En realidad cada una mide tres metros y medio y pesa alrededor de 20 toneladas: el peso de tres autobuses urbanos, ahí arriba desde los años 50.

Siete de esos ocho santos de piedra salieron de las manos del mismo Torres Clavero. El octavo, San Vicente de Paúl, es obra de Félix Burriel. Y aquí llega el primer dato que cambia cómo se mira la fachada para siempre, porque cada estatua la costeó una institución distinta, casi como si Zaragoza hubiera hecho un micromecenazgo religioso en pleno franquismo. La Cámara de Comercio costeó a San Braulio. El Ayuntamiento, a San Valero. El Cabildo, a Santiago. Los Escolapios, a su fundador, San José de Calasanz. Los Caballeros del Pilar, a San Vicente Mártir.

¿Y Santa Engracia? Fíjate la próxima vez que pases por ahí, justo junto a ella hay un escudo de Huesca. No es casualidad ni error de cantero, la Diputación de Huesca pagó esa estatua porque la parroquia de Santa Engracia pertenecía entonces a la diócesis de Huesca. Un detalle que llevas viendo toda tu vida sin saber por qué estaba ahí.

LA OBRA DEL PILAR DE ZARAGOZA QUE NUNCA LLEGÓ A INSTALARSE

Torres Clavero, el mismo que talló siete de esas estatuas, llegó a describir su relieve de la Venida de la Virgen como la pieza magna de toda la fachada monumental. Lo terminó el mismo año en que remataba las estatuas de la balaustrada, en 1954. Y entonces no pasó nada. Durante 15 años ese relieve simplemente no se instaló, hasta que en 1969 se optó por una versión completamente distinta, más moderna, del escultor turolense Pablo Serrano. La que Torres había esculpido con sus propias manos se quedó, literalmente, sin sitio.

Nadie destruyó la obra descartada, eso sí. Sigue en pie, haciendo de retablo, en la capilla de las Madres Angélicas de la Hospedería del Pilar, a un paseo de la plaza principal. 11 figuras a tamaño superior al natural, nueve metros de alto por cinco de ancho, con la Virgen rodeada de ángeles en la parte de arriba y Santiago con el grupo de los Convertidos abajo. La fachada que pudo haber sido, esperando en silencio durante más de 70 años en un rincón por el que casi nadie se para.

LOS DOS ÁNGELES QUE TIENEN NOMBRE Y APELLIDO

Vuelve a mirar la fachada. En el centro, sobre el escudo enorme del Cabildo (el del pilar y el cordero místico), hay dos figuras aladas que probablemente nunca habías distinguido. No son ángeles genéricos, tienen nombre. El de la izquierda es el Ángel de la Oración, con la cabeza inclinada y las manos juntas. El de la derecha, el Ángel de la Pureza, erguido, con un tallo de azucenas en la mano.

Y sobre cada una de las puertas laterales hay más ángeles músicos, cada pareja con su propia simbología. Sobre la puerta de la Virgen, uno con una lira y otro con una partitura, junto a un escudo con la letra “M” de María; sobre la puerta de Santiago, tocando las trompetas del Juicio Final, junto a un jarrón de azucenas que identifica al Cabildo. Desde la plaza, todo eso parece decoración de fondo. De cerca, la fachada cuenta una historia religiosa mucho más compleja de lo que parece.

EL NOMBRE QUE QUEDÓ FUERA DE LA FACHADA

Hay además una última ironía en la historia de Torres Clavero. Realizó el que sería el encargo escultórico más importante de su carrera, trabajó en él durante más de una década y en 1955 recibió la Medalla de Plata de la Ciudad como reconocimiento. Aun así, nunca se le dedicó en vida una exposición antológica en Zaragoza. Hoy su nombre resulta prácticamente desconocido incluso para quien pasa cada semana por delante de su obra.

Lo que sabemos de todo esto ha podido reconstruirse gracias a que su hija, María Luisa Torres Perala, guardó durante décadas en su casa la documentación gráfica y los recuerdos de su padre. Sin ese archivo familiar, la otra fachada del Pilar seguiría siendo, literalmente, invisible.