¿Será un plebiscito sobre la Monarquía la traca final de Sánchez?

La crisis de Ceuta ha ahondado la brecha oportunista del presidente del Gobierno con la Corona

La crisis de Ceuta ha ahondado aún más la brecha que lleva años cavando el presidente Sánchez entre su Gobierno y la Corona. Se trata de un enfrentamiento oportunista en la medida en que forma parte de una estrategia mayor para lograr conservar el poder, pero es un hecho que la esencia del PSOE, igual que la de toda la izquierda española, es republicana. En los últimos meses han aumentado las voces que anticipan un plebiscito consultivo como la traca final del presidente del Gobierno antes de las próximas elecciones generales.

Se trataría de incorporar de algún modo al programa electoral del PSOE, quizás de la izquierda en su conjunto, una o dos preguntas de un referéndum. Una sería sobre la plurinacionalidad de España y la otra, evidentemente, sobre monarquía o república.

A día de hoy esto es una mera hipótesis que solo Sánchez sabe si llevará a término, aunque la mera posibilidad de que esto ocurra supone una disrupción histórica descomunal. Da un poco igual si, una vez en la Moncloa, acaba por realizarse el referéndum. Ya habrán logrado poner en entredicho como nunca antes el consenso del 78 y todo el andamio estructural sobre el que se apuntaló el fin de la dictadura.

La izquierda, «motivadísima»

«En tiempos normales eso no tendría ningún sentido, pero no estamos en una situación normal sino ante un escenario en el que Sánchez siente una amenaza existencial. En esta situación, tiene a su lado el auxilio de cinco partidos, todos republicanos, y una carta que podría jugar. No lo podría hacer a lo bestia, creo que si se atreve será con un referéndum consultivo. Los monárquicos, obviamente, tendrían poca inclinación en ir a votar y la izquierda estaría motivadísima», opina alguien que tuvo una alta responsabilidad en el primer gobierno democrático.

Esta misma semana, la Red de Estudio de las Monarquías Contemporáneas (Remco) ha publicado un oportuno documento sobre la relación «ambivalente» entre la izquierda española y la Monarquía que hoy vuelve a encontrarse en uno de sus momentos de mayor tensión desde la restauración democrática. La principal tesis de este informe que firma el historiador Roberto Villa García es que la diferencia con la Transición no está solo en que una parte de la izquierda haya mantenido intacta su vocación republicana, sino en el cambio experimentado por el PSOE.

En «Las izquierdas y la Monarquía en España» Villa García recorre la relación entre las distintas familias de la izquierda y la institución monárquica desde el siglo XIX hasta nuestros días. Una historia mucho menos lineal de lo que pudiera parecer y en la que el republicanismo no ha significado siempre una oposición frontal a la Corona porque, como advierte Villa, «no hay izquierda, sino izquierdas, en plural».

En conversación con LA RAZÓN, este historiador localiza en un momento concreto el giro de Sánchez sobre la institución que hoy representa Felipe VI. «El punto de inflexión del PSOE, que llevaba cuarenta años de una buena relación con la Corona, está en la moción de censura que lleva a Pedro Sánchez al poder en 2018». Estaba claro que las medidas para satisfacer a aliados tan explícitamente contrarios al sistema constitucional iban a ir, tarde o temprano, en menoscabo de la institución garante de ese sistema, que es la Corona.

Vocación mayoritaria

La izquierda nacionalista, de matiz secesionista, ha estado históricamente contra la Monarquía porque identifica a la Corona con una de sus funciones constitucionales fundamentales, que es «simbolizar y garantizar la unidad constitucional de España». En el caso de la izquierda comunista y postcomunista, el viraje hacia el republicanismo también se produjo mucho antes de la llegada de Pedro Sánchez a La Moncloa.

La izquierda que protagonizó la Transición, sin embargo, fue capaz de establecer una convivencia con la institución. Socialistas y comunistas conservaron sus preferencias republicanas, pero aceptaron la Monarquía parlamentaria como parte del nuevo marco democrático. El PSOE llegó incluso a defender formalmente la República durante el proceso constitucional, aunque asumió que la forma de Estado no podía convertirse en un obstáculo para el acuerdo político que estaba alumbrando la democracia.

Según el documento, aquella posición fue posible gracias, entre otras cosas, a que el socialismo era entonces un partido con vocación mayoritaria y capacidad para gobernar sin depender estructuralmente de fuerzas situadas a su izquierda o de partidos nacionalistas. La Monarquía quedó integrada en el funcionamiento normal del sistema y los socialistas construyeron durante décadas una relación fluida con Juan Carlos I y, posteriormente, con Felipe VI.

La llegada de Sánchez a la Presidencia inaugura, según la interpretación que hace Villa en el citado informe de Remco, una nueva relación de fuerzas. El PSOE deja de disponer de una posición parlamentaria suficiente para gobernar por sí solo y pasa a depender «constantemente» de los partidos situados a su izquierda y de los nacionalistas, buena parte de ellos con posiciones abiertamente contrarias a la Monarquía constitucional. La cuestión, por tanto, no sería únicamente ideológica. Sería también aritmética parlamentaria.

Villa sitúa las raíces de esa transformación en una evolución anterior a Sánchez. «Los socialistas, desde la última legislatura de Rodríguez Zapatero, dejaron de ser un partido de mayorías, es decir, un partido con capacidad de gobernar en solitario», afirma.

Esta evolución explica, desde su perspectiva, que el debate sobre la Monarquía haya recuperado una centralidad que parecía descartada durante buena parte del reinado de Juan Carlos I y los primeros años de Felipe VI. La cuestión de la forma de Estado puede seguir sin figurar formalmente en el programa del PSOE, pero las relaciones con sus socios han introducido una presión que antes no existía.

Preguntado por la posibilidad de que Sánchez pueda incluir un plebiscito consultivo sobre la Monarquía en su programa, responde que le parece «dudoso», aunque lo ve más plausible si alguno de sus aliados se lo exige como condición para mantener a Sánchez en la Presidencia. «Sánchez ha demostrado que está dispuesto a dar de lado la Constitución si con eso puede retener el poder. El mejor ejemplo, que no el único, es la Ley de Amnistía», explica.

Cosa suya

«Si algo se puede decir de Felipe VI es que ha sido enormemente prudente en su relación con el Gobierno y que en ningún caso ha buscado el choque con Sánchez. Aquí no se puede decir que el conflicto haya sido cosa de dos», concluye.

Esta «exculpación» del jefe del Estado resulta especialmente relevante porque Felipe VI ha tenido que desenvolverse durante su reinado en un escenario político mucho más fragmentado que el que acompañó buena parte del reinado de su padre. La cuestión catalana, la irrupción de Podemos y Vox y la creciente dependencia parlamentaria de los partidos nacionalistas han colocado a la Corona en el centro de debates que durante décadas habían permanecido relativamente alejados de la disputa pa

¿Puede volver a producirse una situación como la de la Transición? Villa es pesimista respecto a los partidos comunistas y postcomunistas y a los nacionalistas. «En el caso de la izquierda comunista y post-comunista y de la nacionalista hay una incompatibilidad de principio con la Monarquía», afirma. Para que aceptaran la institución tendrían que «dejar de ser lo que son».

El PSOE constituye, a su juicio, una excepción. «No hay por qué descartar una mejora de las relaciones con la Corona, aunque no más que eso», señala. Pero esa mejora exigiría un cambio en la dirección del partido y en su orientación política. Tendría que producirse «con unos dirigentes socialistas distintos y con una orientación diferente», más comprometida «con la renovación y la preservación del sistema constitucional» que con «retener el poder a toda costa». Un escenario que, a día de hoy, se antoja cuando menos remoto.