Víctima de ETA y ex miembro del GAR, reivindica en «UCO. La historia desconocida» el trabajo de una unidad sometida a enormes presiones «que no han logrado frenar las investigaciones»
Juan José Mateos (Ciudad Rodrigo, 1972) fue víctima de un atentado de ETA el 20 de julio de 1996, apenas tres semanas después de entrar en la Guardia Civil y un año antes del asesinato de Miguel Ángel Blanco. A pesar de resultar herido grave, decidió tirar para adelante y entró en el Grupo de Acción Rápida (GAR) ocultando con el pelo las cicatrices que le habían dejado las operaciones. Duró seis años. Ahora, ya retirado por las secuelas del atentado, escribe libros para contar lo que hacen en la que fue su casa. El último, «UCO. La historia desconocida» (editorial Arzalia), un «homenaje a los compañeros de la UCO y al trabajo que realizan».
Se sigue hablando de falta de recursos en la UCO. ¿El problema son los medios o el personal?
Los dos. Hay carencias de recursos humanos y de medios técnicos. La delincuencia ha evolucionado muchísimo. Hoy el crimen es global. Un delincuente roba móviles en Madrid y puede acabar vendiéndolos en Marruecos. Las unidades provinciales no llegan a todo y, cuando una investigación adquiere dimensión nacional o internacional, la UCO tampoco dispone de todos los efectivos que necesitaría. Solo la lucha contra el narcotráfico consume una enorme cantidad de agentes.
En el libro titula un capítulo con «las putas no están aforadas». ¿Qué quiere decir con eso?
Lo que intento explicar es que un político aforado solo puede ser investigado siguiendo un procedimiento muy concreto. Sin embargo, quienes forman parte de su entorno y no están aforados sí pueden ser investigados. Cuando una investigación comienza, empiezas a tirar del hilo y aparecen otras personas. Ahí es donde muchas veces avanza el procedimiento. Abrir una investigación judicial contra un presidente del Gobierno o contra personas de su entorno exige superar enormes obstáculos. En cualquier caso, conviene recordar que la corrupción política representa solo alrededor del 10 % del trabajo de la UCO. El otro 90 % está dedicado al crimen organizado y a la delincuencia más grave.
¿Están los jueces a la altura?
Hay una enorme presión mediática, mucha repercusión política y hace falta un juez muy valiente para seguir adelante. Un juez debe ser completamente independiente. Igual que un guardia civil necesita valentía para asumir determinadas investigaciones, un juez también la necesita para enfrentarse a asuntos que afectan al poder.
Usted sostiene que el Gobierno ha intentado controlar la cúpula de la Guardia Civil.
Creo que ha buscado personas de máxima confianza para dirigir la institución. Félix Azón fue una excepción porque era una persona muy respetada y no aceptó determinadas presiones. Después llegaron otros responsables mucho más próximos políticamente al Gobierno.
¿Con qué objetivo?
Con el de desacreditar a la UCO e intentar influir sobre determinadas investigaciones. Sin embargo, no lo han conseguido porque existe una separación muy clara entre quienes dirigen políticamente la institución y quienes llevan las investigaciones judiciales. El coronel de la UCO responde ante el juez, no ante el Gobierno.
¿Cómo están viviendo en la UCO la imputación de la directora?
Con bastante malestar. Muchos sienten que, además de interferir en su trabajo, se intenta desacreditarlos públicamente. Este libro también quiere reconocer ese esfuerzo. La mayoría de los investigadores sigue haciendo exactamente lo mismo que ha hecho siempre: investigar a quien considera responsable de un delito, sea un político o un delincuente común.
Lo que faltaba es tener que defenderse también de los «buenos».
Sí, pero también demuestra que las investigaciones estaban dando resultado. Si alguien intenta desacreditar a una unidad es porque esa unidad está molestando. Al final, quienes investigan cuentan con el respaldo de los jueces, que son los que dirigen las diligencias. Ese respaldo ha impedido que las presiones prosperen.
En el libro habla de las cloacas del Estado. ¿Es un fenómeno exclusivamente español?
En Francia o Portugal existen problemas, como en cualquier democracia, pero no tienen un sistema de aforamientos como el español ni el uso político de determinadas estructuras ha alcanzado el nivel que hemos visto aquí. Dicho esto, sería injusto decir que solo un partido ha utilizado determinados mecanismos. Todos los gobiernos han cometido errores, aunque creo que determinadas prácticas han sido especialmente frecuentes durante gobiernos de izquierdas.
¿Qué le parece el personaje de Leire Díez?
Quien ha investigado organizaciones criminales sabe que los dirigentes rara vez hacen personalmente el trabajo más delicado. Normalmente buscan perfiles muy concretos para ejecutarlo: personas dispuestas a asumir riesgos y a hacer aquello que otros no harían. Creo que ese perfil encaja con lo que hemos visto en este caso.
¿Por qué?
Porque una persona normal suele pensar en las consecuencias de sus actos. Aquí da la impresión de que algunos se creían intocables. También me preocupa especialmente el caso del fiscal general del Estado por la institución que representa. Si alguien está convencido de su inocencia, debe colaborar plenamente con la Justicia y aportar toda la información.
¿Cómo valora figuras como la de Aldama?
En la lucha contra el crimen organizado siempre han existido colaboradores. Muchas veces son delincuentes, pero su información permite desmantelar organizaciones mucho más importantes. La Justicia tiene que valorar si el beneficio que aporta esa colaboración es superior al daño causado. Es una herramienta habitual en cualquier investigación compleja.
¿Qué hace falta para entrar en la UCO?
Muchísimo esfuerzo. Primero hay que llegar a ser guardia civil y después superar un proceso de selección muy exigente. Hay entrevistas muy duras, un curso complejo y ejercicios de infiltración e investigación encubierta. Pero no basta con la formación. También hace falta una forma de ser determinada: saber trabajar bajo presión, mantener la cabeza fría y soportar situaciones muy difíciles.
¿Cuál es hoy la principal amenaza para España?
El crimen organizado internacional, especialmente el narcotráfico. Ya no hablamos solo del Estrecho. Detrás aparecen el blanqueo de capitales y otras muchas actividades delictivas. La delincuencia común suele estar conectada con organizaciones mucho más amplias y solo Guardia Civil y Policía Nacional tienen capacidad para combatirlas.
El libro también recupera algunos de los grandes casos de la UCO. ¿Cuáles le han impresionado más?
Los asesinatos en serie y, sobre todo, casos que la gente cree conocer pero de los que aún quedan muchos detalles por contar. Ahí está Alcàsser. He hablado con investigadores que participaron directamente y que aportan una visión completamente distinta a la que durante años se trasladó a la opinión pública.
¿Qué descubre sobre ese crimen?
Cómo se llegó a Miguel Ricart, el papel de investigadores cuyo trabajo apenas ha sido reconocido y aspectos de la investigación que se han contado de forma equivocada durante mucho tiempo. También explico cómo se realizaron las autopsias y por qué determinadas decisiones fueron las correctas con los medios disponibles entonces. En mi opinión, el caso quedó esclarecido, aunque Antonio Anglés lograra huir.
Debió de ser muy frustrante.
Muchísimo. La UCO lo buscó incluso en Hispanoamérica y destinó prácticamente todos los recursos disponibles para localizarlo. Se hizo un esfuerzo enorme, aunque finalmente no fuera posible detenerlo. Lo peor fue ver cómo alrededor del caso hubo personas que intentaron aprovecharse del sufrimiento de las familias.
También dedica un capítulo al asesinato del pequeño Gabriel.
Son investigaciones muy duras. La única manera de sobrellevarlas es terminar una y empezar otra inmediatamente. Si te quedas pensando en cada caso acabas destrozado psicológicamente. Quien trabaja en Policía Judicial necesita una fortaleza especial para convivir con ese tipo de situaciones durante años.
¿La Guardia Civil ha retrocedido en los últimos años?
Sí. Ha perdido personal, medios materiales y medios técnicos. Parte de la responsabilidad corresponde a los mandos, pero otra muy importante al Gobierno, que no ha dotado a la institución de los recursos necesarios para combatir una delincuencia mucho más compleja que hace veinte años.
¿Es tan dura la vida dentro de la unidad?
Sí. La vida en cualquier unidad de investigación es muy sacrificada. Es verdad que con el paso de los años el trabajo de calle ha cambiado gracias a los medios técnicos, aunque eso no significa que la UCO tenga todos los recursos que necesita. Sigue siendo una vida muy exigente, con muchas horas fuera de casa y muy poca conciliación.
¿Cree que la sociedad es consciente de todo lo que está ocurriendo?
No del todo. La mayoría de los ciudadanos está pendiente de sus problemas cotidianos y no siempre percibe el alcance de determinadas investigaciones. Mientras tanto, se intenta desacreditar a jueces, fiscales o a la propia UCO hablando de «lawfare». Sin embargo, fuera de España existe una preocupación creciente por la situación institucional. Este libro no trata solo de la actualidad política, pero era imposible explicar cómo trabaja hoy la UCO sin hablar del contexto en el que desarrolla sus investigaciones.











