La «Princesa del pueblo» y la santa de Calcuta fallecieron con apenas seis días de diferencia
Han transcurrido ya veintinueve años desde el trágico accidente de tráfico que truncó la vida de la princesa Diana de Gales. Considerada de manera unánime como «la princesa del pueblo», Diana sigue siendo hoy en día una de las figuras más queridas y recordadas de la familia real británica. Sin embargo, más allá de su faceta pública y su indudable magnetismo mediático, existió un capítulo íntimo de su vida marcado por una profunda y singular amistad con santa Teresa de Calcuta, cuya fiesta litúrgica se celebra hoy.
Este vínculo, tan estrecho como desconocido en muchos de sus matices, unió de forma insólita a dos de las mujeres más emblemáticas del siglo XX. Según ha rememorado recientemente el programa informativo EWTN News Nightly, sus muertes quedaron además trágicamente entrelazadas en el tiempo, ya que la Madre Teresa falleció tan solo seis días después de que la princesa Diana perdiera la vida en un accidente de tráfico en París.

Lady Di con la Madre Teresa de Calcuta durante su segundo encuentro en junio de 1997 en el Bronx GTRES
Una conexión guiada por la caridad
Para comprender la naturaleza de esta relación, cabe acudir al testimonio de quienes vivieron de cerca el carisma de la santa de Calcuta. Amanda Evinger, quien convivió y trabajó estrechamente con las Misioneras de la Caridad, ha profundizado en los pilares que sustentaron esta conmovedora cercanía. Según explica Evinger, existió una conexión sumamente significativa y trascendente entre ambas, fundamentada en la compasión y el deseo compartido de aliviar el sufrimiento ajeno.
Madre Teresa y Diana se encontraron personalmente en al menos dos ocasiones: en Roma, en 1992, y en Nueva York, en junio de 1997, tan solo 74 días antes de la muerte de Diana. A pesar de pertenecer a mundos completamente opuestos —la opulencia de la realeza británica frente a la absoluta pobreza evangélica de los suburbios de la India—, ambas mujeres encontraron un lenguaje común en la atención a los desposeídos y marginados de la sociedad.
El testimonio de esta amistad no solo se limitó a sus encuentros en vida, sino que acompañó a la princesa hasta su última morada. Diversos informes de la época confirman un detalle de inmenso valor: Diana de Gales fue enterrada portando entre sus manos un rosario que le había regalado la propia Madre Teresa. Un último vínculo entre dos mujeres que parece resumir bien una de las convicciones que guiaron la vida de la santa: «No todos podemos hacer grandes cosas, pero podemos hacer pequeñas cosas con gran amor».










