Durante su ausencia, Alcaraz había tenido tiempo para recuperar físicamente la muñeca, pero el gran desafío de su regreso estaba también en el aspecto mental.
Carlos Alcaraz ha vuelto con una victoria en el US Open. El murciano superó a Roman Safiullin por 6-4, 6-4 y 6-4 en su estreno en Nueva York, un triunfo que vale mucho más que el simple pase a la siguiente ronda. Después de meses alejado de la competición por su lesión en la muñeca derecha, Alcaraz regresaba rodeado de interrogantes, con la lógica falta de ritmo y, sobre todo, con la necesidad de comprobar en un partido de máxima exigencia cómo respondían tanto su cuerpo como su cabeza.
El primer examen era importante. Volver directamente en un Grand Slam, al mejor de cinco sets y sin el rodaje habitual de los torneos previos sobre pista dura, no era precisamente el camino más sencillo. Durante su ausencia, Alcaraz había tenido tiempo para recuperar físicamente la muñeca, pero el gran desafío de su regreso estaba también en el aspecto mental. Después de una lesión que le obligó a detenerse durante un largo periodo, la duda aparece inevitablemente: si volverá el dolor, si se podrá golpear con la misma libertad o si el cuerpo responderá cuando llegue el momento de exigirle el máximo.
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Ese era uno de los grandes miedos que acompañaban a Alcaraz en su regreso. El propio jugador había reconocido durante su recuperación la dificultad de alejar determinados pensamientos y de recuperar plenamente la confianza en una articulación tan importante para un tenista. Una cosa es sentirse bien durante los entrenamientos y otra muy distinta volver a competir, enfrentarse a la tensión de un partido oficial y golpear sin pensar en la lesión.
Sin embargo, sobre la pista, Alcaraz dejó buenas señales. Se le vio con energía, activo y con una actitud positiva desde el inicio. También con esa intención de ser él mismo, de no esconderse ni modificar su tenis por miedo. Poco a poco fue soltando el brazo y recuperando sensaciones, especialmente con sus golpes de fondo. La derecha volvió a hacer daño, encontró profundidad y velocidad en muchos momentos y, sobre todo, transmitió una sensación importante: Alcaraz no parecía estar jugando condicionado.
No fue una exhibición perfecta, algo prácticamente imposible después de tanto tiempo fuera, pero sí un estreno muy convincente. Safiullin era además un rival incómodo para regresar, un jugador con capacidad para golpear fuerte y acelerar los intercambios, y que ya sabía lo que era ganar a Alcaraz. El español, sin embargo, manejó bien los momentos importantes de los tres sets y no permitió que el partido se convirtiera en una montaña rusa.
La victoria por la vía rápida también tiene un valor añadido. Alcaraz no necesitó pasar demasiadas horas sobre la pista en su primer partido de vuelta y pudo resolver el encuentro con autoridad, sin verse obligado a afrontar un desgaste excesivo. Después de tantos meses de incertidumbre, cualquier minuto de competición sirve para recuperar automatismos, pero hacerlo con un triunfo en tres sets es, sin duda, la mejor manera de comenzar.
Queda mucho camino por delante y sería precipitado pensar que un solo partido permite sacar conclusiones definitivas sobre el estado de Alcaraz. La exigencia aumentará, llegarán rivales más peligrosos y los partidos largos pondrán a prueba su resistencia y su muñeca. Pero el primer paso ya está dado.
Alcaraz ha vuelto y lo ha hecho ganando. Ha regresado con buena energía, con golpes reconocibles y, quizá lo más importante, con la sensación de que poco a poco puede volver a jugar sin miedo. Después de tantos meses parado, esa puede ser la mejor noticia de todas.












