«Lo que se ha aprobado es una autoridad funcional, sin capacidad para imponer su jerarquía sobre ministros u otras administraciones. Un delegado del Gobierno bis»
Pasado casi un mes desde la invasión de Ceuta, se reunió al fin el Consejo de Seguridad Nacional (CSN). Y parió un ratón. La propia ministra portavoz, Elma Saiz, en la rueda de prensa posterior a la aprobación de la declaración del estado de «interés para la Seguridad Nacional», admite que «se aprueba una coordinación funcional, conocida como mando único». Conocida como, no, camuflada como, sí. Impresiona comprobar que una falsificación tan burda de un Gobierno al que no le queda una gota de credibilidad sea aceptada por tantos medios de comunicación. Nada que ver con un mando único. Lo que se ha aprobado es una autoridad funcional, administrativa, sin capacidad para imponer su jerarquía sobre ministros u otras administraciones, una suerte de delegado del Gobierno bis en la Ciudad Autónoma.
Los que sí captaron de inmediato la trampa fueron los ceutíes, hartos ya de sufrir directamente las operaciones de distracción del Gobierno. Han detectado cómo improvisan una chapuza para aparentar una salida. Si se tratara de un mando único, obviamente, todos los ministerios, administraciones, policías, etcétera, quedarían subordinados jerárquicamente al ministro Torres. Como se ha comprobado con la primera decisión, la de convertir espacios deportivos de los colegios en campamentos, el flamante coordinador no sirve de nada. No era eso lo que esperaban los ceutíes del CSN y de su presidente, Sánchez, sino una respuesta sobre cómo se van a devolver al país vecino las 10.000 personas que siguen en la ciudad desde hace casi un mes.
Esto no va de una autoridad funcional —ya hay muchas—, sino del ejercicio del liderazgo estratégico que corresponde a Sánchez y que mantiene su actitud de un comandante en jefe desertor, antes en la playa, ahora en la montaña. ¿Ya se puso en contacto con el «colaborador» Marruecos? Para intentar apaciguar los conflictos entre ministros, que intentan salvarse de la quema, no se reúne el CSN en medio de un ataque exterior a la integridad territorial de España. Han usado el órgano encargado de coordinar la respuesta a la agresión marroquí y de activar todo el Sistema de Seguridad Nacional para organizar otro relato, otro cuento, que desvíe el foco de la destrucción en marcha de la Ciudad Autónoma.
En esta crisis no se está dando la importancia que merece al director de Gabinete del presidente, Diego Rubio, central en la creación de una narrativa que aparte la atención de la gravísima irresponsabilidad de Sánchez. Este personaje tiene un rol decisivo en la política de Seguridad Nacional como responsable del departamento específico de seguridad y como secretario del CSN, pero a lo que se está dedicando es a fabricar diariamente material mediático de propaganda.
«Diego Rubio se dedica a convertir la Seguridad Nacional en material de propaganda»
¡Que el relato tape el desastre! Eso siempre les funcionó, pero en Ceuta todos los cuentos saltaron por los aires. Tienen la dificultad añadida de que el presidente Vivas no es como el presidente Mazón y, aunque han intentado desacreditarlo, basta comparar su actitud con la del presidente del Gobierno para que todos los relatos para platós se les desplomen. Incluido el de banalizar un ataque híbrido de manual desde Marruecos con el recurso a conspiraciones internacionales o a la acusación de xenofobia a diestro y siniestro. Rubio, como ya hacía su antecesor en el cargo Iván Redondo, se dedica a convertir la Seguridad Nacional en material de propaganda, con los dramáticos resultados que estamos comprobando, y pagaremos durante años.
Lograron confundir a gran parte de la opinión pública en la invasión de 2021 y en el giro de 180 grados en la relación con Marruecos, pero ahora todos los cuentos se estrellaron con el 30-J. Ya pueden ir retirando de Ceuta a Torres, el mando único de pega. No están los españoles para asistir a sainetes como los organizados por los ministros magistrados Robles y Marlaska, que juegan a sacudirse responsabilidades políticas; ya se verá si también penales. La primera dice que lo sabía y no hizo nada; el otro, que no lo sabía, para justificar que tampoco hizo nada.
La preocupación que ahora exhibe la ministra habría sido más útil cuando, como responsable de los servicios de inteligencia, tenía en su mesa los informes de alarma. Como los tenía Sánchez, que, por más esfuerzos de distracción que se hagan, no podrá ocultar que nadie puede sustituirlo en dirigir la respuesta al ataque a la Seguridad Nacional provocado desde Marruecos.










