Son pocos religiosos, pero jóvenes, y desempeñan una extraordinaria labor: «Son como ‘las Misioneras de la Caridad de Madre Teresa’ pero en versión española», aseguran muchos
En el pequeño pueblo cacereño de Alcuéscar ya no se sorprenden al ver a algún sacerdote de sotana negra y fajín azulón. «Son los Esclavos», te explican. Pero, fuera de este municipio de poco menos de 2.500 habitantes, los Esclavos de María y de los Pobres son una congregación prácticamente desconocida. Allí nacieron en la noche del 31 de julio de 1939, cuando el padre Leocadio Galán, ante la Virgen del Rosario y del sagrario de su iglesia, hace la ofrenda de dar su vida por todos los pobres del pueblo. La Guerra Civil acababa de tocar a su fin, y los desvalidos, pobres y personas lisiadas tras la contienda abundaban.
Es una congregación que apenas ha crecido en número de religiosos desde entonces pero que, sin embargo, mantiene una media de edad sorprendentemente baja. Algunos los han definido como «’las Misioneras de la Caridad de Madre Teresa de Calcuta‘ pero en versión española» y, ciertamente, sus objetivos son similares: «Ver en los enfermos el rostro de Cristo sufriente». «Nuestra labor no es solo estar con el enfermo, sino también derramar el amor de Dios sobre ellos», explican los religiosos.

Algunos de los religiosos Esclavos en la Casa de la Misericordia de Alcuéscar
Cuando uno cruza la puerta de la Casa de la Misericordia que regentan en Alcuéscar se queda sobrecogido al contemplar el cariño y la dedicación de los religiosos por las 60 personas enfermas físicas, psíquicas y sensoriales que allí residen. «Los pobre son nuestro tesoro», aseguran, y «nuestras casas son sus palacios». Todo en las estancias está impecablemente limpio, dentro de la más evangélica austeridad. «Lo mejor que tenemos se lo ofrecemos a los pobres; ellos tienen prioridad sobre nosotros», explica el P. Fernando Alcázar, uno de los sacerdotes de la congregación.
También con los jóvenes
Desde hace varios años, cientos de jóvenes acuden como voluntarios a Alcuéscar o a cualquiera de las otras cuatro casas de dirigen: Pinofranqueado (Cáceres), Pinos Puente (Granada), Calamonte (Badajoz) y Torrijos (Toledo). Y es que la juventud es otro de sus terrenos de apostolado: «Desvelarse para que los niños de hoy sean auténticos cristianos del mañana», suelen repetir.

Dos jóvenes voluntarios posan con dos residentes de la Casa de la Misericordia
Todos los veranos, además, la casa de Alcuéscar se llena de niños y adolescentes que acuden a un campamento «organizado por un equipo de monitores voluntarios que tienen una experiencia de Dios». Y es que eso, para los Esclavos, es crucial: «Todo pasa por la adoración; la Eucaristía es el centro de nuestra jornada. Como decía el padre Leocadio, ‘somos enteramente contemplativos y enteramente activos’», explican.

Varios Esclavos prepara la comida
«Nuestro apostolado se centra en la Formación Cristiana a través de la práctica de las Obras de Misericordia en los ambientes rurales: acogida de niños necesitados, grupos de jóvenes, campamentos, convivencias, personas enfermas, esquizofrénicos y ancianos», concluyen los Esclavos de María y los Pobres.










