Los conventos fueron quienes conservaron y desarrollaron la cultura vinícola tras la caída del Imperio Romano. ‘Lagar de María’ reivindica ese legado y lo reinserta en el siglo XXI
«Descubrí que muchos monasterios seguían elaborando vino y otros productos ideales para maridaje, como lo han hecho durante siglos, pero que muy poca gente conocía esta realidad». Quien así habla es Elena Añover, una emprendedora formada en el mundo del vino y «profundamente vinculada a la vida de fe», que quiso compaginar estas dos pasiones suyas en una sola iniciativa. Así nació Lagar de María, «una iniciativa que propone redescubrir la tradición monástica del vino y otros productos artesanales que se elaboran dentro de monasterios y conventos que todavía hoy mantienen viva esta herencia centenaria», explica Añover.
El planteamiento es sencillo, pero sugerente y eficaz: organizar «catas monásticas» que se convierten en «experiencias de fin de semana en monasterios y conventos activos de España donde el vino, la hospitalidad y la vida contemplativa siguen formando parte del día a día». «’Lagar de María’ nace para devolverle al vino su escenario más sagrado: los monasterios», explica la emprendedora. «Cada cata es también una forma de apoyar y dar visibilidad a comunidades que siguen sosteniendo siglos de historia, trabajo y oración», agrega.

El vídeo de presentación de ‘Lagar de María’
La primera experiencia de fin de semana se celebró en el monasterio de monjas trapenses de Tulebras (Navarra) hace apenas 15 días, y la próxima está prevista para los días 18 a 20 de septiembre en el santuario de Montesclaros (Cantabria). «Aquí el vino no se consume deprisa. Se escucha, se comparte y se contempla», explica Añover.

El cartel de la próxima cata de vino monástico Lagar de María
«Entramos en espacios donde el acceso suele ser muy limitado. Compartimos su ritmo, sus tiempos y su forma de entender la vida. No como visitantes, sino como huéspedes», destaca la organizadora. «Detrás de esos muros monásticos, hay una alegría sencilla, una paz profunda y una relación con el vino que nace de siglos de contemplación», subraya.
Si echamos la vista atrás, entre los siglos VI y XII los monasterios fueron el corazón de la viticultura europea. Tras la caída del Imperio Romano, fueron los monjes quienes mantuvieron viva la tradición del vino, introdujeron mejoras en la poda, seleccionaron cepas y desarrollaron el concepto de terroir (todos los factores ambientales y humanos que influyen en el carácter y sabor de un producto agrícola). Con la llegada del Císter, esta cultura se expandió aún más: trajeron nuevas variedades, nuevas técnicas y una visión del vino profundamente ligada al paisaje y al espíritu.

Elena Añover, la impulsora de ‘Lagar de María’
«’Lagar de María‘ recupera ese legado y lo acerca al presente a través de experiencias que nos permiten entrar en ese mundo: convivir con comunidades monásticas, escuchar su silencio, descubrir su alegría sencilla y dejar que el vino nos hable desde otro lugar», concluye la emprendedora.











