Casi tres décadas después del asesinato que cambió la respuesta social contra la banda terrorista, una nueva generación se enfrenta al reto de conocer una historia que no vivió
Casi tres décadas después del asesinato de Miguel Ángel Blanco, la pregunta ya no es únicamente cómo recordar lo que ocurrió, sino cómo explicar aquel periodo a quienes no lo vivieron o no lo sufrieron directamente. Una parte importante de los menores de 35 años conoció ETA solo a través de los libros, los documentales o los relatos de sus familias. Otros convivieron con aquellos años, pero desde una distancia que no permite comprender la dimensión de una violencia que marcó durante décadas la vida política y social de España.
Ese es el reto al que se enfrenta la memoria de Miguel Ángel Blanco en el 29 aniversario de su asesinato a manos de ETA. Aunque la fecha exacta del crimen se conmemora el 13 de julio de 1997, durante estos días se han multiplicado los actos de recuerdo en distintas ciudades españolas, desde Ermua hasta Valencia, Salamanca, Logroño o Teruel, con un mensaje común: mantener vivo el recuerdo de las víctimas y trasladar a las nuevas generaciones lo que significó el terrorismo de ETA.
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El reto de explicar ETA a quienes no la sufrieron
El paso del tiempo ha convertido a ETA en un episodio histórico para una generación entera. Quienes hoy tienen menos de 35 años apenas conservan recuerdos propios de los años en los que los atentados, los secuestros, las amenazas y la tensión política formaban parte de la actualidad diaria. Para muchos jóvenes, Miguel Ángel Blanco no es un recuerdo vivido, sino una figura que conocen por la educación, los medios de comunicación o las conversaciones familiares.
Precisamente esa distancia generacional es la que ha vuelto a abrir el debate sobre cómo se transmite la historia reciente. El periodista vasco Jon Sistiaga puso el foco en esta cuestión durante su intervención en el programa de TVE ‘La Revuelta’, donde acudió para presentar un documental sobre Miguel Ángel Blanco.
Sistiaga recordó el asesinato del concejal del Partido Popular en Ermua como un punto de inflexión en la lucha contra ETA. “Se perdió el miedo a oponerse y su entorno perdió las calles”, explicó al analizar aquellos días de julio de 1997, cuando la presión social contra la banda terrorista alcanzó un nivel desconocido hasta entonces.
Para el periodista, aquel crimen cambió la relación de la sociedad con ETA y supuso el inicio de una nueva etapa. La banda tardaría todavía quince años en anunciar el cese definitivo de su actividad armada y veinte en disolverse, pero el asesinato de Miguel Ángel Blanco marcó un cambio profundo en la respuesta ciudadana.
“Ahora nos levantamos y scrolleamos en TikTok, pero antes nos levantábamos y escuchábamos la noticia de un atentado”, recordó Sistiaga, poniendo el foco en la diferencia entre quienes vivieron aquellos años con miedo y quienes hoy reciben ese periodo como una parte más de la historia reciente.
Miguel Ángel Blanco vuelve al centro del debate sobre la memoria
Las declaraciones del periodista generaron una intensa conversación en redes sociales durante los últimos días. Algunos usuarios cuestionaron que el debate se centrara en Miguel Ángel Blanco y reclamaron que también se recordara a otras víctimas de ETA y otros episodios relacionados con aquellos años.
Sistiaga había sido especialmente crítico con la forma en la que, a su juicio, se ha explicado la historia de ETA a las nuevas generaciones. Afirmó que un porcentaje elevado de jóvenes desconoce quién fue Miguel Ángel Blanco y qué fue la organización terrorista, y atribuyó esa situación a un fallo compartido entre el sistema educativo, las instituciones y la propia sociedad.
Sus palabras abrieron una discusión más amplia: cómo debe construirse la memoria de un periodo marcado por el terrorismo y cómo debe explicarse a quienes no tienen una experiencia directa de aquellos años.
Mientras una parte de la conversación se trasladaba a las redes sociales, las instituciones han mantenido estos días los homenajes en recuerdo de Miguel Ángel Blanco y del conjunto de víctimas del terrorismo.
29 años después, las instituciones reivindican su legado
Ermua, el lugar donde ETA secuestró y asesinó al concejal del PP en 1997, volvió a convertirse en uno de los escenarios principales del recuerdo. La localidad vizcaína celebró su acto anual de homenaje a las víctimas del terrorismo, en el que se recordó tanto a Miguel Ángel Blanco como a Sotero Mazo, vecino del municipio asesinado por ETA.
La alcaldesa de Ermua, Beatriz Gámez, defendió una convivencia que “no humille a las víctimas” y que “no convierta a quienes ejercieron la violencia en referentes”. Por su parte, la consejera de Justicia y Derechos Humanos del Gobierno Vasco, María Jesús San José, reivindicó el legado del denominado ‘espíritu de Ermua’ como uno de los pilares de la convivencia democrática y destacó la importancia de trasladar esa memoria a las generaciones más jóvenes.
En Valencia, el Ayuntamiento recordó a Miguel Ángel Blanco con un acto en el que la alcaldesa, María José Catalá, destacó la importancia de proteger la democracia “con la memoria de las víctimas” y reclamó no “blanquear el terrorismo”. También se recordó a las víctimas valencianas de ETA. Salamanca celebró un minuto de silencio en la Plaza Mayor bajo el lema ‘Tu legado, nos compromete’. Su alcalde, Carlos García Carbayo, insistió en la necesidad de “no olvidar jamás” lo ocurrido y defender los valores democráticos para evitar que vuelva a repetirse.
En Logroño, el homenaje estuvo acompañado de una ofrenda floral y un mensaje centrado en preservar la memoria de lo ocurrido, recordando que ETA fue una organización terrorista que durante más de 50 años asesinó, secuestró, extorsionó y persiguió a quienes pensaban diferente. Teruel también rindió homenaje a Miguel Ángel Blanco, coincidiendo con la edad que tenía cuando fue asesinado. Su alcaldesa, Emma Buj, recordó las 48 horas de secuestro que sufrió el concejal y señaló que aquellos acontecimientos marcaron un antes y un después en la sociedad española.
Veintinueve años después, la figura de Miguel Ángel Blanco continúa planteando un desafío: conseguir que una generación que no conoció el miedo de ETA comprenda la dimensión de aquella violencia. El aniversario no solo sirve para mirar al pasado, sino para preguntarse cómo se construye la memoria cuando desaparecen los testigos directos y la historia empieza a depender de cómo se cuenta.












