La viuda que cambió la historia de Zaragoza: así nació hace siete siglos un monasterio único en Aragón

La decisión de Marquesa Gil de Rada de abandonar la vida nobiliaria dio origen al Monasterio de las Canonesas del Santo Sepulcro, un edificio que mantiene intacta buena parte de su arquitectura medieval y conserva uno de los conjuntos patrimoniales más completos de la Comunidad… y se puede visitar

Una muerte cambió el rumbo de una mujer y terminó marcando la historia de Zaragoza. Cuando Marquesa Gil de Rada enviudó en el año 1300 de Pedro Fernández de Híjar, hijo natural de Jaime I, dejó atrás los privilegios de la nobleza para abrazar la vida religiosa. Aquella decisión desembocó pocos años después en la creación de la primera comunidad femenina de la Orden del Santo Sepulcro, el origen de un monasterio que, más de siete siglos después, sigue abierto junto al Ebro y muy cerca de La Seo y del Pilar (C/ de Don Teobaldo 3) y mantiene vivo su uso religioso.

La fundadora quiso ingresar en una orden que hasta entonces estaba reservada a los hombres. El Santo Sepulcro había nacido en Jerusalén junto a otras instituciones vinculadas a la protección de los Santos Lugares y de los peregrinos. Sus miembros desarrollaban funciones religiosas, aunque el contexto de la época también les obligaba a asumir tareas de carácter militar. «Gracias a la relación que Marquesa mantenía con los canónigos de Calatayud, entre 1304 y 1306 fue reconocida oficialmente la rama femenina de la orden», afirma Vicente Gómez, conservador del patrimonio del Monasterio de las Canonesas del Santo Sepulcro.

Las primeras religiosas ocuparon unas casas que eran propiedad de la fundadora junto a la muralla de Zaragoza. El crecimiento de la comunidad hizo necesaria la construcción de un monasterio que fue levantándose a lo largo del siglo XIV. Capilla, claustro, refectorio y dependencias fueron tomando forma de manera progresiva, al tiempo que se incorporaban pinturas murales, retablos y otros elementos artísticos. «Conserva uno de los conjuntos medievales del siglo XIV mejor preservados de Aragón«, explica Vicente Gómez.

  1. UN MONASTERIO PENSADO PARA CONVIVIR CON LA CIUDAD
  2. DE COMUNIDAD ABIERTA A MONASTERIO DE CLAUSURA
  3. UN EDIFICIO QUE HA LLEGADO CASI INTACTO HASTA NUESTROS DÍAS
  4. VISITAS PARA CONOCER EL MONASTERIO

UN MONASTERIO PENSADO PARA CONVIVIR CON LA CIUDAD

Su ubicación rompe con la imagen habitual de los monasterios medievales. Frente a las comunidades que buscaban el aislamiento en parajes alejados, el Santo Sepulcro se levantó dentro de Zaragoza, junto a la muralla. La razón estaba en la propia naturaleza de sus habitantes. Las religiosas eran canonesas y compartían el mismo carisma que los canónigos de la orden, centrado en la celebración de la liturgia.

Esa misión hacía que la iglesia y el claustro permanecieran abiertos a los vecinos, que podían participar en la liturgia de las horas a lo largo del día. El monasterio mantenía así una relación constante con la población, una realidad muy distinta a la de otros conventos de clausura donde el contacto con el exterior era prácticamente inexistente.

La jornada de las canonesas se distribuía entre la oración, el trabajo y la vida comunitaria. También había espacio para la lectura, la música, la poesía, el bordado o el cultivo del huerto y de plantas medicinales. «Para muchas mujeres de la época, ingresar en la comunidad suponía acceder a un entorno con mayores posibilidades de autonomía y escapar de matrimonios concertados», apunta Vicente.

DE COMUNIDAD ABIERTA A MONASTERIO DE CLAUSURA

«El equilibrio cambió con las profundas transformaciones que vivió Europa durante el siglo XVI», asegura Gómez. La llegada del Renacimiento coincidió con la Reforma Protestante y el nacimiento de la Iglesia Anglicana. Como respuesta, la Iglesia Católica impulsó la Contrarreforma y promovió la clausura de las comunidades religiosas.

Las canonesas del Santo Sepulcro mantuvieron durante décadas su forma tradicional de vida abierta, aunque a comienzos del siglo XVII recibieron un mandato de Roma para que las nuevas religiosas aceptaran la clausura. La medida buscaba garantizar la continuidad de la comunidad en un momento en el que el número de religiosas había descendido de forma considerable. Ese modelo permaneció vigente hasta mediados del siglo XX.

UN EDIFICIO QUE HA LLEGADO CASI INTACTO HASTA NUESTROS DÍAS

El Monasterio del Santo Sepulcro ocupa un lugar singular dentro del patrimonio aragonés. Es el único monasterio de canonesas de esta orden que existe en España y el único monasterio mudéjar completo conservado en Aragón. «Su arquitectura combina la estructura gótica del siglo XIV con las influencias islámicas propias del mudéjar», detalla Vicente. El ladrillo, el yeso y la madera dominan la construcción, mientras que los agramilados, las cubiertas de madera decoradas y la abundancia ornamental responden al principio islámico del horror vacui.

El recorrido permite acceder al antiguo torno conventual, la sala capitular cubierta por una gran bóveda de crucería y decorada con pinturas medievales, el claustro rectangular prácticamente intacto y los restos de la muralla romana junto a las ampliaciones realizadas durante la etapa islámica, incorporadas al propio edificio.

A ese patrimonio arquitectónico se suma una amplia colección de retablos, pinturas, piezas de orfebrería, muebles, textiles, cerámicas, vajillas, herramientas y objetos cotidianos conservados durante siglos, además de un archivo histórico abierto a la investigación. Entre las dependencias más antiguas figura la bodega, cuya existencia está documentada desde el siglo XIV mediante un pergamino que indica que el refectorio se construyó sobre ella. Su financiación corrió a cargo de Fray Martín de Alpartir, canónigo de la Orden del Santo Sepulcro, secretario y tesorero del arzobispo López Fernández de Luna, quien obtuvo autorización para destinar parte de su patrimonio personal a la construcción del monasterio y pidió ser enterrado en la sala capitular, donde aún se conserva su lápida.

VISITAS PARA CONOCER EL MONASTERIO

El monasterio puede visitarse mediante dos recorridos guiados. ‘El Monasterio Mudéjar’ permite descubrir la iglesia del Santo Sepulcro, la sala capitular con pinturas mudéjares, el claustro y el refectorio, además de conocer la historia de las canonesas. Por su parte, ‘Hasta la cocina por las murallas del monasterio’ acerca al visitante a la vida cotidiana de la comunidad, con acceso a los dos refectorios, los «pasetes» de la muralla y la antigua cocina.