Con motivo del 250º aniversario de la Independencia de los Estados Unidos, el Santo Padre —hijo de la nación americana— ha hecho un llamamiento a proteger la vida desde la concepción hasta la muerte natural y a redescubrir el sentido auténtico de la libertad
En vísperas de la conmemoración del 250º aniversario de la firma de la Declaración de Independencia de Estados Unidos –aprobada por el 4 de julio de 1776 en Filadelfia–el Papa León XIV ha aceptado la prestigiosa Medalla de la Libertad del National Constitution Center. En un discurso retransmitido en directo desde el Vaticano al Independence Mall de Filadelfia, el Pontífice ha recordado que los ideales de libertad y justicia que fundaron la nación deben ser renovados por cada generación ante los nuevos desafíos.
Defensa de la vida y «libertad auténtica»
El Santo Padre ha subrayado que, aunque la Declaración de Independencia utiliza el lenguaje de la Ilustración al hablar de derechos inalienables, su fundamento último reside en la visión bíblica de la creación del hombre y la mujer a imagen de Dios. Según León XIV, es en esta verdad donde se descubre la dignidad humana, una dignidad que «precede al establecimiento de cualquier Estado» y cuya custodia es, precisamente, el propósito fundamental de este.
El Papa ha recordado que el derecho a la vida es el primero de todos, pues sin él no es posible ejercer la libertad ni buscar la felicidad. En este sentido, ha instado a cultivar una reverencia por la vida que inspire leyes capaces de protegerla «desde el momento de la concepción hasta la muerte natural». Para el Pontífice, la grandeza moral de un país se mide por su capacidad de proteger a los más vulnerables.
Asimismo, León XIV ha distinguido la libertad de la mera capacidad de actuar según el propio deseo. Ha definido la «libertad auténtica» como la capacidad de conocer la verdad y adherirse al bien, incluso cuando esto implica sacrificio.
El Papa también ha hecho una defensa de la libertad religiosa, protegida por la Primera Enmienda, señalando que esta salvaguarda la esfera íntima de la conciencia y permite a las comunidades de fe contribuir al debate público y al bien común. El Pontífice ha expresado su deseo de que el diálogo interreligioso siga dando frutos en un discurso público marcado por la moderación y el respeto.
Finalmente, recordando el lema E pluribus unum («De muchos, uno»), conocido sobre todo por ser el lema histórico y el lema del Gran Sello de los Estados Unidos, ha señalado que para que una nación prospere debe estar unida, no por objetivos momentáneos, sino por ideales permanentes. Por eso, concluyó su intervención encomendando el futuro de la nación a Dios, «fuente de la verdadera libertad y de la paz duradera».











