El Papa advierte en la Universidad de Malabo que «la verdad no se fabrica, no se manipula ni se posee como trofeo»

Señaló el peligro de desviar el conocimiento hacia una forma de poder que pretenda «plegar la realidad a la propia medida» del individuo

el Papa León XIV inauguró en la tarde de este martes el nuevo campus de la Universidad Nacional de Guinea Ecuatorial (UNGE) en Basupú, Malabo. La jornada, que el rector magnífico de la institución, Filiberto Ntutumu Nguema Nchama, no dudó en definir como un hito que quedará «inscrito con letras de oro» en la historia del país, sirvió al Pontífice para ofrecer una lección sobre la verdadera naturaleza del saber, centrada en la humildad y la apertura a la trascendencia.

El énfasis en el progreso material

El histriónico discurso del rector destacó por un tono marcadamente entusiasta y enfático, centrado en el desarrollo de las infraestructuras y el éxito del sistema educativo nacional. El académico subrayó que la presencia del Papa constituye un «hecho de enorme trascendencia» y una «firme apuesta» por la sociedad del conocimiento en Guinea.

Durante su intervención, el rector hizo hincapié en el crecimiento de la UNGE, que cuenta ya con «miles de estudiantes» e instalaciones que cumplen con los «estándares internacionales». Bajo la máxima de que «vale más un pueblo culto que un pueblo rico», Nguema enmarcó la inauguración como un triunfo de la innovación y el desarrollo económico impulsado por la Presidencia de la República.

Frente a esta exaltación, León XIV propuso otro tipo de reflexión. Iniciando con el agradecimiento del gesto de que el nuevo campus lleve su nombre, el Papa recordó que tal honor «excede a la persona» y debe remitir a valores superiores. En lugar de centrarse en la extensión de las aulas, el Pontífice utilizó la imagen de la ceiba, árbol nacional, para hablar de una universidad que debe ser ante todo un «organismo vivo» con raíces profundas en la memoria de su pueblo.

El Santo Padre hizo una advertencia contra la desviación del conocimiento. Señaló que el problema no es el deseo de saber, sino cuando este se convierte en una «afirmación orgullosa de autosuficiencia» que busca «plegar la realidad a la propia medida». «La verdad no se fabrica, no se manipula ni se posee como trofeo, sino que se acoge», afirmó ante el cuerpo académico, contraponiendo el árbol del conocimiento del Génesis con el «árbol de la Cruz» como signo de redención de la inteligencia humana.

Calidad frente a cantidad

En lo que pareció una respuesta a las cifras y la expansión de la universidad, León XIV señaló que una institución académica no se mide por el número de graduados o la modernidad de sus edificios. «Importa la calidad del fruto, porque por los frutos se conoce al árbol», subrayó, instando a formar profesionales que no solo dominen la técnica, sino que sean hombres y mujeres íntegros, configurados por la verdad.

Para el Papa, la fe no es un refugio ante la fatiga intelectual, sino la armonía que purifica la razón y la abre a una plenitud que el hombre por sí solo no puede abarcar. Esta visión desplaza la idea de la fe como un simple consuelo para los límites de la mente y la sitúa como el motor que libera al conocimiento de su propia autosuficiencia, permitiendo que la búsqueda de la verdad sea un camino de humildad y no de posesión.

Además advirtió que la verdadera misión de la educación debe ser capaz de «ir más allá de la mera apariencia del éxito». Para el Pontífice, el éxito no puede reducirse al brillo técnico, a la acumulación de títulos o al número de graduados, sino que debe traducirse en «frutos maduros» para la sociedad: hombres y mujeres que, además de competencia profesional, posean razones para vivir y motivos para servir a los demás. El acto concluyó con la bendición de la placa inaugural y una breve visita al recinto, antes de que el Pontífice continuara su agenda con una visita a los enfermos del hospital psiquiátrico Jean Pierre Olie.