«Mi Cristo roto» agota sus entradas en pocos días y varias ciudades de España ya han mostrado interés en acoger la representación de la obra teatral
Lo que surgió como una sencilla iniciativa para obtener fondos con los que ayudar al sostenimiento de las monjas del monasterio de las clarisas de Chinchón (Madrid) se ha convertido «en el germen de un proyecto que lleva conmoviendo Madrid desde hace semanas». Los que así hablan son los promotores de Mi Cristo roto, la obra de teatro que ahora se representará en el auditorio del colegio San Agustín de la capital el próximo sábado, 24 de abril.
«Es impresionante lo que está pasando. Nuestra idea inicial era hacer una única representación ese día. ¡Pero las entradas volaron en solo 6 días!», explica Isidro Catela, profesor de Humanidades en la Universidad Francisco de Vitoria, ex Director de Comunicación de la Conferencia Episcopal Española (CEE) y uno de los organizadores de la obra. «Sacamos a la venta una segunda función para el domingo 25, cuyas entradas se volvieron a agotar… Así que hemos lanzado ya la tercera representación, una matinal, para ese mismo día a las 12:00 horas, y ya están prácticamente agotadas», asegura. «Y, ojo, porque Madrid puede ser solo el principio», bromean sus promotores.

El cartel promocional de la obra de teatro
¿Qué es lo que tiene esta obra de teatro que la hace tan especial? Está inspirada en el célebre libro Mi Cristo roto del jesuita Ramón Cué y en la adaptación escénica del actor mexicano Alberto Mayagoitia, y recoge la historia de la obsesión del Padre Ramón por restaurar la imagen de un Cristo mutilado que compra a un anticuario sevillano. «A partir de ahí se desencadena un diálogo íntimo entre él y Cristo: un intercambio que desmonta la lógica humana y que se adentra, sin pedir permiso, en el alma del espectador», detallan sus promotores.
Los que ya han visto la obra representada en Chinchón son unánimes en sus apreciaciones: «No sé, fue verla y sentir que se me estaba encomendando una misión… Esta obra no se puede quedar solo aquí; todo el mundo tiene que verla», confiesa Raúl Respaldiza, un laico que se ha volcado con la producción teatral. «Es brutal. Un auténtico ´chute´ de fe y esperanza», corrobora María Moya, una estudiante de 19 años. «Belleza en estado puro. Después de verla, salí con ganas de ser ´más cura´», asegura José Manuel García‑Plaza, sacerdote de Chinchón.
Trabajando desde 2016
«La idea surgió por vez primera en 2016. Desde entonces estuvimos representando la obra durante varios años, compaginando esa inquietud con nuestra vida diaria», rememora José Antonio Turiégano, que da vida al protagonista de la obra. «Mi ‘escenario’ era casi siempre el coche… Mis trayectos diarios de ida y vuelta desde Chinchón a Madrid al lugar donde trabajo como vigilante de seguridad los dedicaba en gran parte a aprender y memorizar los textos», asegura.
Las pocas entradas que quedan disponibles se pueden adquirir a partir de 10 euros, y todos los beneficios irán destinados a la Fundación Red Agustiniana para la Educación y el Desarrollo (REDA), perteneciente a la Orden de San Agustín en España.












