Cada año, millones de personas besan la columna del Pilar en Zaragoza. Te contamos cuál es su origen, su significado y dónde se realiza este gesto tan simbólico
Cada año, miles de personas repiten el mismo gesto en Zaragoza. Entran en la basílica del Pilar, rodean la Santa Capilla y se inclinan ligeramente para besar una pequeña superficie de piedra pulida por el paso del tiempo. No es una imagen, ni una reliquia al uso, ni un elemento ornamental. Es la columna del Pilar, el símbolo físico que da nombre a una de las devociones marianas más singulares del mundo y que recibe, según los datos del templo, «más de cinco millones de besos al año».
Lejos de ser una costumbre anecdótica, tocar o besar el Pilar forma parte del núcleo mismo de la tradición pilarista. La columna, conocida popularmente como el Santo Pilar, es el elemento que identifica esta advocación mariana y la distingue frente a cualquier otra dedicada a la Virgen María. En torno a ella se ha construido durante siglos una forma muy concreta de religiosidad popular basada en el contacto directo.
- EL PILAR COMO OBJETO CENTRAL DE VENERACIÓN
- DÓNDE SE BESA REALMENTE EL PILAR
- UNA COLUMNA MARCADA POR SIGLOS DE DEVOCIÓN
- DATOS FÍSICOS Y ORIGEN DEL PILAR
- TRADICIÓN, LITURGIA Y SIGNIFICADO SIMBÓLICO
- ¿DESDE CUÁNDO SE BESA EL PILAR?
- ENTRE LA TRADICIÓN Y LA HISTORIA DOCUMENTADA
- ZARAGOZA YA MIRA AL AÑO 2040
EL PILAR COMO OBJETO CENTRAL DE VENERACIÓN
En Zaragoza no se venera solo una imagen. El gesto central del culto se dirige a una columna de piedra que, según la tradición, está vinculada a la presencia de María en la ciudad. Desde una lectura histórico-devocional, el Pilar no actúa como un simple soporte, sino como el signo material que define esta advocación y explica por qué la veneración se concentra precisamente en la piedra.
Ese contacto físico se interpreta como un acto de respeto, petición o agradecimiento. «El Pilar es una columna que podríamos decir que es un regalo de la Virgen María a los habitantes de Zaragoza, hace casi 2.000 años, en el año 40 de la redención”, explica José Antonio Calvo, jefe de Gabinete del Arzobispo de Zaragoza, doctor en Filosofía y canónigo del Pilar. “Ese es el motivo por el que se venere y también la razón por la que está tan desgastado”, continúa.
DÓNDE SE BESA REALMENTE EL PILAR
El gesto de besar el Pilar tiene lugar en el conocido como humilladero, un pequeño óculo enmarcado en dorado por el que los fieles pueden tocar y besar directamente la columna.
Es un gesto discreto, casi escondido, que obliga a inclinarse ligeramente y que permite ver a pocos centímetros la piedra desgastada por siglos de contacto. Se trata de uno de los rincones más reconocibles y queridos del interior de la basílica.
UNA COLUMNA MARCADA POR SIGLOS DE DEVOCIÓN
El desgaste visible del Pilar no es casual. Es la huella física de una práctica repetida durante generaciones. “Si en el Pilar hay más de cinco millones de visitas al año, hay que pensar que recibe más de cinco millones de besos al año”, señala Calvo.
La columna nunca ha sido desplazada del lugar donde, según la tradición, fue colocada. “Tal y como la vemos ahora, desde el interior de la Santa Capilla se observa una parte de la columna cubierta con una funda de bronce, sobre la que hay otra de plata, y encima se sitúa el manto”, explica el responsable del Cabildo.
Encima del Pilar se encuentra la imagen de la Virgen, datada en el siglo XV, mientras que el contacto directo con la piedra se realiza exclusivamente en el humilladero, donde el desgaste es claramente visible.
DATOS FÍSICOS Y ORIGEN DEL PILAR
En cuanto a sus características, el Pilar mide aproximadamente 1,77 m. de altura y unos 22 centímetros de diámetro. Está realizado en mármol jaspeado, extraído de una cantera situada en Tortosa y tallado, según los estudios, en el siglo I de nuestra era.
“Se trata de un mármol jaspeado que coincide con la tradición”, apunta Calvo, subrayando la concordancia entre los datos materiales y el relato transmitido durante siglos.
TRADICIÓN, LITURGIA Y SIGNIFICADO SIMBÓLICO
La veneración del Pilar no se apoya solo en la costumbre popular. La liturgia pilarista refuerza el simbolismo de la columna como imagen de firmeza y sostén. En los textos litúrgicos aparece con frecuencia la idea de María como “columna” que guía y sostiene al pueblo creyente, una metáfora que conecta directamente con el gesto físico de tocar o besar la piedra.
Este simbolismo explica por qué la columna ocupa un lugar central en el culto y no actúa como un elemento secundario dentro del templo.
¿DESDE CUÁNDO SE BESA EL PILAR?
No existe una fecha concreta que marque el inicio de la costumbre de besar el Pilar. Las fuentes históricas sitúan esta práctica en la Edad Media, coincidiendo con el auge de las peregrinaciones y la consolidación del culto.
Como ocurre con muchas tradiciones religiosas, no hay un decreto ni un momento fundacional preciso. La práctica se habría normalizado de forma progresiva hasta convertirse en uno de los gestos más reconocibles del Pilar.
ENTRE LA TRADICIÓN Y LA HISTORIA DOCUMENTADA
La tradición piadosa sitúa la venida de María a Zaragoza la noche del 2 de enero del año 40 y vincula directamente la columna a ese episodio, como testimonio dejado al apóstol Santiago. Este relato forma parte del imaginario fundacional del Pilar.
Desde el punto de vista histórico, las primeras referencias documentales a la advocación de Santa María del Pilar aparecen a finales del siglo XIII. La más citada es una declaración de los Jurados del Concejo de Zaragoza fechada el 27 de mayo de 1299, considerada la prueba documental más sólida del culto con ese nombre.
“La diferencia entre leyenda y tradición es importante”, explica Calvo. “La leyenda es un hecho que en determinado momento se inventa; la tradición es la transmisión de una experiencia que tienen unas personas al comienzo de la historia y que se transmite oralmente hasta que se pone por escrito”.
ZARAGOZA YA MIRA AL AÑO 2040
Mientras millones de personas siguen besando cada año la columna, Zaragoza ya piensa en el futuro de esta devoción. El Cabildo Metropolitano está preparando el bimilenario de la venida de la Virgen, que se conmemorará en el año 2040.
Este proyecto, conocido como Pilar 2040, marcará los 2.000 años de un acontecimiento que, más allá de la fe, ha definido durante siglos la identidad religiosa, cultural y simbólica de la ciudad.














