Hakim, el senador médico del PP que ha curado a cientos de inmigrantes en el Trampolín: «La normalidad no ha vuelto a Ceuta»

De origen bereber. Es hijo de rifeños, ha sido consejero de Sanidad con Vivas y defiende el trato «digno» a los inmigrantes. Actualiza la situación de la ciudad autónoma tras la visita de los Reyes: denuncia «abandono»

Hakim es el apodo. Quizás porque su nombre completo resulta más complicado para los hispanohablantes. Se llama Abdeselam Abdelhakim Al-Lal. Hijo de un comerciante rifeño y de una ama de casa, nació en Ceuta en 1959. En una familia numerosa: tiene seis hermanos. Alá es su Dios y España, su patria.

Desde el mes de agosto, discurre su vida entre dos medios de transporte bien distintos: el helicóptero que conecta la ciudad autónoma con la península y una ambulancia de la Cruz Roja.

Tiene acento andaluz, tez morena y los ojos muy azules. Estudió medicina en la Universidad de Granada. Se especializó en dermatología médico-quirúrgica. Ahora está en servicios especiales en el Hospital Universitario de la ciudad. Es miembro de las sociedades Española, Europea e Iberoamericana de Dermatología. Ha escrito diferentes artículos en publicaciones especializadas nacionales e internacionales.

Por sus manos han pasado cientos de personas que cruzaron la frontera de forma ilegal en el asalto masivo de fines de julio. A los pocos días de la «invasión», como califica los hechos acaecidos este verano en su tierra, atendió al llamado de sus colegas para atender a los inmigrantes que sufren enfermedades derivadas de las condiciones de hacinamiento en las que malviven.

El objetivo: «Que no colapsen los servicios sanitarios de la ciudad y que no se provoquen brotes epidemiológicos». El tratarlos a ellos, explica a LA RAZÓN, «significa también proteger a los ceutíes».

Desde el 96, Hakim se ha labrado una carrera en la política. Entró en la Asamblea de Ceuta en el 99, como diputado del PP. Aquella fue la legislatura en la que una moción de censura aupó a la alcaldía a un señor bajito con bigote entonces anónimo para el resto del país: Juan Jesús Vivas, que lo designó su consejero de Sanidad, un cargo que ostentó en repetidas ocasiones. En 2023, estrenó con escaño en el Senado.

Durante semanas, el Trampolín ha formado parte de la rutina de Hakim. Todas las tardes que la actividad legislativa le ha dado tregua, ha pasado consulta en un centro médico improvisado por la Cruz Roja en mitad de un descampado, junto a las duchas del Guano, con una ambulancia, varias banquetas y una decena de trabajadores y voluntarios. Entre ellos, el responsable de Medicina Preventiva del hospital ceutí, Julián Domínguez o la hermana Vicenta. Una monja que forma parte de la congregación Hijas de la Caridad de San Vicente de Paúl.

Día tras día, han monitorizado a unos trescientos inmigrantes. En una fila: los que presentaban enfermedades respiratorias o infecciosas. En la otra: heridos por traumatismos, picaduras o cortes. Una vez desalojados los asentamientos ilegales de la playa, el foco se concentra en las Naves del Tarajal y en las periferias de la ciudad, donde se esconden los inmigrantes.

El paisaje ha cambiado, pero no la situación. La reciente visita Real ha servido para adecentar la ciudad y para insuflar ánimos a una población afligida. «El jefe del Estado ha dejado claro que Ceuta y Melilla son parte indivisible del territorio nacional, nos ha dado una dosis de alivio y de tranquilidad, pero por parte del Gobierno nos sentimos igual de abandonados», protesta el senador Hakim.

Pasan más de dos meses y lo que no llega es una solución real. «La normalidad no ha vuelto a Ceuta. No estamos viendo los expedientes de expulsión para que la gente que ha entrado de forma irregular vuelva a su lugar de origen. Es un problema que parece que se ha cronificado y que el Gobierno no tiene intención de darle solución rápida como necesitamos. Nuestra paciencia, nuestro estado emocional se está viendo afectado. Queremos soluciones. Pero soluciones rápidas y continuas. Que no se quede esto en el limbo».

Hakim mira a los inmigrantes con compasión. Defiende que el sino de todos ellos debe ser el mismo: retornar al país del que vinieron: Marruecos. Pero también pide no confundir «los chivos con las cabras». Sabe que detrás de cada persona hay una historia. Y que hay algo que está por encima de todo: la dignidad. «La atención tiene que ser digna mientras que se realizan los expedientes de retorno». Exige al mando único que lidera el ministro Ángel Víctor Torres dedicar «recursos materiales suficientes para que ese retorno sea ágil, inmediato». Existe un riesgo: que el difícil equilibrio conseguido por Ceuta con el paso de los años se quiebre.