«La clave está en entender al alumno como persona, conectar con él y buscar un camino que le permita desarrollarse» (Domingo Gaudó Gascón).
Septiembre implica la vuelta a las aulas en escuelas, institutos y universidades. Un regreso que forma parte de la normalidad de cada curso, pero que se vive de manera diferente. En general, algunos estudiantes vuelven ilusionados por el reencuentro con sus compañeros; otros afrontan la incertidumbre de una nueva etapa.
Teniendo en cuenta estadísticas anteriores, durante el curso 2025-2026 estuvieron matriculados en España 8.249.174 estudiantes en enseñanzas no universitarias, acompañados por más de 806.000 docentes, según el Ministerio de Educación, Formación Profesional y Deportes.
Además de estas cifras hay que tener en cuenta las correspondientes a la universidad (2024-2025): 1.827.272 estudiantes universitarios matriculados en estudios de grado, máster y doctorado, datos del Ministerio de Ciencia e Innovación.
Mención especial a la Formación Profesional: «para el curso 2026/2027, Aragón dispone de más de 600 ciclos formativos correspondientes a 171 grados, tras incorporar 21 nuevas enseñanzas y 495 nuevas plazas de primer curso».
Son millones de personas aprendiendo, enseñando y conviviendo. Pero, como sociedad, ¿somos realmente conscientes de la importancia del sistema educativo, a pesar de sus dificultades y contradicciones? Y, sobre todo, ¿ese aprendizaje se traduce en una sociedad más humanista, democrática, solidaria y respetuosa?
El debate educativo parece focalizarse actualmente en la digitalización o la inteligencia artificial (IA). Es una realidad: la IA puede generar respuestas, resumir documentos, traducir, resolver ejercicios, crear imágenes o redactar textos. Curiosamente, cuanto más capaces son estas herramientas de ofrecernos respuestas inmediatas, más necesario resulta aprender a formular buenas preguntas, contrastar la información, distinguir los hechos de las opiniones o construir un criterio propio.
España ha realizado un importante esfuerzo de digitalización educativa. El Ministerio de Educación acaba de certificar la competencia digital de 666.318 docentes, la digitalización de 278.449 aulas y la distribución de 374.747 dispositivos, dentro de un plan que ha movilizado 1.285millones de euros. El desafío que aparece ahora es diferente: no se trata únicamente de disponer de tecnología, sino de saber para qué, cómo y cuándo utilizarla.
La tecnología tampoco elimina otros problemas educativos. En 2025, el abandono educativo temprano se situó en España en el 12,8 %, por encima del promedio de la Unión Europea, que fue del 9,1 %, y todavía lejos del objetivo europeo de situarlo por debajo del 9 % en 2030.
Retomando la idea de una sociedad humanista, detrás de las cifras anteriores hay jóvenes, historias o proyectos vitales que nos recuerdan que educar también es acompañar, ofrecer oportunidades y facilitar que el sistema ayude a que nadie se quede atrás. Nadie cuestiona que la formación técnica y profesional no sea fundamental. Sin embargo, la dimensión humanista de la enseñanza parece quedar relegada a un segundo plano, cuando, antes que profesionales, científicos o expertos, somos personas.
En una escuela se aprende a leer y a escribir, pero también a esperar, compartir, equivocarse y volver a intentarlo. En un instituto, además de matemáticas, historia o literatura, los adolescentes construyen su identidad o descubren que existen compañeros y compañeras que piensan de manera diferente.
En la universidad se adquieren conocimientos especializados, pero también se aprende a argumentar, investigar, actuar responsablemente y comprender las implicaciones sociales y éticas de una profesión o área de conocimientos.
Vuelve un tema recurrente: quizás como sociedad, no hemos otorgado a maestros, maestras y docentes en general el reconocimiento o la autoridad que merecen en este proceso. Con las debilidades y fortalezas del sistema, y con la reflexión crítica siempre necesaria, deberíamos exigir profesionales competentes y, al mismo tiempo, proteger, apoyar y reconocer al profesorado excelente.










