La tecnológica estadounidense creará de forma inminente entre 200 y 300 empleos de alta cualificación en la fallida fábrica de Becton Dickinson
Aragón se ha despertado este domingo con una nueva inversión. La tecnológica estadounidense Diamond Foundry recuperará la fallida planta de jeringuillas de Becton Dickinson en Zaragoza, con una inversión global de 1.000 millones de euros y la creación de entre 200 y 300 empleos de forma inminente para comenzar con su producción de obleas de diamante sintético, tal y como ha adelantado este diario. En términos más sencillos, su papel es el de ‘cultivar’ los diamantes en laboratorio, en un proceso químico que deriva en un material clave para la industria de los chips.
El papel de la multinacional no es nuevo en España, pues produce en la localidad cacereña de Trujillo desde el año pasado y próximamente levantará una segunda fábrica. Fundada en 2012 por Martin Roscheisen (uno de los pioneros de la tecnología verde en Silicon Valley) y Jeremy Scholz, en sus inicios obtuvo financiación externa de varios inversores que superó los 300 millones de dólares, con la participación de varios tótems de la tecnología y del mundo empresarial digital (desde el fundador de Google hasta el fundador de Twitter y el cofundador de Facebook). Aunque, sin duda, uno de los rostros más reconocidos es el del actor Leonardo DiCaprio.
Estos diamantes artificiales, claves como ya se ha citado para la industria del chip, son idénticos a los naturales en su esencia, tal y como explica la propia empresa. La tecnológica utiliza un método conocido como deposición química de vapor que parte de un pequeño trozo de una piedra preciosa natural en un reactor de plasma durante 15 días. Su función es, pues, la misma que tendría un diamante natural, con la diferencia de que se produce de una forma medioambientalmente sostenible.
Diamond Foundry ha experimentado un crecimiento exponencial en el mercado mundial de los «diamantes grandes» en el último lustro. Cuando fue fundada lanzó un plan estratégico a 30 años con hitos que debían ir cumpliendose cada década. En 2013, fue el de introducir diamantes de origen sostenible en cualquier sitio en el que se hubiesen extraído diamantes. Así entraron en el negocio, llegando a adquirir Vrai and Oro, una marca de joyería que concentra otra de las patas de su negocio, el diamante de consumo.
En 2023, su segundo hito, relacionado directamente con Zaragoza, que consistía en llegar a la industria de los chips con obleas de diamante monocristalino, como las que se van a fabricar en la capital aragonesa y las que ya se producen en Cáceres. Su próximo paso llegará en 2033, año en el que tienen como objetivo introducir el producto como semiconductor, con unas características que le permiten tener una potencia 17.200 veces más fuerte que la del silicio.
Unos semiconductores que, por cierto, juegan un papel clave en la industria automovilística, especialmente en los coches eléctricos, otro de los mercados donde Aragón está muy bien posicionado gracias a la futura gigafactoría que la joint venture CSE, de la que participan Stellantis y la china CATL, levantará en Figueruelas a partir de este año.










