Ofensiva gubernamental contra el mayor feudo opositor en Siria

Las fuerzas alzadas están en horas bajas y los leales al presidente Bashar Asad lo están aprovechando para avanzar. Su objetivo inicial está siendo tomar una serie de poblaciones al sur de Idlib, una provincia noroccidental la mayor parte de la cual está fuera de control del Gobierno sirio. Según varios medios, los opositores, divididos y cada vez menos apoyados por sus patrocinadores de antaño, apenas están resistiendo frente a esta última ofensiva, que está contando con salvajes bombardeos aéreos.

La población civil está huyendo despavorida. “Hay gente por todas partes llevándose sus pertenencias en sus coches, dirigiéndose a la frontera [con Turquía]”, aseguró al medio The National un activista de Idlib alojado en la ciudad fronteriza de Atma. La ONU ha anunciado que, desde noviembre pasado, más de 60.000 personas se han visto obligadas a abandonar sus casas. Por el momento, Turquía, el país que más víctimas de la guerra siria ha admitido, no ha anunciado la apertura de fronteras para admitir más refugiados.

Muchos de quienes están ahora en Idlib – sus condiciones de vida, denuncian organismos humanitarios, son “duras” – habían huido hace un año de la ciudad de Alepo, que cayó del lado de las fuerzas gubernamentales después de meses de asedio atroz. Desde entonces, la oposición armada, compuesta por una amalgama de fuerzas moderadas, islamistas y radicales, no ha dejado de perder terreno. La mayor zona que controlan hoy es Idlib, además del distrito de Guta Este, asediado, y áreas menores al sur y este de Siria.

El Observatorio Sirio para los Derechos Humanos informó anteayer de que el ejército sirio, apoyado por la aviación rusa y por combatientes chiítas proporcionados por Irán, había tomado más de 95 pueblos de las provincias de Hama e Idlib desde el 22 de octubre pasado. Sesenta de ellas, añadió, habían sido recuperadas en Idib en las últimas dos semanas. Los avances, a juicio de testigos citados por varios medios, estaban siendo rápidos.

Medios favorables al Gobierno sirio declararon el fin de semana pasado que el ejército sirio y sus aliados “han tomado el control del pueblo de Sinyar”, a 14 Km de la base aérea de Abu al Duhur. Este aeropuerto, de usos militares, parece ser el primer objetivo de los fieles al Ejecutivo. De tomarlo, quienes permanecen en la zona opositora de la provincia de Alepo verían dificultada su conexión con el feudo opositor de Idlib. Además, esta base se encuentra cerca de importantes vías de comunicación.

A parte de los bombardeos que sufren, y que socavan su capacidad de resistencia, los contrarios al Gobierno de Asad adolecen de unidad. Estas divisiones se notan particularmente en Idlib, donde el año pasado se desató primero una lucha entre el grupo islamista Ahrar al Sham y el Frente de Conquista del Levante, heredera de Al Qaeda en Siria. A finales de 2017, esta última organización, la más fuerte actualmente en Idlib, se rompió, a su vez, entre partidarios y detractores de la Al Qaeda de Ayman Zawahiri.

Estas divisiones, que parecen haber debilitado la capacidad operativa de los alzados, han desembocado además en la separación de áreas dentro de las mismas zonas opositoras y el estallido de conflictos adicionales. El domingo pasado, un coche bomba de origen no revelado estalló en la capital homónima de Idlib junto al cuartel de la facción Aynad al Qawqaz, formada mayormente por caucásicos y que lucha del lado radical. Al menos 30 personas murieron y más de 70 resultaron heridas.

La provincia de Idlib se encuentra en una de las cuatro “zonas de reducción de hostilidades” delimitadas por Turquía, Rusia e Irán durante las conversaciones de paz de Astana, el año pasado. En ellas, según han explicado sus impulsores, se deben alcanzar acuerdos para altos al fuego observados por cuerpos desplegados por los países garantes. El 13 de octubre pasado, el ejército turco se desplegó en Idlib supuestamente como fuerza observadora. Sin embargo, no se ha detallado un rol en las hostilidades de estos días.

Críticos han denunciado que el interés de Turquía en Idlib es presionar a los autonomistas kurdos, quienes, desde 2012, han pergeñado una región que ocupa parte del norte de la provincia. Tras la crisis en Guta, otra de las áreas designadas en Astana, cercada desde el pasado marzo y que registró numerosas muertes infantiles por inanición a finales del año pasado, activistas han denunciado el uso de las “zonas de reducción de hostilidades” para avanzar terreno sobre los alzados.