El número uno venció a Casper Ruud en el Foro Itálico (6-4 y 6-4) y se convierte en el segundo tenista, después de Djokovic, que tiene en su palmarés todos los torneos de la categoría Masters 1.000
Jannik Sinner derrotó a Casper Ruud en la final del Masters 1.000 de Roma (6-4 y 6-4) y sigue imparable en 2026.
Vamos a poner en contexto lo que significa este triunfo.
El italiano se convierte en el segundo jugador en la historia que tiene en su palmarés los nueve Masters 1.000. Lo logra con 24 años (25 en agosto). El otro tenista que lo hizo fue, claro, Novak Djokovic: en 2018, con 31 años ya cumplidos. El serbio puede presumir, además, de tener todos estos trofeos al menos dos veces. A Federer le faltaron los de tierra batida, Roma y Montecarlo; y a Nadal, Miami, pese a disputar cinco finales, y París. Además, el pelirrojo de San Cándido ha levantado los cinco Masters 1.000 jugados este año: Indian Wells, Miami, Montecarlo, Madrid y Roma. Lo que ni Nole ha podido conseguir es ganarlos todos la misma temporada (seis más dos finales es su mejor registro). Sinner ya ha pasado la mitad del camino: quedan Canadá, Cincinnati, Shanghái y París.
Terrícola Sinner
Hasta 2026, Sinner sólo tenía un título en tierra batida, el de Umag en 2022, aunque el curso pasado estuvo a un punto de ganar Roland Garros. Esta vez llegará a la gran cita de París habiendo conquistado Montecarlo, Madrid y Roma. Rafa Nadal, el rey de esta superficie, sólo levantó de forma consecutiva los tres Masters 1.000 sobre tierra en una ocasión, en 2010. Nadie lo había hecho antes ni después, hasta Jannik ahora, y además mostrando una evolución espectacular: resbala como el mejor terrícola, o como si esquiara, el otro deporte al que se pudo dedicar, porque era muy bueno. Apostó por la raqueta.
A nivel más local, el último italiano que triunfó en el Foro Itálico fue Adriano Panatta… En 1976.
Un gran Casper Ruud no fue suficiente
La final de Roma se la llevó Sinner tras remontar en un peleado primer set. Después ya jugó más a placer. Se vio una versión muy buena de Casper Ruud, pero tampoco fue suficiente. El noruego, de hecho, comenzó con una rotura y se puso 2-0, pero no pudo confirmarla después. Jannik no tardó en encontrar el ritmo en los intercambios, y en esa dinámica de partido, de puntos largos, es casi infalible. El noruego resistió porque jugaba profundo y no se dejaba dominar porque tiraba con mucho efecto y cerca de la línea de fondo, pero le hacía falta más. Eso le servía para aguantar, después tenía que hacer daño también al resto, y no lo lograba. El duelo se mantuvo parejo hasta que en el noveno juego Sinner cambió el mazo por la sutileza. Con tres dejadas desarboló a Casper. A las dos primeras ni corrió. A la tercera sí, y llegó bien, pero mandó la bola fuera. Por otro lado, le había regalado una doble falta. La rotura decisiva estaba cantada. Ratificarla no le costó, y el comienzo del segundo set con un break fue otro paso. Ruud peleó con honor, aunque su destino parecía decidido.
Sinner encadenó su victoria número 29 sin fallo. Está la corriente que sostiene que el nivel del tenis ha bajado, que antes había tenistas como Tsonga, Murray, Wawrinka o Del Potro. Pero después los Zverev, Ruud, Medvedev, Tsitsipas y compañía hacían sudar a Nadal o Djokovic, que, eso sí, normalmente salían vencedores. Estos jugadores a Sinner sólo le plantan cara en ocasiones contadas; la mayoría de veces, los arrasa como si fueran el 300 del mundo. En todo este camino triunfal apenas ha cedido tres sets. Desde febrero, nadie ha podido derrotarlo, ni siquiera Alcaraz en la final de Montecarlo. La baja del murciano por lesión no ha hecho más que aumentar la sensación de que el italiano no tiene un oponente ahora que le pueda hacer sombra. Su máximo rival es su propio cuerpo, que en ocasiones entra en un pequeño colapso y llegan los calambres. Le pasó con Medvedev en semifinales, y logró sobrevivir. Ahora, en Roland Garros, los partidos son a cinco sets y normalmente con calor.










