El consumo de alcohol está relacionado con más de 60 enfermedades, según los expertos

Cada vez más investigaciones relacionan el consumo de alcohol con graves consecuencias físicas

Tomarse una cerveza después del trabajo, brindar con vino durante una comida o celebrar una ocasión especial con una copa forma parte de la rutina de muchas personas. El alcohol está tan normalizado en la vida social que, en numerosas ocasiones, se pasa por alto que se trata de una sustancia tóxica para el organismo. De hecho, los especialistas recuerdan que es el mismo compuesto que se utiliza como desinfectante y que, según la evidencia científica más reciente, no existe una cantidad completamente inocua para la salud.

Cada vez más investigaciones relacionan el consumo de alcohol con graves consecuencias físicas. Los estudios actuales lo vinculan directamente con 62 trastornos distintos, entre ellos enfermedades cardiovasculares, gastritis, úlceras o patologías hepáticas. Además, también participa en el desarrollo de otras 30 enfermedades crónicas, como la demencia, la diabetes o varios tipos de cáncer.

El investigador Jürgen Rehm asegura que muchas de estas enfermedades no existirían sin el consumo de alcohol, una afirmación que refleja el creciente consenso médico sobre los efectos perjudiciales de esta sustancia.

El alcohol debilita las defensas en apenas minutos

Los efectos negativos del alcohol no tardan en aparecer. Según los especialistas, una sola copa puede reducir la eficacia del sistema inmunitario apenas 20 minutos después de ingerirse, dificultando la capacidad del organismo para combatir virus y bacterias.

Cuando el consumo es elevado en pocas horas, la alteración de la respuesta inmunitaria puede mantenerse durante todo un día. Aunque el cuerpo suele recuperarse con rapidez tras un exceso puntual, el problema aparece cuando el consumo se convierte en algo habitual. Con el paso del tiempo, el alcohol deteriora las células encargadas de proteger al organismo, aumentando el riesgo de sufrir infecciones graves como la neumonía o la tuberculosis.

La relación entre el alcohol y el cáncer

Los expertos consideran el alcohol como la tercera causa evitable de cáncer, solo por detrás del tabaco y la obesidad. Su consumo daña el ADN y favorece procesos inflamatorios en el cuerpo, factores relacionados con la aparición de tumores.

En mujeres, el principal riesgo está asociado al cáncer de mama, mientras que en hombres destaca el cáncer colorrectal. Los médicos explican que abandonar el alcohol ayuda a reducir el peligro de desarrollar estas enfermedades, aunque los efectos positivos no son inmediatos.

Como el cáncer tarda años en desarrollarse, dejar de beber disminuye el riesgo futuro, pero no puede frenar un tumor que ya haya comenzado a formarse. Los investigadores estiman que el organismo necesita cerca de 30 años sin consumir alcohol para eliminar completamente el riesgo acumulado, un proceso similar al que ocurre con el tabaco.

Para explicar la gravedad de estos efectos, Jürgen Rehm utiliza una comparación muy contundente: “una copa equivale al daño de un cigarrillo”.

El impacto del alcohol en el cerebro y el corazón

Durante años se popularizó la idea de que el alcohol destruía neuronas. Sin embargo, las investigaciones actuales indican que no las elimina directamente, sino que altera las conexiones entre ellas. Esto provoca una reducción del tejido cerebral y afecta especialmente a funciones relacionadas con la memoria o la capacidad de tomar decisiones.

Los estudios apuntan además que consumir tres copas semanales incrementa el riesgo de demencia un 15% en comparación con beber solo una. Aun así, los científicos señalan que el cerebro puede recuperar parte de su volumen tras dejar el alcohol, mejorando la memoria y la atención en pocas semanas o meses.

Respecto al corazón, los especialistas también han desmontado la idea de que una copa diaria pueda ser beneficiosa. Aunque algunos trabajos antiguos sugerían pequeñas ventajas en consumos mínimos, las investigaciones recientes indican que incluso una bebida alcohólica al día puede elevar la tensión arterial.

Además, factores como la hipertensión, la diabetes o el exceso de grasa abdominal multiplican el riesgo de sufrir complicaciones cardiovasculares. Por ello, los cardiólogos recomiendan evitar empezar a beber y, en quienes ya consumen alcohol, reducirlo al mínimo o abandonarlo por completo.