Las obras de instalación de los 126 ventanales, que comenzaron en abril, se centran en el lateral del Mercado Central que da al tranvía, y se espera que concluyan este mes para mejorar las condiciones térmicas.
Los trabajos para completar el cerramiento del claristorio del Mercado Central estarán terminados este mes de abril tras invertir el Ayuntamiento de Zaragoza 1.151.795 euros para lograr una mejora de la eficiencia energética, que redundará en el confort de los detallistas y clientes.
La instalación de los ventanales de carpintería de aluminio se centra en el lateral del Mercado Central orientado a la traza del tranvía, donde se puede ver el andamio al que se suben los operarios, y a finales de esta semana se habrá puesto un tercio –40 vidrios– de todo el cerramiento, además de otros 23 que se colocarán a lo largo de este mes.
Está previsto que este lateral se combine con el otro, que es más sencillo al ser la zona del muelle del Mercado Central. Desde el próximo lunes, 13 de abril se llevarán a cabo estas labores de forma alterna y en paralelo, la adjudicataria acomete las instalación eléctrica para facilitar la maniobra de apertura y cierre de ventanas.
El sistema de apertura estará conectado con la centralita de detección de CO2 y la centralita de detección de incendios para que, en caso de producirse llamas o aumento de dióxido de carbono se abran. Los medidores de CO2 controlarán su presencia a una altura aproximada de 2 metros.
El consejero municipal de Economía, Transformación Digital y Transparencia, Carlos Gimeno, ha visitado las obras de colocación de las ventanas para el cerramiento del claristorio y ha estado acompañado por el gerente del mercado, Fernando Benito; la presidenta de los detallistas, Esther López; y el delegado de la empresa adjudicataria, Obenasa –Obras Especiales Edificación e Infraestructuras SAU–, José Luis Ezquerra.
Gimeno ha explicado que precisamente el lado del tranvía es el que más dificultades técnicas presenta porque solo se puede trabajar de madrugada desde las 00.10 hasta las 05.00 horas 1 a la 5. «Esta primera fase de aislante la tendremos en breve y luego quedarán otros 15 días más, según nos dice la dirección de la obra, en el que ya serán los ajustes eléctricos para asegurar que todo está bien», ha precisado.
126 ventanales
En declaraciones a los medios de comunicación, Gimeno ha asegurado que el proyecto técnicamente «no ha sido complicado» porque «en tres noches está prácticamente ya el 50 por ciento».
«El objetivo –ha comentado– es que en el mes de abril esté ya entregado, certificada la obra y por lo menos cumplamos con el objetivo que nos transmiten los detallistas de que en verano, que casi son peores esos meses porque los de invierno se han compensado con calefactores que se han notado sensiblemente estará ya el aislante instalado».
Gimeno ha reconocido que le hubiera gustado que se hubiera terminado antes, pero el mes de marzo ha sido «muy complicado» por las lluvias y las fuertes rachas de viento, pero una vez que todo eso ha pasado, «en solo tres noches prácticamente ya todo el lado del tranvía está acristalado». Los pocos huecos que quedan son para colocar ventanas especiales que llevarán diferentes conductos para los cables de electricidad y hay que hacerlas a medida y tardará unos días más.
«Lo importante es que ya sabemos que en tres días y solo trabajando cuatro horas por la noche hemos podido prácticamente acristalarlo de un lado, la semana que viene ya podremos ver también el otro lado totalmente cerrado», ha resumido.
Cuando se termine la instalación de los 126 ventanales se dará por concluida la obra y se no esperan nuevas intervenciones después de que esta lonja fuera renovada en el mandato 2015-19, a excepción del claristorio, aspecto que ha criticado Carlos Gimeno.
«Han sido más de dos años gestionando una obra, que se había inaugurado pocos años antes, y ha tenido que volver a pasar por la Dirección Provincial de Patrimonio, volver a solicitar las licencias y es una pena que en el proyecto original de reforma tuviera esa falta de visión política y sobre todo la falta de haber hablado con los detallistas para entender que esto es un mercado donde las temperaturas son extremas y en la que además se quería integrar la hostelería y la hostelería».
Error político
A su parecer, no haber contemplado el cerramiento del claristorio en el mandato 2015-19 «fue un error político histórico que no debería haber ocurrido y que implica que cuando las cosas no se hacen bien desde el principio, aspectos que pueden parecer pequeños detalles exigen volver a poner el contador a cero y han sido dos años de trabajo duro para asegurar el proyecto», ha recalcado.
Sobre las características del cerramiento, Gimeno ha explicado que es «cien por cien aislante» y lleva un sistema de seguridad, que es importante, para que en caso de incendios automáticamente se puedan abrir, también se podrá accionar de forma manual para que en caso de que alguna rotura se pueda corregir de forma fácil y rápida.
«Hemos querido apostar –ha destacado– por tecnología, por innovación y por hacer un entorno sostenible, que es el objetivo que nos planteamos, siempre respetando que es un edificio histórico, que hay unas reglas de patrimonio que cumplir, pero creo que hemos sabido conjugar todas para un confort, empezando por los detallistas, pero también por esos ciudadanos que cada vez más apuestan por los mercados».
Al respecto, ha citado los indicadores de 2025 que revelan que van más clientes a los mercado y es más gente joven, porque también «hay un dinamismo nuevo en puestos que se cierran que se abren en menos de un mes».
A su parecer, el comercio de Zaragoza está viviendo un «buen momento» al asegurar que Zaragoza es la ciudad donde el pequeño comercio ha crecido más en 2025, además de que ha recibido tres galardones al mejor ayuntamiento que apoya los mercados de abastos; a una de las tres capitales de España finalistas en los primeros premios de Europa al comercio; y el último y más reciente a la ciudad que más apoya al pequeño comercio 2025 a nivel nacional, que se recogerá a final de mes en Toledo.
«Son pequeñas acciones, pero muchas, bien ideadas, pensadas de la mano de los detallistas, que al fin y al cabo nosotros escuchamos lo que hoy nos proponen y los resultados ahí se ven», ha dicho.
«Se ve que la gente –ha observado Gimeno– viene más, compra más porque tienen un servicio y unos productos totalmente diferentes a lo que es la gran distribución y que hay muchas familias que viven de esto y nuestro objetivo es que las familias sigan teniendo una oportunidad de vida y, al fin y al cabo, sigan dejando impuestos, que luego revierten a los ciudadanos».
Contentos
La presidenta de la Asociación de Detallistas del Mercado Central de Zaragoza, Esther Pérez, ha aplaudido esta intervención en el claristorio porque mejora la condiciones de trabajo de los empleados de los puestos y de sus clientes.
«Nosotros estamos contentísimos» ha enfatizado Esther Pérez al relatar que el calor del verano se acumula y más difícil de soportar, mientras que en invierno con los calefactores el recinto ha quedado más protegido.
Patrimonio de Zaragoza
El edificio del Mercado Central «Lanuza» es una pieza muy significativa del patrimonio arquitectónico de Zaragoza y aragonés. Cuenta con la declaración como Bien de Interés Cultural (BIC) hace 46 años y que se actualiza en 2002.
Su estilo se enmarca dentro de una corriente ecléctica de finales del siglo XIX y supone un magnífico ejemplo conservado de la arquitectura en hierro. Fue proyectado por Félix Navarro Pérez en 1895 y su construcción concluyó en 1903 acompañada por el trabajo de un grupo de artesanos que completaron la factura y el carácter decorativo del edificio.
Construido con estructura de hierro fundido y laminado, el edificio tiene un diseño adecuado a su función, y se organiza según una planta rectangular basilical de tres naves. El arquitecto José Antonio Aranaz dirigió los trabajos de rehabilitación que concluyeron en 2020.










