Reaparece el koldismo apandador, con su pestífero envoltorio, en el momento clave de la precampaña. Sánchez se oculta en el Ventorro
La UCO ha resucitado, la corrupción socialista ha vuelto al frente. Y con un personaje nuevo en el denso reparto de la trama, nada menos que el chófer del Peugeot, un tal Cristian Corvillo, militante cordobés con cara de presidiario, urdidor de pucherazos y con un pie en todas las ramas de la red criminal: mascarillas, adjudicaciones truchas e hidrocarburos. Un pieza de cuidado que aparece en el último acto de la farsa para rematar el cuadro de la ruindad que nos gobierna. Este Cristian, amén de un frondoso prontuario de perfil delictivo, ha aportado a la causa un documento inédito: la fotografía de Sánchez zampándose un gran plato de paella bien regado con una latita de Don Simón en un alto del camino. Pinta de gañán ya tenía el andoba. Luego derivó en chulángano y, finalmente, en el narciso de la izquierda planetaria.
Otra vez la UCO toma la palabra, para enorme cabreo de PatxiNadie con ese aspecto de trapo descolorido a punto de aterrizar en el tacho. Otra vez la corrupción en los noticieros. Cierto que nunca se había ido pero sin apenas relevancia informativa. “Efecto saturación”, diría la pandilla de Iván Redondo, ese peoncillo del grande de España y pequeño de Cataluña, repescado ahora por Moncloa como estratega de la desesperación.
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Delitos graves, condenas severas
Y también reaparecen Ábalos y Koldo, los ilustres personajillos con los que todo empezó. La parejita que ejerció, junto con Aldama, de hilo primigenio del que tiraron los jueces para dar con el enorme ovillo de la banda. Primero fueron las mascarillas, luego Adif y todo el ministerio de Transportes con sus adosados particulares bajo la tutela de Cerdán, esa llave que abría los conductos para la financiación ilegal del PSOE.
Lo repulsivo de cuanto aparece ahora, y cuanto sucedió antes, es que hay 116 muertos sobre las vías que pudieron evitarse. El análisis de los informes de la UCO, que se conocerán en toda su dimensión cuando el juez Moreno levante el secreto de esta pieza separada del caso Koldo, mueve más al espanto que a la ira. Adif, el núcleo irradiador de esta insaciable mafia, figura en el eje de buena parte de esta apoteosis de la rapiña, con algunas decisiones que posiblemente desemboquen en procesos por delitos muy graves que acarrean muchos años a la sombra.
Hace unos meses, el frenético devenir de causas e imputados del sanchismo vivió un leve frenazo. Mohamed ocupó Ceuta y el guion dio un vuelco radical. Apenas algunas noticias intermitentes sobre las joyitas de Zapatero, que se disfrazaba de gurú y resultó un bandido, el protagonista chusco de un affaire que alienta las redes a base de memes de carcajada. También movió ficha el nuevo defensor de Begoña, tan olvidada, que presentó una querella contra el PP por un video que consideró ofensivo, quien por cierto dio esta semana plantón a la Reina en un acto para damas con motivo de la cumbre iberoamericana. Si no está Sheinbaum yo tampoco, debió de pensar la dona. No está ya para más paseítos que ante ese jurado que la espera.
Montse y Maricarmen
La invasión de Ceuta desbordó el verano, mientras el caudillín permanecía en su tumbona grabando tiktoks adolescentes. Una cosa performativa y aiconic, que se dice. Tres meses ya. Para tapar el escandaloso favor al sultán del sur, los ochocientos asesores de Moncloa idearon la operación Maricarmen, con acampada en Sol, Anabelenes tronantes e incesante griterío. Otro fiasco porque Maricarmen falleció al tiempo que se supo de una Montse Minguez, la ricitos de oro que ejercía de portavoz socialista en el Congreso, estaba emparejada con un auténtico ‘buitre’ (según la jerga del progreso) propietario de treinta viviendas y con varios desalojos en su haber. Todo se le torcía a Sánchez.
Se intentó también recurrir a la crispación callejera para meter miedo con la derechona, una estratagema que apenas funcionó salvo en el cenagal de Barcelona, hasta que los pequeños burgueses del procés se acollonaron y reclamaron a Marlaska que mandara parar. Luego, los trenes de la muerte de Urda, que sucedieron a los trenes de la muerte de Adamuz, todos en las vías de Puente, a quien Sánchez apartó este martes del cargo en una maniobra tramposa (el ocelote sigue en la Ejecutiva del partido, mantiene su escaño en el Congreso y su nombre permanece en la papeleta electoral a la espera de que algún espíritu noble, esa rareza en los votantes sociatas, tenga a bien borrarlo. “Si hubiera yo sabido que el último era el primero más hubiera bebido”. Dickinson.
Total que Sánchez se encontraba ante el adverso panorama de sacar adelante una campaña electoral con sus dos estiletes despuntados, el gran faro ZP colgado de sus collares, y el zafio hotentote de Pucela perseguido por la tragedia, cuando reaparece la Guardia Civil (sector digno) y consuma otro capítulo de su admirable actividad. Registro de la casa de Ábalos en Valencia, detención de su actual pareja así como del chófer del Peugeot y otros cuatro presuntos malvivientes que quedan a la espera de la decisión del instructor. Todo ello encuadrado en el marco del ‘caso Koldo’, aquel portero de puticlub que se convirtió en jefe de operaciones, sablazos y chistorras del ministerio de Transportes así como en consejero de Renfe y otras canonjías. Ábalos y Koldo, principio y fin del sanchismo. Con ellos (y Cerdán) empezó el hundimiento y con ellos se va a consumar la extinción (salvo… ya saben, Pedro es capaz de todo). El koldismo, malgrè lui, su verdugo. Quién lo iba a decir. “No tienen nada que ver conmigo, es un asunto muy viejo, del pasado”, se excusaba el presidente a preguntas de su reportero favorito.
Disfrazados de Pitbull
Sánchez intenta reaccionar con pasión de furtivo enfebrecido. Agita en Valencia el Ventorro de Mazón como contrapunto a la prodigiosa ‘ejemplaridad’ de Puente, que ya es echarle voluntad a la hipérbole. Quizás consiga dos aplausos y un millar de arcadas. Un esfuerzo estéril. Sabido es que quien salva a alguien a la fuerza hace lo mismo que el que mata, dijo Horacio. Luego se irá a Tarragona (ya solo le votan en Cataluña) y a Bilbao (ya solo le abrazan los que avalaron las pistolas).
Este pasado jueves las calles de Madrid se llenaron de cientos de jóvenes disfrazados de calvos que acudían al concierto de Pitbull con un apósito en la cabeza para simular alopecia. Un espectáculo sorprendente. Una buena idea para los mítines del PSOE en esta campaña cadavérica. Los asistentes podrían vestir una camiseta a rayas, horizontales por supuesto, para solidarizarse con su líder, que allá en lo alto, se le va poniendo aspecto de reo.












