Sánchez y su núcleo buscan adelanto electoral: «La suerte está echada»

Los principales ministros del Gobierno aconsejan al presidente que apriete el botón. Moncloa estudia la respuesta de la calle a golpe de encuesta

Pedro Sánchez salió este viernes del Congreso de los Diputados acompañado de un tenso silencio. El presidente del Gobierno, según fuentes gubernamentales consultadas por LA RAZÓN, apuesta por adelantar las elecciones generales. Y su guardia pretoriana en el Palacio de la Moncloa le respalda. La derrota de los dos decretos de vivienda ha colocado al jefe del Ejecutivo ante una decisión que puede marcar el final de la legislatura y quién sabe si su final al frente del Gobierno de España.

«La suerte está echada», explica una fuente de su núcleo duro. Esta misma fuente asegura que «la mayoría de los ministros» secunda la llamada a las urnas y defiende aprovechar «la ventana de oportunidad» que se ha abierto después de que el Congreso tumbara los dos reales decretos aprobados el martes por el Consejo de Ministros con decenas de medidas para paliar los efectos de la crisis de vivienda.

La ministra del ramo, Isabel Rodríguez, abandonó la Cámara Baja apesadumbrada. «He hecho lo que he podido», confesó nada más salir del hemiciclo. Su lamento era también el reconocimiento de que una negociación trabajada durante se terminó estrellando contra la aritmética parlamentaria imposible que ha regido la vida parlamentaria estos últimos años.

Nadie en el Ejecutivo esconde que en el Palacio de la Moncloa llevan 48 horas rumiando qué hacer desde que Junts advirtió, la noche del jueves, que tumbaría los decretos. La cuestión que se discute ya no es cómo reconstruir la mayoría parlamentaria. Es si merece la pena intentarlo a la vista de que la legislatura, a punto de culminar, está parada desde el punto de vista legislativo.

Sánchez, no obstante, tiene la última palabra y todavía debe tomar la decisión definitiva. Pero las fuentes consultadas describen un estado de ánimo muy diferente al de otras derrotas parlamentarias. Esta vez, explican, el presidente contempla seriamente convertir el revés en el Congreso en el punto final. Moncloa mantiene abiertos todos los escenarios. Sánchez dedicó buena parte de la jornada a escuchar.

Pasó parte del tiempo hablando con ministros y dirigentes socialistas en la zona reservada al Gobierno en el Congreso y recibió opiniones de todo tipo sobre la conveniencia de precipitar el adelanto. Algunos miembros del Ejecutivo dan por hecha la convocatoria; otros no la consideran decidida.

Todos los gestos de este viernes en el Congreso refuerzan la sensación de que los españoles se encaminan irremediablemente a votar. Algunas fuentes sitúan la cita con las urnas el 29 de noviembre. No es habitual que el presidente tome la palabra para defender la convalidación de dos reales decretos. Podía haber dejado toda la defensa en manos de los ministros competentes. Pero no lo hizo. Subió a la tribuna inmediatamente antes de una votación que Moncloa sabía que iba perder y convirtió lo que formalmente era un debate sobre vivienda en una interpelación política directa a los diputados. Les trasladó toda la presión.

El Gobierno considera que el revés parlamentario del viernes le proporciona también un argumento con el que explicar una convocatoria electoral. El relato sería el siguiente: Sánchez ha tratado de sacar adelante unas medidas que Moncloa presenta como esenciales para afrontar la crisis de la vivienda y el Congreso las ha rechazado. La lectura que realizan quienes defienden el adelanto es que prolongar la legislatura en estas condiciones puede terminar convirtiendo cada pleno en una prueba sobre la supervivencia del un Ejecutivo a punto de perder las constantes vitales.

De ahí la «ventana de oportunidad» que describen en el núcleo presidencial. Convocar permitiría a Sánchez recuperar la iniciativa, decidir el calendario y tratar de convertir las dificultades de los españoles en el lema de la campaña. Ni Ceuta ni líos judiciales. Los problemas de la gente. Y eso es, exactamente, lo que dijo Sánchez.

«Hay días en los que en esta Cámara debatimos cuestiones muy técnicas, aparentemente lejanas a las preocupaciones de los ciudadanos, y hay días en los que debatimos medidas muy concretas, muy específicas, con una trascendencia social que transforma la vida de la gente», comenzó Sánchez. El líder socialista, por tanto, ya tiene, un por qué debe haber elecciones y también un por qué debería continuar él al frente del Gobierno.

Después, el líder socialista recordó a los diputados que serían llamados uno por uno para expresar públicamente su voto y les pidió que, cuando llegara ese momento, se olvidaran «del cálculo político, del argumentario de su partido, de las presiones que les llegan de arriba». El presidente sabía que estaba a punto de perder. Y, precisamente por eso, construyó todo su discurso alrededor de las consecuencias de esa derrota. Según la tesis del núcleo duro del Ejecutivo, no se trata de acudir a las urnas únicamente porque el Gobierno ha perdido dos decretos.

Se trata de preguntar a los ciudadanos qué mayoría quieren para afrontar cuestiones como la vivienda cuando la actual aritmética parlamentaria impide sacar adelante las medidas que el Ejecutivo considera esenciales. Ese es el razonamiento que impera en el núcleo presidencial, donde también se contempla el hecho de que puedan pararse, al menos durante el tiempo que dure la campaña y las elecciones, las investigaciones judiciales que acorralan al PSOE y al Gobierno. Moncloa quiere aprovecharse de la no injerencia judicial en pleno proceso electoral.

Pero existen también razones para la cautela. Un adelanto electoral supone renunciar voluntariamente al tiempo restante de legislatura, paralizar buena parte de la agenda prevista y someter inmediatamente la continuidad del Gobierno al veredicto de las urnas. No es una decisión menor y nadie en Moncloa da todavía oficialmente por hecho que Sánchez vaya a pulsar el botón.

Además, quienes conocen al presidente recuerdan que las decisiones más importantes las concentra personalmente y las comparte con un círculo muy reducido hasta prácticamente el último momento. Los ministros pueden aconsejar. El PSOE puede prepararse. Moncloa puede estudiar escenarios y calendarios. Pero solo Sánchez puede disolver las Cortes. El viernes dejó, sin embargo, una última frase desde la tribuna. Formalmente estaba dirigida a PP y Junts. Aunque de lo ocurrido y con el debate electoral instalado ya en el corazón de Moncloa, adquirió inevitablemente otra dimensión. «Hagan lo correcto porque la historia les juzgará antes de lo que creen y con más contundencia de la que se imaginan».

Poco después, el Congreso tumbó los decretos. «La suerte está echada», insisten fuentes del Ejecutivo. La vicepresidenta segunda, Yolanda Díaz, confirmó que habló personalmente con Sánchez sobre la situación, aunque evitó revelar el contenido de la conversación: «Voy a mantener mi absoluta discreción».

En Sumar tampoco ignoran ya el escenario. El ministro de Derechos Sociales, Pablo Bustinduy, recordó que la convocatoria corresponde exclusivamente al presidente y aseguró que su espacio político estará preparado «para cualquier escenario». Podemos expresó una posición diferente: Ione Belarra dijo que los ciudadanos esperaban «soluciones y no elecciones».

La oposición también ha comenzado a comportarse como si la legislatura hubiera muerto el 2 de octubre, aunque en el PP creen que Sánchez va de farol. Alberto Núñez Feijóo reclamó después de la votación la disolución de las Cortes y la convocatoria electoral. Antes incluso de conocerse el resultado, la portavoz parlamentaria del PP, Ester Muñoz, había definido la votación como una especie de «cuestión de confianza encubierta». Vox también reclama elecciones.

Los socios de Gobierno de Sánchez asumen que lo «más probable» es que el presidente apriete el botón. «Sabemos que se inclina por hacerlo. Está en su psiquis ser osado y adelantar las elecciones por la vivienda es la rendija que ha encontrado esta vez», cuenta una fuente gubernamental.

En Moncloa explican que la acampada de Sol ha sido decisiva para acelerar el debate sobre el adelanto. En Sumar admiten que ahora tienen que ir a «la carrera», aunque fuentes del partido explican que «no hay ningún miedo al adelanto» por mucho que este escenario les haya pillado sin candidatura y, prácticamente, sin programa. El laboratorio electoral de Moncloa pasará el fin de semana pendiente de la reacción en la calle a la caída de los decretos.

Las próximas horas van a ser cruciales. El Gobierno sondeará encuestas de opinión para calibrar si el balón tiene opciones reales de entrar en la canasta. En cualquier caso, en el PSOE tampoco se llevan a engaño. El núcleo duro sanchista admite que el «partido está difícil» y que, por mucho que el eje de campaña vire hacia la vivienda, la indignación de buena parte del país con Sánchez y su Gobierno no se van a esfumar de la noche a la mañana. En verdad, el mayor miedo del PSOE es que sus votantes se queden en la abstención. Es más, las encuestas de los últimos meses señalaban precisamente eso.

Ahora, en Ferraz y en Moncloa esperan que la vivienda saque a la izquierda a la calle y a los colegios electorales si, finalmente, el próximo 29 de noviembre el pueblo español tiene la oportunidad de pronunciarse.