Con un lenguaje fresco y veloz, salpicado por el léxico de su Caracas natal, Airán Edery desgrana cómo pasó del abuso de sustancias y la desesperación existencial a liderar el proyecto evangelizador ‘Manual para enamorarse’
Para comprender el testimonio de Airán Edery resulta imprescindible situar su origen. Nacida y criada en Caracas (Venezuela), creció en el seno de una familia «no muy practicante» y cursó estudios en el colegio católico Marista Champagnat. Sin embargo, aquellas catequesis infantiles le resultaban lejanas y aburridas frente a los estímulos de la televisión y la calle. Su marcado carácter rebelde y el deseo ardiente de llenar profundas heridas de abandono y rechazo familiar la llevaron a refugiarse tempranamente en el ambiente nocturno.
Con apenas 17 años, gracias a una beca deportiva por sus cualidades en el tenis, abandonó Venezuela para instalarse en Estados Unidos. Tras un breve paso por Texas, se afincó en Miami, donde cursó Periodismo en la Universidad de Miami y, posteriormente, un máster en cine documental en Nueva York, llegando a trabajar en diversos medios de comunicación. En esa etapa, la joven ha relatado en el podcast ‘Se buscan Rebeldes’ el choque cultural y la fascinación por la desenfrenada oferta nocturna de Florida: «Yo decía: ‘Qué buena rumba acá’. Tenía esa sensación de cero papá y mamá, totalmente libertad».
El precio de una vida al límite
Aquel entorno de luces y fiesta electrónica se convirtió en su refugio de identidad. Sin embargo, la búsqueda de aceptación la condujo a una espiral autodestructiva marcada por el consumo de todo tipo de drogas, pérdidas de conocimiento y episodios donde la noción del tiempo se borraba por completo: «Yo salía un miércoles y llegaba un domingo. Pregúntame tú dónde había estado… Hay muchas de las partes que hay un blackout [amnesia temporal] porque hice todo tipo de drogas, todo lo probé».
Tras seis o siete años en ese «bajo mundo», la factura física y emocional derivó en agudos ataques de pánico, severas depresiones e incluso pensamientos suicidas que la dejaron al borde del colapso. Aunque exteriormente disfrutaba siendo el centro de atención en los clubes de Miami, por dentro estaba exhausta y «obstinada de su propio pecado». Su reputación en el entorno nocturno era tan alarmante que las madres de sus conocidos advertían a sus hijos que se alejaran de ella porque los arrastraría a un mundo muy oscuro, algo que ella reconoce haber hecho con varias personas de su círculo.
La trampa de la ayahuasca
El punto de giro en la vida de Airán ocurrió en plena fiesta electrónica en Miami, cuando una conocida se le acercó entre el humo y la música: «Llega y me dice: ‘Tú pareces el demonio’… Y empezamos a hablar y sigue: ‘Mira, ¿sabes que mi mamá hizo un retiro que se llama Emaús? Mi madre, Airán, es como un ogro, esa mujer no cambia, pero hizo ese retiro. Yo siento que Dios existe después que la vi cambiar. Tú deberías de ir'», cuenta en el podcast.
Aunque en un primer momento ignoró la sugerencia, la insistencia de su amiga se prolongó durante semanas. Un mes más tarde, aprovechando la debilidad de Airán por las experiencias extremas y la búsqueda de evasión, la joven la convenció para hacer una excursión prometiéndole una ceremonia esotérica: «Llega un día y me dice: ‘Mira Irán, vamos a irnos a hacer un retiro de ayahuasca‘. Me quedé dormida en el coche y cuando me despierto digo: ‘Pero esto no es donde hacen la ayahuasca’. Y me dice: ‘No, te traje a una casa de retiro, vas a hacer Emaús’»
Al percatarse del engaño, Airán experimentó una sacudida interior de furia e incredulidad. La reacción violenta de la venezolana sobresaltó a las servidoras del retiro, a quienes encaró entre gritos hasta que una de las organizadoras permitió su ingreso: «Salen esas señoras y yo gritando: ‘Yo no voy a dejar nada, es más, yo me voy a meter todo lo que me dé la gana durante este retiro‘, hasta que salió una señora y dijo: ‘Déjala pasar’».
«Si te mueres, lo harías en pecado mortal»
Una vez en el interior de la casa de convivencias, frente a la presencia de Jesús Eucaristía, la joven vivió una conmoción espiritual súbita y sobrecogedora. En un instante de recogimiento interior, escuchó una voz rotunda que penetró en su conciencia, haciéndole comprender la gravedad de la vida que llevaba hasta ese momento: «Fue como si alguien me dijera: ‘Si te mueres ahora te mueres en pecado mortal y el infierno es real’. Pero después hay algo que me dice: ‘Pero eres mi hija muy amada. ¿Y sabes qué? Yo te quiero dar una oportunidad más… este es tu tiempo. Me dijo: cambia, tranquila, confía en mí’».
Abrumada por una certeza que jamás había experimentado bajo los efectos de ninguna sustancia, Airán intentó argumentar interiormente ante la magnitud de la gracia que estaba recibiendo: «Yo en ese momento no sabía cómo hablarle a Jesús, pero decía: ‘Pero Señor, si tengo como la mitad del cerebro quemado’. Y fue como si me dijera: ‘Es que te quiero así… me encantas así, eres única e irrepetible‘».
«¿Tu Dios me puede salvar?» y el reto de los 33 días
Al salir impactada de la capilla y sin sacerdote presente en aquel momento en el retiro, buscó con desesperación a alguien disponible. Sin filtros, la joven descargó ante un religioso que encontró todo el equipaje de su pasado: «Salgo corriendo y le ‘vomité’ todo al padre: ‘Mira, yo he estado en el bajo mundo, me he metido de todo, he jugado con el péndulo, chakras, regresión, hipnosis… ¿Tu Dios me puede salvar?’. Y él me dice: ‘Sí, sí te puedes salvar’». A fin de encauzar la desintoxicación de su alma y su cuerpo, el diácono la citó en la Parroquia Nuestra Señora de Guadalupe en Doral (Miami) y le lanzó un desafío a su personalidad competitiva: cumplir 33 días consecutivos acudiendo durante una hora diaria a hacer adoración ante el Santísimo Sacramento.
Las primeras jornadas en la capilla resultaron desconcertantes para Airán. Acudía ante el Santísimo con los auriculares puestos, buscando aislarse de cuanto la rodeaba. «Iba al Santísimo, me llevaba mis auriculares y me ponía música electrónica sin letra», recuerda. Permanecía allí durante una hora, aunque su pensamiento estaba puesto en marcharse cuanto antes: «No entendía, no entendía; me quedaba una hora, contaba los minutos para salir corriendo».
Sin embargo, algo comenzó a cambiar. Airán asegura que, mientras ella se refugiaba en aquel ruido, sentía que Dios esperaba pacientemente. «La gente seguro te juzga, pero el Señor nunca me juzgó, porque sabía que en algún momento el propio ruido que tenía en mis oídos me iba a cansar», relata.
Hasta que un día, aproximadamente dos semanas después, aquella música dejó de ser un refugio y comenzó a resultarle insoportable. Entonces se quitó los auriculares y decidió hablar con Dios por primera vez de manera abierta: «¿Sabes qué? Voy a hablar contigo. Te voy a contar quién soy yo. Yo sé que tú lo sabes, pero ahora lo vas a escuchar de mi boca». Y comenzó a desgranar ante el Santísimo toda su historia, «todo lo que yo había soñado, todo lo que había hecho, las barbaridades en que había estado, mi anhelo y deseo más profundo… Lo empecé a contar ahí, en el Santísimo».
Un cuaderno que se convirtió en «Manual para enamorarse»
Aquellos 33 días ante la Eucaristía desencadenaron una profunda purificación interior, acompañada por la oración del Rosario y la lectura de autores de la talla de San Agustín. Airán comenzó a poner por escrito toda su historia, sus faltas, adicciones y heridas en un cuaderno personal como preparación para una confesión general. Al escuchar la lectura de aquel desgarrador borrador, el padre Osvaldo – con quien actualmente sigue haciendo hace dirección espiritual– le dijo: «Airán, tú necesitas escribir un manual para enamorarse de Dios». Aquel manuscrito acabaría convirtiéndose en su primer libro publicado, titulado El manual para enamorarse.
Con los años, el libro dio paso a una plataforma y comunidad digital seguida por miles de personas. El objetivo central del proyecto es mostrar que la fe es una experiencia personal de encuentro con Jesús, demostrando que Dios acepta a cada persona con su historia y sus cables sueltos. Dentro de este movimiento, Airán y el padre Osvaldo crearon herramientas de acompañamiento como el «Reto de los 33 días ante el Santísimo» (disponible en la aplicación de oración Hallow), una serie de audios y pautas para guiar a las personas a dedicar una hora diaria ante la Eucaristía, desnudando el alma y aprendiendo a dialogar con Dios sin máscaras.
Unos meses más tarde, en 2018, la joven hizo pública su conversión ante su antiguo círculo de la noche de Miami a través de sus redes sociales:«Ustedes seguro me conocen: yo era promotora de discoteca en Miami, salí con mucha gente… Yo sé que esto para ustedes puede ser raro, pero me he conocido a Alguien. No me enamoro de algo, sino de Alguien que me está enamorando de una manera tan profunda que me veo incluso hasta más bella». Hoy, diez años después de aquella experiencia en Emaús, Airán Edery resume su historia con una frase de Oscar Wilde: «Todo santo tiene un pasado y todo pecador tiene un futuro».












