Las casas ocultas del Puente de Piedra de Zaragoza: dos de sus espolones fueron viviendas

El puente actual se levantó entre 1401 y 1440 y conserva en la piedra la huella cuadrada de aquellas construcciones

Cada día, miles de personas cruzan el Puente de Piedra de Zaragoza sin imaginar todo lo que esconde. Lo ven como lo que parece, un puente de piedra que atraviesa el Ebro. Pero un estudio de ingeniería de la Universidad de Zaragoza, que ha analizado su estructura arco por arco y pila por pila, documenta algo mucho más sorprendente: durante siglos, hubo gente que vivió literalmente dentro del puente.

  1. LAS CASAS QUE ESTABAN ENCIMA DEL AGUA
  2. EL PUENTE QUE TAMBIÉN ERA UNA FÁBRICA
  3. UN PUENTE PAGADO POR LAS TRES RELIGIONES DE LA CIUDAD
  4. UN OCTAVO ARCO QUE NADIE VE
  5. LA OTRA DIPUTACIÓN QUE ARDIÓ JUNTO AL PUENTE

LAS CASAS QUE ESTABAN ENCIMA DEL AGUA

Dos de los espolones del puente (los tajamares, las estructuras triangulares que sobresalen hacia la corriente para partir el agua) no eran solo ingeniería hidráulica. Eran la base de auténticas torres-viviendacon gente viviendo dentro, levantadas sobre el cauce del Ebro. Así lo documenta el proyecto académico que sometió el puente a un análisis estructural completo: “Los tajamares 4 y 6 aguas abajo (Tambores) fueron torres-vivienda de las que actualmente solo se aprecian las secciones cuadradas de su planta”.

Hoy esas viviendas ya no existen. Pero su huella sigue ahí, a ras de puente, para quien sepa dónde mirar: la traza cuadrada de sus plantas, marcada en la piedra de la base de esos dos espolones. Nadie vive ya en ellas, pero el rastro de que alguien lo hizo sigue expuesto a la vista de todos los que cruzan cada día sin saberlo.

EL PUENTE QUE TAMBIÉN ERA UNA FÁBRICA

Vivienda no fue el único uso “no evidente” que tuvo el puente. Según ha documentado la historiadora María Teresa Iranzo Muñío, hacia 1468 se construyeron molinos harineros sobre las potentes pilas del puente, aprovechando la corriente del Ebro para moler grano. El famoso dibujo que hizo de la ciudad el pintor flamenco Anton van den Wyngaerde en 1563 (la imagen más citada de todas las que existen del Zaragoza medieval) muestra el puente ya con esos molinos en funcionamiento, y una de sus pilas presenta incluso un elegante arquillo de aligeramiento para integrar la maquinaria.

Vivienda, industria y paso de personas convivían en la misma estructura. El Puente de Piedra no solo unía las dos orillas de la ciudad: era, él mismo, una pieza más de Zaragoza.

Puente de Piedra 1813. Foto: GAZA/Eduard Hanke Locker, 1813. Publicado en Views in Spain
Puente de Piedra 1813. Foto: GAZA/Eduard Hanke Locker, 1813. Publicado en Views in Spain

UN PUENTE PAGADO POR LAS TRES RELIGIONES DE LA CIUDAD

La financiación de la obra fue un asunto de toda la ciudad, sin distinción de fe. En 1407, el Concejo repartió el coste de la cantera entre los cerca de 4000 hogares de Zaragoza (unas 20000 personas), fueran cristianos, judíos o mudéjares. Los hogares se agrupaban de diez en diez para pagar el trabajo de un obrero en la cantera. Un monumento que hoy asociamos casi automáticamente a la tradición cristiana de la ciudad se levantó, en realidad, con las aportaciones de las tres comunidades religiosas que convivían en la Zaragoza medieval.

Y cuando en 1409 hubo que reanudar los trabajos tras una primera crisis de financiación, el Concejo encargó a dos artesanos musulmanes, Zalema Navarro y Mahoma de Omar, la fabricación de la grúa que izaría la piedra traída desde las canteras de Mallén. La maquinaria que levantó, piedra a piedra, el puente más simbólico de la ciudad fue construida por manos musulmanas por encargo directo del gobierno cristiano.

UN OCTAVO ARCO QUE NADIE VE

El puente que hoy conocemos como de siete arcos en realidad tiene ocho. El primero, el más cercano a la orilla del Pilar, quedó completamente enterrado bajo el muro de contención del actual Paseo Echegaray y Caballero, fruto de los rellenos urbanísticos del siglo XX. El mismo estudio de ingeniería que documenta las torres-vivienda lo confirma con planos: “estando el primero de ellos (Número 1) totalmente oculto tras el muro de contención”.

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El puente que hoy conocemos como de siete arcos en realidad tiene ocho. Foto: Jerome Esteban

Y aquí va un matiz que sorprende incluso a quien cree conocer bien el puente: el Ayuntamiento lo cataloga oficialmente como Bien de Interés Cultural “de origen romano”, y es cierto que en ese mismo punto ya cruzaba el río algún tipo de puente en época de Augusto (lo cita hasta Estrabón). Pero de aquella construcción original no ha aparecido ni una piedra. Ya en 1610, el geógrafo portugués J.B. Labaña tras visitarlo escribió que “no parece resto de antigüedad romana”. Los estudios técnicos más recientes coinciden, la fábrica que pisas hoy (la que ves y tocas) es medieval y no conserva restos de aquella construcción romana.

El emplazamiento es romano; la piedra no. El puente actual tardó 39 años en levantarse, entre 1401 y 1440. El 5 de agosto de 1435, con la obra casi terminada, se derrumbó la arcada principal y murieron cinco personas.

Que Zaragoza sí construyera puentes de piedra en época romana quedó confirmado, además, hace apenas unos meses. En marzo de 2026, unas obras en la plaza de San Miguel y el Coso sacaron a la luz los restos de un puente-acueducto romano de hormigón, a cuatro metros de profundidad, la primera estructura de este tipo documentada en la ciudad. No está bajo el Puente de Piedra ni cruza el Ebro, pero confirma que ese tipo de obra civil sí existió en la Caesaraugusta romana. Solo que, de momento, en otro punto de la ciudad.

LA OTRA DIPUTACIÓN QUE ARDIÓ JUNTO AL PUENTE

Hay un último dato que conecta este puente con otro edificio desaparecido de la memoria de la ciudad. El propio puente se proyectó en 1407 como puerta de entrada al conjunto de edificios de poder de la ciudad, entre ellos “la Diputación del Reino y del propio Concejo, justamente conocida como Casas del Puente”, según ha documentado Iranzo Muñío a partir de citas directas de archivo. Puente y Diputación no fueron dos historias paralelas: se pensaron y construyeron como parte de un mismo proyecto urbanístico.

Aquel palacio gótico, con una llamativa cubierta de tejas alemanas en rombos negros y blancos retratada en el célebre cuadro de Zaragoza de 1647 pintado por Martínez del Mazo, ardió durante tres días seguidos en enero de 1809, alcanzado por bombas francesas en los Sitios de Zaragoza. De todo el palacio solo sobrevivieron dos escudos de piedra, hoy en el patio del Museo de Zaragoza: las armas más antiguas conservadas del Reino de Aragón.

El puente en cambio sobrevivió a todo: a las riadas, a los sitios, a los siglos. Sigue en pie, con su octavo arco enterrado, con la huella cuadrada de las casas que un día tuvo encima y con miles de personas cruzándolo cada día sin saber que, durante generaciones, aquello no fue solo un puente. Fue un lugar donde vivir.