Cientos de personas se concentran este domingo en el campamento improvisado del Trampolín
Un concentración convocada de forma espontánea por parte de los inmigrantes que aún quedan en Ceuta (más de 9.000, según la ciudad autónoma) ha desembocado en una huelga de hambre a la que, según dicen, se están sumando muchos de ellos. A última hora de la tarde del domingo, la playa del Trampolín congrega a unos doscientos migrantes que piden con cánticos una solución para su situación. Eso sí, se niegan a volver a Marruecos, por donde han llegado.
El asentamiento improvisado de la playa del Trampolín es el escenario de la protesta. Ataviados con carteles de cartón –escritos en inglés y en español– reclaman a las administraciones españolas que les concedan el asilo. «Queremos asilo», reza una de estas pancartas, levantada ante las cámaras de televisión para exhibirla a los espectadores. Para demostrar sus buenas intenciones, llevan con ellos banderas de España, tratando de levantar la empatía de los Gobiernos de Ceuta y España. Sin embargo, la desesperación de estas personas –llevan a la intemperie desde que llegaron el 30 de julio– les lleva a lanzar sus proclamas a gritos cuando los periodistas les ponen el micrófono para recoger sus testimonios.
Cruz Roja continúa repartiendo agua y comida entre los inmigrantes que llegaron a través de la playa del Tarajal, pero no todos aceptan la ayuda que les prestan. «Nosotros no queremos comer, queremos una solución», explica uno de ellos a TVE al tiempo que asegura que en Marruecos «no tienen futuro».
Una concentración improvisada
La protesta se ha desarrollado entre las chabolas que han construido durante estas dos semanas y gritos de «asilo», con los que piden una oportunidad. «No queremos volver a Marruecos», aseguran a los periodistas allí presentes. Según han señalado testigos presenciales consultados por EFE, algunas de las ONG y colectivos son quienes han ayudado elaborar estos carteles. Su función es asesorar a los inmigrantes y así lo están haciendo estos días en Ceuta.
La escena se ha producido en uno de los principales asentamientos improvisados, donde centenares de migrantes permanecen a la espera de conocer cuál será su situación, en unas condiciones de precariedad y entre construcciones levantadas con plásticos, lonas y otros materiales. La concentración, sin convocatoria oficial y organizada de manera espontánea, ha permitido a los migrantes hacer visible su principal reivindicación: ser escuchados y poder solicitar asilo en España, mientras las organizaciones que trabajan diariamente con ellos continúan prestándoles asistencia en el asentamiento del Trampolín.
Ceuta, convertida en un polvorín
Como contó THE OBJECTIVE, después de la llegada irregular la ciudad autónoma está lejos de la situación habitual, con miles de indocumentados por las calles y las mujeres aterradas de salir a las calles. Por las noches, especialmente, se viven reyertas y las peleas entre jóvenes a diario. Entre las hogueras y las chozas han encontrado un lugar donde asentarse, pero genera inseguridad.
La situación empieza a tener consecuencias también en el mercado laboral, como explicaba José Ernesto González Rivas, dueño de Limpiezas Ceuta, que aseguró a THE OBJECTIVE que alrededor del 25% de sus trabajadoras se encuentran actualmente de baja, alegando problemas de ansiedad.










