LA RAZÓN avanza el despliegue de seguridad del presidente. El líder socialista sale hoy de la isla canaria para contemplar el eclipse total de sol en el Observatorio de Yebes, en Guadalajara
Pedro Sánchez descansa en La Mareta rodeado de un importante dispositivo de seguridad. La crisis de Ceuta y la creciente preocupación por la protección del presidente han convertido este verano la Residencia Real de Lanzarote en algo más que el lugar elegido por el jefe del Ejecutivo para pasar sus vacaciones junto a su familia: su mujer, sus hijas, sus padres y su suegra. Según ha podido saber LA RAZÓN por fuentes conocedoras del operativo, la Guardia Civil ha movilizado a 120 agentes de los Grupos de Reserva y Seguridad (GRS) para reforzar la protección del recinto durante la estancia presidencial.
Los efectivos permanecerán movilizados, en principio, hasta el próximo 24 de agosto. Se trata del segundo gran cinturón de protección establecido alrededor del presidente, por detrás del dispositivo más próximo que acompaña habitualmente a Sánchez desde Moncloa y que se desplaza con él cuando abandona Madrid. Ese primer círculo está integrado por el personal encargado directamente de su protección y dispone de sus propios medios y vehículos para garantizar los desplazamientos presidenciales. A su alrededor trabajan los GRS, unidades especializadas de la Guardia Civil que permiten reforzar considerablemente la seguridad del complejo y mantener permanentemente disponibles efectivos suficientes ante cualquier eventualidad.
La seguridad se extiende también al mar. El Servicio Marítimo de la Guardia Civil mantiene desplegados medios para controlar las aguas próximas a la residencia y establecer un perímetro que preserve la seguridad y privacidad del presidente y su familia durante su estancia. La dimensión del dispositivo permite completar el puzle de seguridad que LA RAZÓN ha venido desvelando durante los últimos días.
Este periódico avanzó que Sánchez había previsto convertir temporalmente La Mareta en una suerte de Moncloa informal para gestionar las consecuencias de la crisis de Ceuta y citar allí a los tres ministros que ocupan el centro de la tormenta: Fernando Grande-Marlaska, Margarita Robles y José Manuel Albares. La avalancha migratoria ha abierto una de las mayores crisis políticas de los últimos años y enfrentado internamente a distintas áreas del Gobierno. Defensa e Interior chocan alrededor de la información que manejaban los servicios de inteligencia antes de la entrada masiva de 72.000 migrantes que colapsó la ciudad, mientras Robles reivindica públicamente el trabajo del CNI y recuerda que existen también servicios de información dependientes de Interior tras negar su titular haber recibido alerta alguna.
Albares y el propio Sánchez, por su parte, mantienen una línea mucho más prudente hacia Marruecos pese a que todas las miradas de la diplomacia española apuntan a Rabat como colaborador necesario del desbordamiento fronterizo.
La Mareta, en cualquier caso, ha dejado de ser una mera residencia de vacaciones. El presidente aterrizó en Lanzarote con su familia, pero la crisis terminó persiguiéndole hasta Canarias. Sánchez presidió allí por videoconferencia una reunión de coordinación sobre Ceuta con buena parte de los ministros implicados y Moncloa reconoció que todavía quedaba trabajo por hacer antes de que la ciudad autónoma recuperase «la total normalidad».
Dos días después de que este periódico avanzara los planes para reunir al núcleo de la crisis en Lanzarote, LA RAZÓN desveló una segunda decisión: la orden de Sánchez de endurecer de forma inédita las medidas de seguridad dentro de La Mareta y retirar los teléfonos móviles a quienes accedieran al recinto para mantener determinados encuentros con él. La orden introducía un blindaje electrónico que hasta entonces no formaba parte del protocolo habitual de sus vacaciones. Su objetivo, según las fuentes consultadas, es reducir al mínimo cualquier posibilidad de espionaje durante las reuniones presidenciales.
Ahora, la movilización de 120 GRS permite conocer también la dimensión del blindaje físico que acompaña al tecnológico. Nada de esto puede desligarse del fantasma de Pegasus. El teléfono móvil de Pedro Sánchez fue infectado en 2021 con el programa espía desarrollado por la empresa israelí NSO Group. El Gobierno reconoció el ataque un año después y reveló que los autores consiguieron extraer más de 2,6 gigabytes de información del terminal presidencial. También fueron atacados los dispositivos de Robles y Marlaska.
Sin embargo, Marruecos ha permanecido desde entonces bajo sospecha en distintas investigaciones e informaciones sobre el caso, sin que exista una atribución judicial definitiva. Aquel episodio convirtió la seguridad de las comunicaciones del presidente en una cuestión de Estado y explica buena parte de las precauciones adoptadas desde entonces.
La crisis de Ceuta ha devuelto ahora todas aquellas inquietudes al primer plano.
La llegada masiva desde Marruecos volvió a poner a prueba la frontera sur española y obligó a reforzar la ciberseguridad durante la visita que Sánchez realizó a la ciudad autónoma. Los responsables del dispositivo establecieron canales seguros de comunicación y extremaron la protección del terminal presidencial para evitar que pudiera repetirse un episodio semejante al de 2021.Ese blindaje se ha trasladado ahora a Lanzarote.
La Mareta concentra estas semanas tres realidades difíciles de conciliar: vacaciones, gestión política y seguridad nacional. Sánchez permanece allí con su familia, pero mantiene contactos con sus ministros y sigue la evolución de Ceuta mientras un amplio dispositivo policial protege el perímetro para evitar insultos, manifestaciones y pintadas en la playa.
La movilización de los GRS se prolongará inicialmente hasta el 24 de agosto, aunque las fuentes consultadas explican que los agentes permanecen pendientes de las necesidades operativas que puedan surgir durante la estancia presidencial. Especial atención despiertan estos días los movimientos que pueda realizar Sánchez fuera del complejo y la mayor afluencia de visitantes que experimentará Canarias coincidiendo con el eclipse solar del 12 de agosto.
El dispositivo permanece preparado para adaptarse a la agenda del presidente. La protección presidencial obliga a movilizar recursos cuando el jefe del Ejecutivo sale de Moncloa o de La propia Mareta. Está previsto que hoy viaje a Guadalajara, al Observatorio de Yebes, para contemplar el eclipse total de sol. La diferencia este verano es el contexto. Sánchez llegó buscando el habitual paréntesis de agosto y terminó llevándose una grave crisis política en la maleta. Hasta el punto de que ha recibido críticas de una parte de los suyos por alimentar sus redes con recomendaciones culturales con Ceuta a punto de estallar.










