Tal día como hoy, pero en 1936, un avión republicano lanzó varias bombas sobre la basílica del Pilar. Ninguna explotó
En Zaragoza hay pocas tradiciones tan arraigadas como la devoción a la Virgen del Pilar. Para miles de zaragozanos, la patrona representa mucho más que un símbolo religioso: forma parte de la identidad de la ciudad y de su historia. Esa fe explica que uno de los episodios más recordados de la Guerra Civil siga ocupando un lugar destacado en la memoria colectiva casi 90 años después.
En la madrugada del 3 de agosto de 1936, apenas unas semanas después del inicio de la contienda, un avión republicano lanzó varias bombas sobre la basílica del Pilar. Ninguna explotó. Aquel hecho fue interpretado por muchos creyentes como un milagro atribuido a la Virgen y el régimen franquista convirtió el episodio en uno de los grandes símbolos propagandísticos de la guerra.
UN MILAGRO DE LA VIRGEN DEL PILAR
Dos de aquellas cuatro bombas fueron restauradas y todavía hoy en día pueden verse expuestas en el interior de la basílica, junto al camarín de la Virgen.
Sin embargo, con el paso de los años, varias investigaciones históricas han cuestionado parte del relato que se difundió durante décadas. Los estudios sostienen que las bombas no eran iguales, como se afirmó inicialmente, y desmontan la existencia del supuesto teniente coronel Manuel Cella, al que se atribuía el informe técnico sobre los proyectiles. Los archivos militares señalan que el responsable de la Maestranza de Zaragoza era, en realidad, Manuel Galbis Golf.
Los investigadores también apuntan a que el piloto que realizó el ataque fue Emilio Villaceballos García, destinado en el aeródromo de El Prat, quien habría decidido bombardear Zaragoza por iniciativa propia a bordo de un Breguet XIX.
La principal novedad de estas investigaciones es la explicación de por qué las bombas no explotaron. Según esta versión, sus espoletas habían sido manipuladas previamente por personal del aeródromo para impedir la detonación, lo que explicaría que el ataque apenas causara daños materiales.
Sea por intervención divina, como sostienen los creyentes, o por un fallo provocado en las bombas, como defienden las investigaciones históricas, el bombardeo del Pilar sigue siendo uno de los episodios más conocidos de la historia de Zaragoza y un acontecimiento que, casi 90 años después, continúa despertando interés y debate.













