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Los héroes de la segunda estrella para España han mostrado con naturalidad que la fe es una fuente de fortaleza tanto dentro como fuera del campo
La noche del 19 de julio, cuando Nico Williams levantó la Copa del Mundo con la selección española, el planeta vio a una superestrella, pero en un pequeño despacho de Cáritas, en Bilbao, la escena se vivió de otra manera.
Allí, el sacerdote Iñaki Mardones no veía al extremo que hoy ocupa portadas internacionales, veía al niño que nació en una familia agotada por la migración, al hijo de una pareja que había cruzado el Sáhara buscando una vida digna y que un día llamó a la puerta de la Iglesia porque no tenía ninguna otra puerta a la que llamar.
Un viaje sostenido por la fe
Los padres de Nico, Félix Williams y María Arthuer, abandonaron Ghana en los años 90. El viaje hacia Europa fue extremo: desierto, hambre, miedo y la incertidumbre de no saber si llegarían vivos. Cuando finalmente fueron trasladados a Bilbao, apenas tenían recursos y desconocían el idioma y la ciudad, pero conservaban una cosa más importante: la Fe.
Según ha explicado Mardones en distintas entrevistas, la pareja hablaba de Dios con una naturalidad que le impresionó. No pedían privilegios, pedían orientación para empezar de nuevo.
El sacerdote, voluntario de Cáritas, comenzó entonces a acompañarlos en la búsqueda de estabilidad, empleo e integración. Con el tiempo dejó de ser un simple mediador social, se convirtió en alguien de confianza para la familia.
Así nació Iñaki Williams
La relación entre el sacerdote y la pareja alcanzó un momento especialmente emotivo con el nacimiento de su primer hijo. Félix y María preguntaron al cura si podían ponerle su nombre al bebé. El gesto fue para Mardones una gran muestra de agradecimiento. «No olvidaremos quien estuvo con nosotros cuando no teníamos a nadie», explicaron en alguna ocasión.

El sacerdote Iñaki Mardones sostiene al futbolista Iñaki Williams Redes
El sacerdote bautizó al pequeño y siguió vinculado con la familia. Así nació Iñaki Williams. Después llegó Nico, criado en el mismo ambiente de fe y gratitud que su hermano.
Mardones ha contado que los padres de los pequeños quisieron que sus hijos recibieran el Bautismo y la Primera Comunión y que la oración formaba parte de la vida cotidiana de la casa. Esa educación espiritual, dicen quienes lo conocen, es una de las razones por las que Nico mantiene los pies en el suelo a pesar de la fama.

Iñaki Williams y su hermano Nico Williams Redes
Del despacho de Cáritas al centro del mundo
Hoy resulta casi imposible asociar la imagen de Nico Williams con aquella familia que llegó sin recursos a Bilbao. El futbolista vive rodeado de focos, contratos y expectativas gigantescas. Sin embargo, en casa sigue habiendo una historia que pesa más que cualquier trofeo. La de un sacerdote de Cáritas que dedicó horas a escuchar a dos inmigrantes desconocidos y acompañamiento cuando estaban completamente solos. Y la de unos padres que enseñaron a sus hijos que el éxito no empieza el día que levantas una copa, sino el día en el que alguien te tiende la mano y tú decides no olvidar nunca ese gesto.

El abrazo de Nico Williams al Rey tras ganar el Mundial GTRES
Por eso, mientras España celebra a Nico Williams como campeón del mundo, en Bilbao muchos hablan de otra victoria, menos visible y quizás más importante. La de una familia que llegó desde Ghana sostenida por la fe y la de un sacerdote que creyó en ellos antes que nadie.












