Bocatas, mascarillas y organización desde el corazón de Uncastillo: «Hay una solidaridad total, pero el panorama es desolador»

Casi una treintena de vecinos de la localidad se han reunido este viernes en uno de los bares del pueblo para coordinar tareas y ayudar en las laboras de extinción

La solidaridad entre vecinos se muestra en los momentos más difíciles. Casi una treintena de habitantes de Uncastillo ha regresado este viernes por la mañana, después de ser evacuados en la tarde del jueves, para montar un improvisado puesto de mando en el centro de la localidad, en uno de los bares. El objetivo no es otro que coordinar, «que echar una mano organizados» para colaborar con las brigadas y voluntarios que se baten con el fuego en los montes de alrededor del pueblo, en un incendio que ya ha calcinado más de 12.000 hectáreas en las Cinco Villas.

Marta Casaús atiende por teléfono a este diario con el ruido de fondo de ir y venir para hacer bocadillos, repartir aguas o reclamar mascarillas con las que protegerse del humo que se sigue respirando, aunque con menos intensidad, en el municipio. «El ánimo está un poco flojo», admite la vecina, que explica que entre varios se han decidido a «organizar mejor para tenerlo todo algo más controlado, porque antes se iba como patos mareados».

Están en la plaza, en uno de los bares que se ha abierto en un día tan extraño en Uncastillo. «Está dando café y agua y nos ha cedido el local para que nos podamos organizar», resume Casaús, que destaca que señala que las primeras tareas son «hacer bocadillos, preparar un listado con lo que hace falta y pedirlo a otros vecinos o gente que quiere ayudarnos». Lo último que se ha pedido son mascarillas, para mejorar la respiración.

Mapas del monte de Uncastillo, sujetados por platos de raciones, en un céntrico bar de la localidad.

Mapas del monte de Uncastillo, sujetados por platos de raciones, en un céntrico bar de la localidad. / Pablo Ibáñez

Mauricio Bautista es el gerente del bar. Se pone al teléfono y señala que «el bar está abierto sin coste para todo el mundo» y ofrece su local para que cada vecino o colaborador «cubra sus necesidades, pueda hacer acopio o pueda acercarse para ayudar y echar una mano para mejorar la situación». Desde las 8.30 horas que ha vuelto a su lugar de trabajo, Bautista participa en una cadena humana que «se ha movido por redes sociales y whatsapp» y que se mantendrá activa «todo el día» para arrimar el hombro contra el fuego.

Marta Casaús celebra «la solidaridad total» de todo el pueblo, pero lamenta «el paisaje desolador» que el fuego ha dejado en la zona: «El ambiente hoy es algo mejor, porque se puede respirar, pero todo está quemado».

Sobre las peticiones, lo que se necesita ahora en Uncastillo, se pasa de «alimentos para los bocatas, que se han ofrecido en la panadería y en las carnicerías». También «tractores, algo más difícil de conseguir» para ayudar en la construcción de cortafuegos.

Otra visión de Uncastillo

Uncastillo está desierto. Solo se escucha el ruedo helicópteros. En la plaza se reúnen una veintena de voluntarios: agricultores y vecinos que preparan bocadillos. Sobre una mesa el registro de las personas que salen al monte. «Lo más importante es saber dónde está la gente», explica Jesús Aznárez, el encargado de coordinar entradas y salidas.

El conocimiento de los caminos es fundamental para acompañar la maquinaria pesada de los equipos de extinción que se encarga de repasar cortafuegos y cerrar el avance de las llamas.

El peligro se extiende por tres frentes muy activos todavía que avanzan por Sos y Luesia. Los viene reparten agua, bocadillos y el material sanitario que han aportado las farmacéuticas. Fundamentalmente mascarillas y colirio para los ojos.

«La tarde de anoche fue muy compleja», recuerda. Las llamas se pararon en las puertas del pueblo con batefuegos. Ahora se han mandado partidas de voluntarios a la busca de vacas de leche, perros, y caballos que se escaparon de las granjas cercadas.