Durante unos instantes, el pontífice y el cantante puertorriqueño pudieron saludarse y hablar, aprovechando que ambos coincidían estos días en la capital.
El encuentro que más expectación ha causado estos últimos días con la visita del Papa a la capital española, finalmente se produjo. Según ha confirmado RTVE, el papa León XIV recibió este lunes al artista puertorriqueño Bad Bunny en una audiencia privada en el estadio Santiago Bernabéu.
Durante unos instantes, el pontífice y el cantante puertorriqueño pudieron saludarse y hablar, aprovechando que ambos coincidían estos días en la capital. Por el momento no hay imágenes publicadas, puesto que solo hay una oficial tomada por la comitiva papal. Ambas partes están estudiando el momento adecuado para publicar las fotos tomadas en las diferentes redes sociales o medios que consideren oportunos.
En el Santiago Bernabéu, el Papa puso en pie a los 70.000 fieles desde el mismo momento en que entró en el estadio, que se vino abajo con más de tres minutos de ovación. El Santo Padre quiso tener este lunes un encuentro con la Iglesia Diocesana, donde consiguió reunir a representantes de parroquias, movimientos religiosos, sacerdotes y agentes pastorales, catequistas, fieles, voluntarios.
Según informa RTVE, la agencia de representación del reguetonero contactó con la Conferencia Episcopal para cuadrar algún tipo de cita entre el artista y el papa. Un secreto muy bien guardado, puesto que el rumor de un posible encuentro de las dos figuras públicas llevaba existiendo desde que se conoció que coincidía la visita de León XIV a la capital española con las fechas de los conciertos de Bad Bunny en el Metropolitano.
El arzobispo de Madrid, José Cobo, no descartó que se pudiera producir el encuentro y apeló a tender «puentes». «Madrid da para mucho. Pero que son, que hay personas que no se oponen, sino crean puentes y puede ser, puede haber puentes. No serían cosas antagónicas».
Además añadió que desde la Archidiócesis de Madrid estaban «dispuestos a la colaboración», pero insistió que «las sorpresas son sorpresas» y en que este tipo de encuentros «se llevan muy en sigilo», como ha terminado sucediendo.





