Interior deja a Madrid sin refuerzo policial en un momento en que crece la violencia callejera

La UPR de la Policía Nacional sufre carencias de todo tipo en grupos operativos, parque móvil y en la base

La UPR (Unidad de Prevención y Reacción) de Madrid está soportando una presión operativa enorme en un contexto de aumento histórico de violencia callejera, con récords de armas blancas, reyertas, agresiones y dispositivos de máximo riesgo. Y, mientras, la actual Jefatura de la Unidad mantiene una deriva que está debilitando la capacidad operativa de una de las unidades más importantes de seguridad ciudadana de esta región.

La Unidad, según fuentes de la Confederación Españaola de Policía (CEP) necesita un mínimo de 60 furgonetas para sus doce grupos operativos y ahora mismo dispone solo de 44. Eso supone un 27% de déficit. «Y no hablamos de comodidad: hablamos de que si faltan vehículos, un grupo puede llegar tarde o llegar peor, y si los que hay están en mal estado, directamente pueden no llegar. Y en una reyerta con armas blancas, llegar tarde o no llegar, puede costar vidas», agregan.

La mayor parte de los vehículos están envejecidos, deteriorados y sometidos a un uso intensivo. «La UPR no puede seguir funcionando con un parque móvil incompleto, desgastado o en condiciones que reducen la capacidad operativa. La mala gestión de los medios no la paga un despacho: la paga el policía en la calle y la paga el ciudadano que espera una respuesta rápida».

A esto se suma una situación inadmisible en la propia base. Por un error administrativo en la renovación del contrato de mantenimiento se dejó fuera la jardinería y, tras meses sin ese servicio, se han producido al menos dos episodios de caída de árboles o ramas sobre vehículos particulares de policías y sobre tejados de vestuarios y dependencias policiales. No ha muerto nadie por pura suerte.

«Cuando un árbol cae sobre coches de compañeros o sobre zonas utilizadas diariamente por policías, ya no estamos ante una anécdota de mantenimiento. Estamos ante un fallo claro de prevención de riesgos laborales. Si ni siquiera se garantiza la seguridad dentro de la base, difícilmente se puede exigir a los policías que salgan a garantizar la seguridad de todos los demás».

Y el tercer gran problema es la jornada laboral. El turno actual no respeta los descansos mínimos legalmente establecidos ni consta en ningún acta. «Se imaginan que su jornada fuese así? Eso genera inseguridad jurídica y, sobre todo, riesgo operativo: compañeros afrontando intervenciones de máximo riesgo sin las condiciones psicofísicas mínimas que exige un servicio policial serio, subrayan.

El resumen es claro: vehículos insuficientes y desfasados, instalaciones inseguras y turnos que impiden el descanso legal mínimo. Tres problemas distintos, un responsable y una misma consecuencia: más riesgo para los policías y peor seguridad para los madrileños.No se puede exigir a los policías que entren los primeros en las intervenciones más peligrosas mientras la propia Jefatura es incapaz de garantizar vehículos suficientes, descansos legales o una base segura.

«La UPR de Madrid no necesita arengas ni relatos internos de éxito. Necesita gestión, liderazgo y responsabilidad. Porque cuando falla la gestión en una unidad táctica, el riesgo no se queda dentro de la base: sale a la calle y lo sufren los ciudadanos», concluyen.