Feijóo y el reto de una vida

El líder del PP afronta la recta final para alcanzar la presidencia del Gobierno en uno de los periodos más convulsos de la democracia española

Alberto Núñez Feijóo nunca llegó a imaginar el difícil camino que le esperaría cuando las bases del PP refrendaron su llegada a la presidencia del Partido Popular con el 99,63% aquel ya lejano 21 de marzo del 2022. Tuvo que esperar unos días, hasta el 2 de abril, para ser proclamado con todos los honores en el XX Congreso Nacional Extraordinario celebrado en Sevilla. El expresidente de la Xunta de Galicia asumió la dirección de un partido completamente estancado y partido en dos.

La salida, por llamarla de alguna forma, de Pablo Casado y Teodoro García Egea tras su enfrentamiento con Isabel Díaz Ayuso terminó de rematar a una formación hundida en el Congreso de los Diputados con 89 diputados después de las elecciones generales de noviembre de 2019. Una infame legislatura que alcanzó su punto álgido en la primavera del 2023, cuando los grandes resultados obtenidos por el PP en las elecciones autonómicas y municipales parecían ser el preludio para la llegada de Núñez Feijóo al Palacio de la Moncloa.

La derecha ¿inexistente?

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El PP exige la comparecencia urgente de Sánchez en el Congreso para que dé la cara tras la invasión en Ceuta

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Sin embargo, la estrategia del miedo a Vox, la falta de presencialidad del político de Os Peares en el resto de debates y el impacto del expresidente José Luis Rodríguez Zapatero aguaron la victoria más amarga en la historia del Partido Popular. Feijóo aprendió por las malas la enorme diferencia entre la política regional y nacional. No obstante, aquel traspié le sirvió para poner las bases de un proyecto para España que apura sus últimos retoques antes de comparecer en los siguientes comicios generales, sean cuando sean. El presidente ha conseguido dotar de músculo ideológico a la formación, reforzando más si cabe el papel de sus barones, alcaldes y candidatos.

Dentro del PP hace mucho tiempo que dejó de haber dudas con su valía, y muchos están convencidos de su futuro éxito. A un año de las generales, Feijóo se encuentra frente a la oportunidad de su carrera. Si en 2027 el bloque de la derecha, tal y como apuntan las encuestas, ronda los 200 escaños, la labor que tendrá por delante Alberto Núñez Feijóo, con permiso de su plausible socio de Gobierno, Vox, será la más compleja desde la primera legislatura de Felipe González. El presidente ‘popular’ debe reconstruir social y económicamente un país hundido que está arruinando el futuro de sus jóvenes.

Nunca antes en las más de cuatro décadas de democracia un presidente del Gobierno había enfangado tanto la pureza del sistema. Se han corrompido tribunales, asaltado la Fiscalía, torpedeado a la Guardia Civil, levantado un muro entre españoles, ‘bombardeada’ la clase media y asfixiado a los autónomos. Todo ello con la vivienda disparada, el colapso de la sanidad y un exceso de inmigración que amenaza con hacer saltar todo por los aires. La invasión de 49.000 marroquíes vivida a lo largo del pasado jueves y viernes en la ciudad autónoma de Ceuta puso de manifiesto la debilidad geopolítica de España, una cuenta pendiente que el futuro Ejecutivo conservador debe voltear con urgencia.

Feijóo deberá tomar decisiones complejas

Por ello, Feijóo tendrá que tomar decisiones de peso, y en su determinación estará si logra cumplir la misión designada, la más importante de su carrera, o pasará al cajón del olvido como otros líderes, entre ellos Mariano Rajoy, que lo tuvieron todo para resucitar a la nación y acabaron entregando el país en bandeja a Sánchez y sus socios.

Partido Popular y Vox deben levantar las alfombras, airear todo lo que ha sucedido, derogar la Ley de Memoria Democrática y otra decena de leyes infames cocinadas por pura supervivencia política. Es vital inyectar dinero en recuperar y restaurar todas las infraestructuras abandonadas durante el sanchismo, como el sistema ferroviario, otrora orgullo nacional. Hay que incentivar el empleo, aparcar el falso crecimiento que está viviendo la economía por la inmigración y el gasto público, obviando la productividad.

Hacer un plan nacional de vivienda que construya más de un millón de hogares públicos, regular los alquileres y ayudar a la compra. Devolver la confianza en las instituciones, blindar la independencia del Poder Judicial y restaurar la limpieza en la dirección de las fuerzas y cuerpos de seguridad del Estado. Hacer frente a la infame política de prevención de incendios, llevar a cabo un reordenamiento urgente de la ingente población extranjera, muchísimos de ellos a las puertas de tener la nacionalidad ‘regalada’ como movimiento del Gobierno para engordar las cuentas.

Aunque se vendan historias, los impuestos volverán a subir, no por gusto, sino porque habrá que recaudar para invertirlo bien, ya que el sanchismo ha dilapidado los años de mayor recaudación de la historia española. Tiene que volver a merecer la pena vivir, sentir y querer a España. Y esas decisiones las va a tener que tomar Alberto Núñez Feijóo, muchas de ellas en los primeros compases de su mandato. No le va a poder temblar el pulso, de lo contrario se repetirá la historia de 2011. Las mayorías absolutas (o a través de pactos) deben servir para mejorar la vida de los españoles, no ahogarlos como hizo el marianismo.

El PP cuenta con que tendrá a las calles en su contra desde el primer minuto, pero eso no puede hacerle dudar. Los sindicatos, adormecidos y untados, volverán a activarse. Feijóo presume de no haber tenido manzanas podridas en sus doce años de mandato en Galicia, y es verdad, pero también pueden llegar ovejas negras al rebaño. Las personas se pueden corromper, y ahí debe de ser impasible. Quienes más le conocen saben que está preparado para ello.

Por su edad, 64 años, se encuentra ante el último reto antes de plegar velas tras más de tres décadas de servicio público. España puede juzgar al Feijóo líder de la oposición por su tono o pasividad, pero el marco general llegará si logra ser presidente del Gobierno. Esos años serán clave para saber si pudo revertir la depresión de un país deseoso de recuperar su identidad, o solo colocar un parche en una grieta del tamaño de Galicia. De sus cuatro u ocho años de Gobierno dependen las próximas cuatro décadas de España. Ahí es nada.