La esposa del presidente andaluz encarna una Andalucía moderna y a la vez ligada a los códigos culturales de la tierra
En países como Estados Unidos, la primera dama pasa por un taller donde un equipo construye la imagen ideal que acompañará y equilibrará al líder. Son los sastres del poder. Asesores de comunicación, expertos en protocolo, estrategas de imagen y consultores que miden palabras, ajustan el gesto y cortan excesos con tijera fina. Con aguja paciente y dedal estratégico, van dando hechuras a una figura diseñada para resistir la mirada ajena. Si el dirigente transmite dureza, a la esposa se le pone el remiendo de la cercanía. Si parece distante, ella suaviza el conjunto con calidez familiar.
Nada de eso es necesario en San Telmo, el palacio presidencial andaluz. Manuela Villena posee de manera natural muchas de las cualidades que esos equipos internacionales intentan fabricar durante años. Elegancia sin afectación, discreción, estabilidad, moderación y una presencia que no ha precisado construcción.

Aunque ni en Andalucía ni en España existe una figura institucional equivalente a la de primera dama, Villena ocupa una posición singular dentro de la sociedad andaluza. Más desde la distancia que desde la política. «Desde su elegancia y con serenidad, proyecta muchos de los valores asociados al estilo político de Juanma Moreno Bonilla. Inteligencia, equilibrio, cercanía, cultura, sentido familiar y orgullo andaluz», detalla a LA RAZÓN el periodista Mario Niebla del Toro, experto en relaciones públicas y una figura clave en la vida social andaluza.
Profesional con una trayectoria propia
«Nunca ha mantenido un papel activo en campañas electorales ni en el debate partidista. Tampoco invade espacios institucionales que no le corresponden. Su presencia pública aparece siempre delimitada por la contención», añade. Y desde ahí ha resultado una figura influyente. Esa naturalidad es especialmente eficaz en una época marcada por la sobreexposición constante. La ciudadanía identifica en ella, según describe Niebla del Toro, hábitos y escenas cotidianas muy cercanas: «Es una profesional con carrera propia, una madre pendiente de sus hijos, una ciudadana empática con los problemas de su comunidad, una mujer preocupada por sus mayores y una esposa que comparte con su pareja ocio, deporte y vida familiar con bastante normalidad». Moreno Bonilla ha reconocido la importancia que tienen las conversaciones con su mujer en las decisiones relevantes. «Pero esa influencia forma parte más de su carácter natural que de una intervención directa», matiza Niebla del Toro.

Según nos indican, en el entorno político del presidente andaluz se asume desde hace años que Villena ejerce un papel importante como interlocutora privada. Y ese influjo encaja con algunos de los rasgos que han definido el llamado «estilo Moreno Bonilla»: moderación, ausencia de estridencias, voluntad de acuerdo y una estética política basada en la serenidad. También su biografía ha contribuido a reforzar esa percepción. Andalucía observó con sorpresa cómo aquella mujer extremadamente discreta escondía uno de los expedientes académicos más brillantes de su generación. Licenciada en Ciencias Políticas por la Universidad de Granada, con 27 matrículas de honor y Premio Nacional Fin de Carrera, Villena desarrolla una trayectoria profesional vinculada al ámbito sanitario y farmacéutico.

Su perfil de mujer con formación sólida, independencia profesional y capacidad para comprender los mecanismos técnicos de la administración rompe con ciertos tópicos asociados históricamente a las parejas de los dirigentes. Sin embargo, nunca ha parecido interesada en exhibir esa preparación intelectual. «Esa renuncia a convertir el mérito académico en una carta de presentación es parte de su carisma», señala el periodista.
«La fruta de la pasión»
Se conocieron en 2004 durante un Congreso Nacional del Partido Popular celebrado en Madrid, donde ambos participaban en tareas de organización. Después llegaría una pedida de mano improvisada durante una boda y el matrimonio celebrado en Granada en 2006. Aquel día, Moreno tomó el micrófono para cantarle a su flamante esposa «Sabor de amor», de Danza Invisible.

Son escenas pequeñas, casi ingenuas, que pertenecen al estilo habitual del líder andaluz y ayudan también a entender la imagen de cercanía que rodea a la pareja. En ellos aparece además una Andalucía distinta a ciertos estereotipos tradicionales. Una Andalucía moderna, segura de sí misma y compatible con referencias culturales muy diversas. De la solemnidad de la Semana Santa a la naturalidad del pop de los años ochenta; de los estilismos de la Feria de Abril a una idea más sobria y cosmopolita de elegancia. Estos detalles acaban siendo relevantes en una tierra donde la simbología posee enorme carga cultural. Y Villena ha sido aplaudida por ello.










