La cadena está empezando a monitorizar el coste de las materias primas y el impacto real del encarecimiento de las mismas en los márgenes y el precio final
Mercadona mueve ficha tras el estallido de la guerra en Irán, que amenaza con disparar los precios de los alimentos. La cadena de supermercados valenciana está empezando a monitorizar la evolución del coste de las materias primas y el impacto real del encarecimiento de las mismas en los márgenes del grupo y en el precio final en los lineales. Por ello, la compañía se está reuniendo con sus diversos proveedores, para estudiar la afectación y tomar las medidas oportunas al respecto, tal y como ha podido confirmar Vozpópuli por diversas fuentes solventes.
Estos encuentros cobran más fuerza tras las declaraciones del fundador y presidente de Mercadona, Juan Roig, sobre la guerra. Durante la presentación de resultados, Roig destacó que la evolución de los precios en Mercadona dependerá de cómo reaccionen las materias primas a la presión inflacionista provocada por la guerra. «Nosotros no subimos los precios ni los bajamos, dependemos de lo que suban y bajen las materias primas. Si suben, tendremos que subir precios«, aseguró ante los medios de comunicación.
La subida de precios es una medida que todavía no está sobre la mesa en Mercadona. De hecho, esta misma semana la compañía ha bajado el precio de más de 200 productos, entre ellos los huevos, para reducir la presión de los bolsillos de los españoles. Sin embargo, diversas fuentes apuntan a que esta toma de contacto con los proveedores para estudiar el impacto de la guerra en la cesta de la compra abre la puerta a todas las posibilidades.
Mercadona aboga por el IVA al 0%
El objetivo de estos encuentros es analizar cómo y cuánto están sufriendo los agricultores, ganaderos y distribuidores de Mercadona las consecuencias económicas del estallido de la guerra. Con dicha información, la cadena valenciana decidirá el modo de actuación más adecuado que garantice un equilibrio entre la viabilidad económica de los proveedores y el bolsillo de los clientes, siempre tratando de proteger sus propios márgenes.
En este sentido, el propio Roig aseguró que para evitar que la guerra terminara repercutiendo en el bolsillo de los consumidores debía aprobarse de manera urgente un IVA cero a los alimentos básicos. «Nos encantaría que mañana tanto el gobierno español como el gobierno portugués decretasen el IVA cero en alimentación. Estaría muy bien, pero es algo que no depende de Mercadona», aseguró el empresario valenciano en la rueda de prensa en la que se presentaron sus resultados anuales.
A pesar de la urgencia de aplicar la medida que ya se tuvo que llevar a cabo con el estallido de la guerra de Ucrania, tal y como reclaman desde diferentes sectores empresariales, Moncloa se resiste a aprobarla y está retrasando la decisión. Desde el punto de vista recaudatorio, la reticencia tiene sentido: Hacienda se juega unos 2.000 millones de euros al año de recaudación por el IVA de los alimentos básicos. Por ello, a la espera de que el Gobierno tome una decisión, Mercadona, que acapara ya el 30% de la cuota de mercado en España, está movilizándose ya para que el impacto sea el mínimo posible. Es de esperar que el resto de cadenas y grandes compañías del comercio, como Inditex o Mango, hagan lo propio con sus respectivos proveedores y cadenas de suministro.
La inflación llegará al 4%
La preocupación y movilización de las grandes empresas del sector es comprensible, porque a nivel económico las perspectivas son complicadas. La guerra en Irán ha obligado a Funcas a modificar sustancialmente las previsiones de inflación. En un escenario central en el que el precio del crudo evolucionará conforme a lo descontado en los mercados de futuros -mantenimiento de la cotización en torno a 102 dólares en abril y mayo, y un lento descenso a partir de junio hasta terminar el año en unos 81 dólares-, Funcas espera una tasa de inflación del 3,6% en marzo, que se situará por encima del 4% en los meses posteriores.
A partir de junio empezaría una desescalada hasta terminar el año con una tasa interanual del 3,4%, y una media anual del 3,6%. La inflación subyacente alcanzaría una media anual del 2,5%.










