El observador permanente del Vaticano ante la ONU, Ettore Balestrero, cifra en 5.000 los fieles asesinados en 2025 y alerta sobre la «persecución cortés» que avanza en Occidente mediante la marginación y exclusión
La Santa Sede ha alzado la voz en el marco de las Naciones Unidas para denunciar una realidad estadística que no deja de escalar. Durante su intervención en la iniciativa «Al lado de los cristianos perseguidos: defender la fe y los valores cristianos», promovida por la representación de Hungría en Ginebra, el arzobispo Ettore Balestrero, observador permanente de la Santa Sede, ha calificado a los cristianos como la «comunidad religiosa más perseguida del mundo».
Las cifras aportadas por el representante vaticano dibujan un escenario crítico: casi 400 millones de fieles —uno de cada siete cristianos en el planeta— sufren persecución o violencia. En el año 2025, el número de fieles asesinados por su fe ascendió a casi 5.000, lo que supone, en palabras de Balestrero, que «trece al día» pierden la vida por este motivo.
La responsabilidad de los Estados
Desde la perspectiva del derecho internacional, el arzobispo ha recordado que estos creyentes son «víctimas de escandalosas violaciones de los derechos humanos». Balestrero ha subrayado que aquellos que han sido asesinados por su fe «son mártires en el sentido etimológico del término: testigos de su creencia que encarnan valores que desafían la lógica del poder». Ha añadido que ello no exime a los gobiernos de sus obligaciones: «Su testimonio no debe distraer de la responsabilidad fundamental de los Estados, que deberían haberlos protegido».
En este sentido, el prelado ha enfatizado que es deber de todo Estado no solo respetar la libertad de culto, sino impedir que terceros violen este derecho. Sin embargo, ha denunciado que «la impunidad sigue siendo una de las cuestiones más graves en el panorama global de la persecución religiosa».
La «persecución cortés» en Europa
La denuncia de la Santa Sede no se ha limitado a los países en conflicto o con regímenes totalitarios. Balestrero ha puesto el foco en Europa, donde la Oficina para las Instituciones Democráticas y los Derechos Humanos de la OSCE registró más de 760 crímenes de odio contra cristianos en 2024.
Más allá de la violencia física, el arzobispo ha advertido sobre una «persecución cortés». Esta ‘modalidad’, más sutil y silenciosa, se manifiesta a través de una «gradual marginación y exclusión de la vida política, social y profesional», incluso en tierras de tradición cristiana. Según la Santa Sede, esta discriminación se concreta en normas y prácticas administrativas que restringen o anulan derechos legalmente reconocidos a la población creyente
Para concluir su intervención, Balestrero ha recurrido al simbolismo de la Cruz para explicar la doble naturaleza de estos ataques. Al representar la apertura a la trascendencia (línea vertical) y el vínculo con los demás (línea horizontal), el arzobispo ha señalado que los ataques a la dimensión vertical «tratan de romper la relación entre la conciencia y Dios, confinando la fe al silencio», mientras que los ataques contra la dimensión horizontal se producen cuando se persigue a los cristianos, «lo que priva al ser humano de su capacidad innata de responder libremente a la llamada de la verdad».











