El Consejo de Ministros dio luz verde esta semana a la apertura de los archivos oficiales relativos al golpe de Estado del 23 de febrero de 1981
Con la desclasificación ya aprobada y publicada en el BOE, el 23-F ha dejado de ser un territorio vedado por la Ley de Secretos Oficiales para convertirse en un campo abierto al escrutinio público. Y en ese nuevo escenario, Felipe González ha fijado posición con una mezcla de reivindicación histórica y advertencia política: transparencia, sí; “arbitrariedades”, no. Y un mensaje sin matices: “La actuación de Juan Carlos fue decisiva”.
El Consejo de Ministros dio luz verde esta semana a la apertura de los archivos oficiales relativos al golpe de Estado del 23 de febrero de 1981, el intento encabezada por el teniente coronel de la Guardia Civil Antonio Tejero que mantuvo en vilo al país durante horas. La decisión, impulsada por el Ejecutivo de Pedro Sánchez, permite por primera vez el acceso público a documentación que permanecía clasificada desde hace 45 años. Los fondos ya pueden consultarse a través de los canales oficiales de Moncloa.
En este contexto, González intervino en el Senado durante la presentación de una nueva edición del libro El Rey, que analiza el papel constitucional de la Monarquía a partir de textos del jurista Manuel García-Pelayo. El acto se convirtió en una tribuna desde la que el expresidente defendió la necesidad de conocer con detalle lo sucedido aquel 23 de febrero, pero también de hacerlo con rigor institucional.
“A mí me gustaría que se supiese todo lo que sucedió el 23-F para conocer realmente el papel de Juan Carlos”, afirmó. No es una frase menor. En plena revisión pública de la figura del monarca emérito, González salió en defensa de su actuación durante la asonada. “¿Tardó mucho en reaccionar? ¿Quién es el bobo que dice eso?”, lanzó, visiblemente molesto ante lo que considera una simplificación interesada de los hechos.
Para el expresidente, la intervención de Juan Carlos I no solo fue relevante, sino determinante. “Juan Carlos fue rey constitucional antes de que la Constitución se hubiese aprobado”, sostuvo, en una formulación que apunta a la legitimidad de ejercicio que, a su juicio, ya encarnaba la Corona en los primeros compases de la Transición. “Del 23-F, la actuación fue decisiva”, insistió.
González fue más allá al subrayar que, en ningún momento de aquella jornada, España quedó sin el amparo del sistema de libertades. “En ningún momento de ese golpe de Estado España se quedó sin las libertades amparadas en la Constitución”, afirmó. A su entender, la intervención del Rey garantizó el restablecimiento “sin interrupción del sistema de libertades”. Una tesis que conecta con la interpretación clásica de los hechos: la Corona como dique de contención frente al intento de ruptura del orden democrático.
La desclasificación, defendida por el Ejecutivo como un ejercicio de transparencia y una “deuda histórica” con la ciudadanía, abre ahora la puerta a que investigadores y opinión pública examinen cables, informes y comunicaciones internas generadas durante aquellas horas críticas. El Gobierno no ha detallado previamente el volumen ni el contenido concreto de los documentos, que ya están disponibles tras levantarse el secreto oficial.
Pero González introdujo un matiz relevante en el debate de fondo. Reclamó que España avance hacia una regulación homologable a la de otras democracias occidentales en materia de información clasificada, con plazos y procedimientos claros. “Que haya una ley similar a la de otros países, pero no decir: vamos a desclasificar de forma arbitraria”, advirtió. El mensaje parece dirigido tanto al presente como al futuro: la transparencia no debe convertirse en un instrumento de confrontación coyuntural.
Retroceso de los valores democráticos
El expresidente enmarcó sus palabras en una reflexión más amplia sobre el momento político. “Estamos en un día de recuerdos. No diré de conmemoraciones”, señaló, para después alertar de un “retroceso de los valores de la democracia en todo el mundo”. En ese contexto, afirmó, quienes creen en el sistema democrático tienen la sensación de estar “quedándose en minoría”.
Su diagnóstico incluyó una crítica al clima político actual. “Aquí no faltan libertades, sobran insultos y arbitrariedades”, afirmó, en una referencia implícita al deterioro del debate público. A su juicio, los insultos “podrían pasar a otro espacio que no sean ni el Parlamento ni la calle”. Un llamamiento a rebajar la tensión en un momento en el que la revisión del pasado reciente vuelve a situarse en el centro de la agenda.
Con los archivos del 23-F ya abiertos, el foco se desplaza ahora del gesto político a la letra pequeña de los documentos. La desclasificación marca un hito institucional y simbólico. Pero también reabre una discusión latente: la del papel de la Corona en la arquitectura constitucional y en los momentos de crisis.
González ha querido anticipar esa batalla interpretativa. Reivindica conocer “todo”, pero lo hace desde una convicción previa: que la actuación del entonces jefe del Estado fue clave para abortar la asonada y preservar el sistema de libertades. En tiempos de revisión y ajuste de cuentas con el pasado, el expresidente blinda así una de las piezas centrales del relato de la Transición. Ahora serán los documentos los que hablen.










