Tenso encuentro entre Pedro Sánchez y Felipe González, tras anunciar el expresidente que votaría en blanco

Ambos se encontraron en el acto que conmemoraba la longevidad de la Constitución española.

La celebración en el Congreso de los Diputados de la Constitución más longeva de la historia de España dejó este martes imágenes solemnes, declaraciones afiladas… y un gesto que dijo más que cualquier titular. Pedro Sánchez y Felipe González, distanciados desde que el expresidente anunciara que votaría en blanco para no apoyarle, se reencontraron por primera vez en público. Y lo hicieron como mandan los manuales de protocolo cuando el ambiente puede cortarse con un cuchillo: dándose la mano sin mediar palabra… ni mirarse a la cara.

Un apretón de manos  rápido como un parpadeo y tenso como una cuerda de guitarra.

Antes de ese encuentro, Felipe González ya había dejado titular. A su llegada al Congreso, afirmó con rotundidad que Borja Cabezón, adjunto a la Secretaría de Organización del PSOE e investigado por presunta evasión fiscal según El Confidencial, es su “amigo”.

“Borja Cabezón es amigo mío”, recalcó.

Y añadió que lo ha “seguido siempre políticamente” y que él “nunca ha dejado tirado a un amigo”. Eso sí: “Eso lo tiene que explicar Borja, que tiene bastante capacidad para explicarlo”, respondió cuando se le preguntó por las informaciones sobre una posible trama de testaferros y empresas pantalla.

Rodríguez Ibarra: apoyo al PSOE, sí pero

El expresidente extremeño Juan Carlos Rodríguez Ibarra también pasó por el Congreso. Dijo entender perfectamente a Felipe González y su anuncio de votar en blanco en protesta contra Pedro Sánchez: “Sí, le entiendo, sí”.

Pero añadió algo más: él sí votará al PSOE. Aunque con una advertencia marca de la casa: “Tacharé de la lista de mi provincia a aquellos que voten a favor de la financiación singular de Cataluña”.

Sobre el futuro del partido cuando Sánchez deje el liderazgo, Ibarra fue igual de claro que siempre: “Si el PSOE superó perder una guerra y un exilio de cuarenta años, por muchas cosas que pasen va a seguir estando”.

El momento que todos los fotógrafos esperaban llegó cuando Sánchez y González coincidieron en el Salón de Plenos. No hubo palabras, ni gestos, ni el más mínimo amago de complicidad. Solo una mano tendida —la del presidente—, un apretón correcto —el del expresidente— y dos miradas perdidas en direcciones opuestas, como si hubiera que repasar mentalmente el punto del protocolo que obligaba a ese saludo.

Los testigos no escucharon ni un “hola”.