Alfonso Ussía ha muerto

Alfonso era un escritor satírico, en prosa y en verso. Un hombre cuya libertad le costó disgustos con amigos y con amigos de sus amigos. Pero sabía que ése era el coste del oficio que había escogido libremente. Y era un hombre con principios muy claros: la Corona, la Patria y nuestras Fuerzas Armadas

Fue un escritor y periodista de enorme éxito, de modo especial en «ABC» y en «El Debate» donde publicó los últimos cuatro años. También tuvo éxito en la radio donde estuvo en la primera Antena 3 con su maestro y amigo Santiago Amón, en la COPE, Onda Cero; en televisión en Telecinco y en Antena3 TV. Y en semanarios estuvo en Época y Tiempo. En el campo de la literatura tuvo un enorme éxito con la serie del marqués de Sotoancho, ilustrada por su íntimo amigo Barca y de la que se publicaron quince libros. Estaba casado con Pili Hornedo Muguiro y son padres de tres hijos y abuelos de ocho nietos.

Alfonso ha batallado con la pluma hasta el final. Escribir su columna era un impulso para vivir. Ya no podía teclear en el ordenador sus artículos. Se los dictaba a su hija Isabel hasta quedarse sin voz. Después de recibir la Extrema Unción siguió dictando hasta el último día que fue el pasado martes. Él ha demostrado que quería estar junto a sus lectores sin fallar a la cita diaria en El Debate desde nuestro segundo nacimiento el 1 de octubre de 2021. Y antes, allá dónde le llamaron. Siempre con un éxito de seguidores arrollador. En los medios impresos era más difícil saber a ciencia cierta en qué medida era más popular un columnista que otro. Pero en los medios digitales conocemos hasta el último detalle de cada artículo publicado. Y los que dirigimos este diario somos conscientes del enorme peso que ha tenido Alfonso en su éxito.

Alfonso nació en Madrid hijo de vasco y andaluza. Y de ambos heredó mucho. De su padre, la férrea lealtad a la Corona y en particular a Don Juan de Borbón. Siempre estuvo al lado del viejo Rey de derecho. Pero nunca fue cortesano como pudieron comprobar Don Juan Carlos y Don Felipe. Y de su madre la brillantez literaria de su abuelo, don Pedro Muñoz Seca. Ambos factores marcaron su vida.

Estudió en los colegios del Pilar y Alameda de Osuna. Ambos le ahormaron mucho. Alfonso empezó la carrera de derecho y más tarde la de periodismo. No terminó ninguna. Él quería ser escritor y esa carrera no existe. Y con este oficio se ganó la vida bastante bien. Pasó por los diarios Informaciones -con Jesús de la Serna de director y Juan Luis Cebrián de subdirector- Diario 16 y Ya hasta llegar a ABC donde hizo la parte fundamental de su carrera y asentó su prestigio.

Poesía satírica

Nos conocimos hacia 1985. Con la mediación de mi tío Íñigo Laserna -entonces Laula- mi madre logró llevarlo a Santander a dar una conferencia para una asociación de mujeres conservadoras que ella presidía. El tema era la poesía satírica española y escucharlo fue un regocijo. En esas lides Alfonso era muy provocador, además de un gran fabulador, pero tenía cuidado con qué decía dónde. Antes de dirigirnos al salón del Ateneo le preguntó a mi madre si podía incluir en su conferencia unos versos sobre el marqués de Villaverde. Mi madre le dijo que mejor no lo hiciera y no hubo más.

En aquellos años se metió en la locura de ser candidato a presidente del Real Madrid -una de sus pasiones hasta el final de sus días. Animó mucho la pugna con Ramón Mendoza que le ganó por la mínima. Cuando se descubrió la larga lista de socios difuntos que habían votado en las elecciones, a Alfonso sólo se le ocurrió decir: «Menos mal. Qué follón ser presidente del Madrid».

La gran estrella de ABC

Durante muchos años fue la gran estrella de ABC, pero cuando el periódico pasó de ser «de los Luca de Tena» a ser de Vocento –«de los vascos» decía él, que lo era- su situación se volvió cada vez más incómoda. Recuerdo una desagradable conversación que tuvo él con el director de ABC en mi despacho del diario. Las amenazas terroristas sobre su persona crecían y él pedía protección a costa del periódico. El director le decía que iba a pedir al Ministerio del Interior que se hiciese cargo de su seguridad y Alfonso se negaba. Decía que tenía que ser el diario para el que trabajaba y que ganaba dinero con sus artículos el que se hiciese cargo de las amenazas que le generaba lo que publicaba en el periódico. Era cuestión de principios.

Al fin su artículo «El cerdo vasco» le costó su salida del diario y tras unas semanas valorando diferentes ofertas recaló en La Razón con unas excelentes condiciones. Durante años fue la gran estrella del diario de referencia del grupo Planeta. Hasta se crearon unos «Premios Alfonso Ussía» con cinco categorías Estudiante del Año, Héroe del Año, Conservación de la Naturaleza, Personaje del Año y Trayectoria Profesional. Cuando abandonó el periódico, los premios fueron suprimidos. La salida de La Razón se debió a que Alfonso no soportaba trabajar en un grupo mediático que aunaba bajo la misma propiedad desde La Sexta hasta La Razón. Y por ser libre Alfonso se encontró muy solo. La capacidad de influencia de un gran capo de Planeta hizo que no encontrara un buen trabajo. Sólo logró pequeñas colaboraciones con diferentes medios con las que apenas podía vivir.

Con el apoyo de su mujer, Pili Hornedo, una gran enfermera ya jubilada y que siempre ha estado a su lado, a las duras y a las maduras, decidieron vender su piso de Chamberí e irse a vivir poco después a la casa que habían hecho años atrás en Ruiloba, cerca de Comillas, y donde veraneaban habitualmente.

A El Debate, como su abuelo

El 29 de julio de 2021 invité a almorzar a Alfonso en el Real Club Marítimo de Santander. Le conté el proyecto del renacimiento de El Debate y se apuntó a nuestras filas con entusiasmo. Su abuelo, don Pedro Muñoz Seca, había sido una de las firmas estrella de este diario hasta su asesinato en Paracuellos. Alguno de sus antiguos jefes nos advirtió que nos iba a causar muchos disgustos. En aquella primera conversación en la terraza del Marítimo, yo advertí a Alfonso que sólo tenía un condicionante. El Debate es un periódico de la Asociación Católica de Propagandistas y eso le impediría hacer críticas al Papa. «Por supuesto» me dijo. Y no hubo más problemas que los que puede tener cualquier columnista con un poco de garra.

Porque Alfonso era un escritor satírico, en prosa y en verso. Un hombre cuya libertad le costó disgustos con amigos y con amigos de sus amigos. Pero sabía que ése era el precio del oficio que había escogido libremente. Y era un hombre con principios muy claros: la Corona, la Patria y nuestras Fuerzas Armadas -tenía la Gran Cruz del Mérito Naval con distintivo blanco y la Cruz de Plata de la Orden del Mérito de la Guardia Civil.

La última distinción

Almorzando mano a mano en Joséin, en Comillas, el pasado 18 de agosto, me anunció con evidente emoción que Isabel Díaz Ayuso iba a ir el 28 de ese mes a darle el premio de Cultura de la Comunidad de Madrid en Literatura, y me pidió que asistiera a un acto que iba a ser casi íntimo. Me pareció muy emocionante que la presidente, consciente de los impedimentos de Alfonso -rotura de cadera, cáncer de pulmón e hígado avanzados- hiciera el esfuerzo de ir hasta su casa durante un par de horas de un día precioso de agosto. Cuando nos despedimos ese día sabía que era la última vez que le iba a ver vivo.

Hablamos hace tres semanas por última vez. La debilidad de su voz estremecía. Le conté para animarle que había visto en el restaurante Rafa de Madrid a Antonio Resines. Yo lo reconocí y para mi sorpresa él me dijo después que me había reconocido también. Ciertamente me miraba mucho, pero así como era lógico que yo lo reconociera, era raro que el me identificase. Me explicó que me ubicó por mi retrato en El Debate. «No sabes qué alegría me da que leas El Debate, Antonio». Y él replicó: «Es que leo a Alfonso Ussía». Fue la última alegría que pude darle.

Cuánto cuesta escribir con los ojos llenos de lágrimas.