LA RAZÓN acude al colegio Príncipe Felipe de Ceuta, donde el inicio de curso se salda con ausencias. «Nunca hemos tenido una vuelta tan atípica», dice su directora, Rocío Salcedo
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«Parece que estamos en guerra», se queja Cynthia Muñoz, profesora para educación especial, del ruido de un helicóptero de la Guardia Civil que sobrevuela el patio del colegio El Príncipe. Se trata de un centro educativo público que atiende a menores de infantil y primaria. Está situado sobre el Tarajal, la playa de la muerte, y al lado de las naves, donde permanecen cientos de inmigrantes en asentamientos ilegales.
En una puerta lateral del recinto se accede a la guardería. Hay un pequeño aparcamiento, donde se encuentra un coche negro con los cristales oscuros que parece abandonado. La luna trasera, está rota. A las nueve de la mañana, mientras una decena de mujeres acercan a sus niños pequeños de la mano hasta el interior del centro, aparece un furgón de la Policía Nacional.
Los agentes se bajan y uno de ellos se acerca al vehículo escacharrado. Abre la puerta y, de pronto, salen tres magrebíes: una mujer adulta del asiento del conductor, un joven de diecinueve años y su hermano, de dieciséis, que se encuentran entre el maletero y los asientos traseros. Nos confirman que han pasado la noche ahí.
Por la puerta principal del colegio terminan de entrar todos los alumnos que han acudido a clase en el primer día del curso: un total de treinta. El alumnado inscrito asciende a doscientos. Ni siquiera menos de la mitad han regresado a las aulas. Por otra parte, era lo previsible, asegura la directora del colegio, Rocío Salcedo: «Nunca hemos tenido esta vuelta tan atípica. Se ha limpiado, se ha puesto seguridad, pero las familias tienen ese miedo y esa incertidumbre».
Cynthia describe «un infierno» en el colegio. «Toda la santa mañana con drones, el helicóptero, un murmullo que se oye constante de la frontera. ¿Es que nos van a invadir otra vez?». Hay psicosis. El «miedo» es la segunda palabra más repetida después de «normalidad» exactamente lo que los docentes denuncian que no existe.
A pesar de que el colegio Príncipe Felipe, como todos los centros educativos de Ceuta, ha reabierto a primera hora de hoy sus puertas. «Nada, le han dado un lavadito de cara, porque vienen los ministros (se refiere a: Fernando Grande-Marlaska, del Interior, y a Milagros Tolón, de Educación) y no quieren ver la realidad», sostiene.
Porque la imagen de hoy es muy diferente a la de días anteriores. «Desde el 1 de septiembre que volvimos nosotros no se han visto ni policías ni militares. Hemos pasado días muy malos. Es que no podíamos ni pasar porque estaba todo lleno de inmigrantes».
Semanas atrás, las instalaciones todavía eran un centro de atención de inmigrantes. «Tuvimos a niñas alojadas. Que, bueno… con algunos que otros destrozos que ha habido. Los cuartos de baño los están cambiando enteros. Waters, lavabos. Han tenido que pintar todas las paredes porque estaba todo fatal».
Una vez cerrada la puerta principal del colegio e iniciado de manera oficial el nuevo curso, Cynthia muestra su sorpresa por el número de alumnos que se ha encontrado en las aulas. «Es que pensábamos que iban a venir menos». Es la realidad de la periferia, donde el retorno escolar se salda con suspenso. Cuestión aparte han sido los colegios del centro, donde ha habido más actividad. Aun así, y como lo venían advirtiendo, han sido muchos los padres que han optado por dejar a sus hijos en casa. En el Príncipe Felipe y en otros tantos colegios. Son las consecuencias de una situación que todavía no parece tener una solución.










