Dirigentes socialistas creen que la ministra ha cruzado una línea con sus discrepancias sobre Ceuta, pero Moncloa mantiene que seguirá en Defensa hasta el final de la legislatura
Margarita Robles tiene cada vez menos defensores dentro del PSOE, pero conserva el que realmente importa. Pedro Sánchez no piensa “ni ha pensado nunca” en cesarla. El malestar con la ministra de Defensa ha crecido después de la crisis de Ceuta hasta el punto de que algunos dirigentes socialistas consideran ya que debería abandonar el Gobierno para evitar deterioros internos este año electoral. En Moncloa, sin embargo, no contemplan ese desenlace.
La paradoja resume la situación en la que ha quedado Robles después de varias semanas de enfrentamiento público con Fernando Grande-Marlaska y de marcar distancias con el relato que finalmente hizo suyo el presidente sobre el papel de los servicios de inteligencia durante la oleada migratoria en Ceuta. Hay cargos del partido que creen que ha llevado demasiado lejos su condición de «verso libre» y que, si no comparte la posición del Gobierno, debería marcharse.
La tensión se ha agravado a raíz de la gestión de la crisis de Ceuta y, en particular, por las diferencias públicas entre Defensa e Interior sobre la información que manejaba el Gobierno antes de la entrada masiva de inmigrantes de finales de julio. Robles defendió que el Centro Nacional de Inteligencia (CNI) había trasladado avisos previos, mientras Marlaska insistió en que ninguno de los informes recibidos permitía anticipar la magnitud de lo que finalmente ocurrió.
Sánchez terminó fijando una posición más próxima a la defendida por Interior: admitió que existieron informes policiales y del CNI, pero sostuvo que ninguno adelantaba ni la escala ni la probabilidad de la crisis.
El episodio ha desgastado especialmente la relación de Robles con una parte del PSOE. Varias voces en el partido consideran que una ministra puede discrepar dentro del Consejo de Ministros, pero no trasladar esas diferencias de una manera que proyecte una división en el Ejecutivo. Mucho menos a las puertas de unas elecciones generales. Algunas van más lejos y sostienen que, si Robles no comparte las decisiones del presidente y su equipo, debería abandonar el cargo.
Una integrante de la dirección socialista resume esa posición señalando que las diferencias deben discutirse “dentro del Gobierno” y que, llegado el caso, ella debería dimitir. En términos similares se expresan otros cargos territoriales y antiguos miembros del Ejecutivo, que reprochan a la ministra haber llevado a la esfera pública un enfrentamiento que hasta ahora se había mantenido más contenido.
Sánchez no quiere abrir otra crisis
Ese malestar, sin embargo, no se ha traducido en movimientos de Sánchez para apartar a Robles. En el Gobierno y en el PSOE existe la convicción ampliamente extendida de que la ministra piensa terminar la legislatura y de el presidente tampoco tiene intención de cesarla. La previsión es que continúe en Defensa, del mismo modo que Marlaska seguirá al frente de Interior pese al desgaste acumulado por ambos departamentos.
El presidente, de hecho, ya había descartado públicamente una remodelación. Su intención es agotar la legislatura con el actual gabinete y evitar un cambio que, en plena crisis de Ceuta, tendría inevitablemente una lectura política. En el entorno socialista no se da por hecho, por tanto, que las críticas internas contra Robles vayan a provocar consecuencias inmediatas.
La propia posición de la ministra también explica parte de esa estabilidad. Robles lleva en Defensa desde la llegada de Sánchez a Moncloa en 2018 y es uno de los miembros más veteranos del Ejecutivo. Dentro del PSOE hay críticas hacia su comportamiento, pero también se reconoce su gestión al frente del departamento, su relación con las Fuerzas Armadas y un perfil público que le permite conectar con sectores moderados que mantienen una relación mucho más distante con otros integrantes del Gobierno.
Eso no ha impedido que el tono haya cambiado. Durante años, en el PSOE se asumió que Robles mantenía un “grado de autonomía mayor” que otros ministros. La definición de «verso libre» servía para explicar sus diferencias con Podemos en la anterior legislatura o determinadas posiciones propias en asuntos de Estado. Ahora, algunos dirigentes creen que esa explicación ya no basta.
En Moncloa, por el momento, la consigna es rebajar el alcance de la polémica. El equipo del presidente evita alimentar públicamente el enfrentamiento y mantiene que la relación con Robles continúa dentro de la normalidad. Sánchez convive así con una parte de su partido que considera que Robles ha llevado demasiado lejos sus diferencias con el resto del Gobierno, mientras el presidente sigue decidido a mantenerla en el cargo.
Un veterano dirigente socialista con interlocución con Moncloa lo plantea incluso en términos de “autoridad” presidencial: cree que el comportamiento de Robles ha comprometido la posición de Sánchez, pero al mismo tiempo da por hecho que el presidente no puede permitirse ahora su cese.










