Monseñor Pérez Pueyo pone en duda el procedimiento que llevó a que, hace 50 años, la talla románica pasara de su ermita al nuevo santuario: «No nos consta en los archivos ni del Cabildo ni de la diócesis»
El obispo de Barbastro-Monzón (Huesca), monseñor Ángel Javier Pérez Pueyo ha adoptado un tono épico en una carta que ha enviado este lunes a todos sus diocesanos «hijos del Alto Aragón Oriental», en la que llega a compararse con la figura bíblica del anciano Eleazar.
El próximo sábado, 5 de septiembre, la pequeña diócesis celebrará la 47.ª Romería de Vírgenes de Ribagorza y Sobrarbe, en la que «la imagen original de Nuestra Señora de los Ángeles de Torreciudad volverá a cruzar el umbral de su ermita-santuario». «Después de más de cincuenta años, nuestra Madre retorna a casa», sentencia el prelado.
Cuando se inauguró el santuario de Torreciudad –gestionado y dirigido por el Opus Dei– en julio de 1975, se acordó que la talla original de la Virgen pasara de su pequeña ermita al nuevo templo. Esa ha sido, al menos, la versión que habitualmente se ha repetido.
«No nos consta»
Sin embargo, monseñor Pérez Pueyo señala en su misiva de esta mañana que, «durante estos últimos años, la diócesis ha reunido documentación histórica y jurídica que, a nuestro juicio, impide considerar la salida de la imagen de su ermita como una renuncia voluntaria de este pueblo a su custodia y a su lugar originario. Antes del actual templo, antes de las controversias y antes de cualquiera de nosotros, durante más de un milenio esta imagen estuvo unida a esta tierra y a su ermita. Y su salida autorizada, acorde a derecho, no nos consta en los archivos ni del Cabildo ni de la diócesis», agrega el prelado.
Por eso, «desde esa memoria nace también la petición que esta Iglesia particular ha sostenido con paciencia y firmeza: que Nuestra Señora de los Ángeles de Torreciudad permanezca en su ermita-santuario, su casa milenaria». «No pedimos privilegios. Pedimos que la Madre permanezca en su casa de siempre, donde siempre estuvo durante más de mil años hasta llevársela hace cincuenta», sentencia.
No es un asunto económico
El obispo de Barbastro entra así de lleno en las desavenencias que, desde hace varios años, afectan a las relaciones entre su diócesis y el santuario de Torreciudad y que llevaron a que incluso el Vaticano tomara cartas en el asunto nombrando un Comisario Pontificio encargado de resolver el conflicto. Monseñor Pérez Pueyo asegura que «hemos renunciado a cualquier compensación económica. No reclamamos el gobierno del nuevo templo, ni sus bienes, ni sus cuentas, ni las entidades o empresas vinculadas a su gestión. Hemos pedido al Santo Padre León XIV que Torreciudad pueda ser reconocido como santuario internacional dependiente directamente de la Santa Sede, y que sea la propia Santa Sede quien supervise su realidad económica y pastoral». «Pero hay una sola cosa que esta diócesis no puede entregar, a la que unos hijos no pueden renunciar: a su Madre, a Nuestra Señora de los Ángeles de Torreciudad», enfatiza.

El santuario de Torreciudad, que cada año congrega a millones de peregrinos
«Yo no puedo firmar, aprobar ni consentir una fórmula que prive a este pueblo de Barbastro-Monzón de su propia Madre, o que la convierta en alguien extraño que haga algunas visitas a sus hijos desde casa ajena», prosigue monseñor Pérez-Pueyo, para concluir su carta con un contundente anuncio: «Ese compromiso me lleva en conciencia a no poder privar a nuestra diócesis de su Madre tan querida, y tened por seguro que vuestro pastor nunca firmaría ese improbable expolio a vuestra dignidad. Pondría en tal caso mi cargo a disposición por lealtad a nuestro pueblo».
De este modo, el prelado enciende la mecha solo cinco días antes de la 47.ª Romería de Vírgenes de Ribagorza y Sobrarbe, y lo hace invocando al anciano Eleazar del segundo libro de los Macabeos. «A sus noventa años, quisieron ofrecerle una salida aparentemente prudente: bastaba con fingir. Podía salvar la vida y evitar el sufrimiento. Pero Eleazar comprendió que aquella apariencia dejaría a los jóvenes un ejemplo de cobardía y prefirió morir antes que manchar su vejez y deshonrar la fe recibida (cf. 2 Mac 6, 18-31)», señala el obispo de Barbastro.
Por eso, sentencia que «hay momentos en que un pastor debe preguntarse no qué le resulta más cómodo, sino qué ejemplo dejará a su pueblo». «Como el anciano Eleazar, prefiero dejar un ejemplo de fidelidad a nuestra historia y nuestra memoria, que traicionar aquello que uno tiene el deber de custodiar», resuelve. «La comunión no implica ceder a la dignidad. La caridad no obliga a llamar justo a lo injusto. La paz de la Iglesia no puede levantarse sobre el silencio de un pueblo al que se pide que renuncie a su propia memoria», agrega.
«Intrigas mafiosas»
En su carta, monseñor Pérez Pueyo esgrime también las conversaciones que mantuvo con el Papa Francisco en las que, supuestamente, se posicionó a favor de la postura de la diócesis y en contra de la del Opus Dei: «Durante la visita ad Limina de diciembre de 2021 acogió nuestra preocupación por la piedad popular y por el arraigo eclesial de Torreciudad. Más tarde, en un manuscrito fechado el 13 de julio de 2023, me escribió de su puño y letra: ‘No cedás!’. Y el 18 de septiembre de 2024, al encontrarme con él en la plaza de San Pedro, volvió a preguntarme directamente: ‘Ángel, ¿bajaron ya la Virgen?’», en referencia a si estaba de vuelta en su ermita. «Pocas semanas después, en otro manuscrito fechado el 13 de octubre de 2024, me advirtió expresamente de ‘las intrigas mafiosas que están en curso’ alrededor de este asunto, tal y como advertí en la homilía de nuestra catedral precisamente ahora hace un año», detalla.












