Este se trata de un territorio en el que chocan de manera directa el aire cálido y húmedo que sube desde el Golfo de México y las corrientes frías y secas que bajan desde Canadá
Durante el pasado Mundial de Clubes de 2025, varios partidos tuvieron que detenerse por la amenaza de tormentas eléctricas sobre el estadio. Sin ir más lejos, el Chelsea-Benfica de octavos de final tuvo una duración total de 4 horas y 38 minutos, siendo este uno de los encuentros más recordados de aquella competición que precisamente ganaron los blues.
Este partido, que se disputó en la ciudad de Charlotte, se tuvo que suspender casi al final del mismo tras detectarse una potente tormenta. Los jugadores de ambos tuvieron equipos que refugiarse en el túnel de vestuarios, donde esperaron hasta dos horas antes de poder salir de nuevo al césped. Ahora, un año después de aquello, el temor a que suceda algo similar en el Mundial 2026 es mayúsculo.
El Mundial 2026, en alerta
Y es que Estados Unidos, país donde se jugarán más de 70 partidos de los 104 totales que tendrá esta Copa del Mundo, es un escenario perfecto para que esto suceda, sobre todo en verano. Este se trata de un territorio en el que colisionan de manera directa el aire cálido y húmedo que sube desde el Golfo de México y las corrientes frías y secas que bajan desde Canadá, creando intensos choques atmosféricos.
Todo ello termina formando grandes nubes cargadas gracias a tres elementos principales: el calor, la humedad y el aire inestable que asciende. Así es como nacen finalmente unas tormentas eléctricas que, a la postre, son muy peligrosas por un motivo esencial, los rayos. Y es que, según la Agencia Estatal de Meteorología, aproximadamente 300 personas son alcanzadas cada año, de las cuales entre 20 y 30 acaban falleciendo.
El protocolo de seguridad
Por este motivo, la FIFA tiene un protocolo de seguridad junto a la Administración Nacional Oceánica y Atmosférica (NOAA), el cual dice que, si un rayo impacta o hay señales de descarga eléctrica en un radio de 13 kilómetros, los espectadores deben ponerse a cubierto dentro del estadio. Los jugadores, por su parte, también deben retirarse a los vestuarios por 30 minutos como mínimo. A partir de ahí, se toma la decisión de volver a jugar o esperar el mismo intervalo de tiempo si el peligro persiste.
De esta forma, el protocolo busca proteger a todas las personas del estadio ante un riesgo que claramente es elevado y mortal. Y es que los enormes estadios norteamericanos cuentan con metal, cables y estructuras conductoras que aumentan el peligro de sufrir un percance de esta magnitud durante el evento de manera significativa.










