Aunque esta figura todavía es poco conocida en Aragón, desde hace 15 años se ha abierto camino como alternativa para las familias que buscan un segundo hogar para sus hijos
“Somos algo serio, no unas niñeras que están en su casa”. Con esa convicción resume Lucía Escanero una figura todavía poco conocida en Aragón, pero que desde hace 15 años se ha abierto camino como alternativa para las familias con niños de 0 a 3 años: las madres de día.
Estas mujeres ofrecen atención en sus propios hogares a grupos reducidos de niños. “Es un servicio que prestamos a un máximo de cuatro familias con la idea de que nuestras casas sean un segundo hogar para los más pequeños”, explica Lucía, madre de día en Zaragoza. “La idea es que puedan hacer lo mismo que harían en sus casas, con sus padres y madres, pero con nosotras. Una vida normal pero con otros tres niños y una profesional de la educación».
Actualmente hay diez madres de día en todo Aragón: ocho en Zaragoza, una en Huesca y otra en Teruel. Todas ellas forman parte de la Asociación Aragonesa de Madres de Día, creada en el año 2011, que pertenece a su vez a la red nacional.
Un modelo muy extendido en otros países
Lucía es técnica superior en Educación Infantil y trabajó durante 15 años en una escuela infantil de la capital aragonesa. Fue a raíz de sus viajes por Europa cuando descubrió este modelo. “Me gusta mucho viajar y conocí este servicio, que está muy extendido en otros países”, recuerda. Al saber que en Aragón existía una asociación, se puso en contacto con ella y, al terminar su contrato laboral, decidió dar el paso y emprender.
“Este es ya mi séptimo curso y estoy muy contenta. De hecho, tengo lista de espera”, afirma satisfecha. Su proyecto se llama ‘Palomitas de Colores’, un nombre que refleja su manera de entender esta etapa de la infancia: “Llegan siendo semillas y hacen ‘pop’. Son muy divertidos y maravillosos”.
Lucía Escanero, con sus ‘palomitas’ en el autobús urbano. / INSTAGRAM / PALOMITAS DE COLORES
En el caso de Lucía, la decisión de convertirse en madre de día no respondió tanto a una necesidad de conciliación como a una preferencia personal. “Lo que me gustó fue la idea de trabajar con un grupo tan reducido de niños”, explica. Este cercanía le permite prestar una atención mucho más personalizada. “Tengo un carro de cuatro y me los llevo a todos los lados. Vamos de excursión, a museos, a los trabajos de los padres y las madres. Estamos todo el día por ahí”, cuenta.
Su casa es también su lugar de trabajo. Ha acondicionado diversos espacios para adaptarlos a las necesidades de los pequeños, con una habitación para jugar y comer, una habitación para la siesta y un salón que todos los jueves se transforma en una improvisada clase de psicomotricidad, con circuitos y actividades para experimentar.
Sin embargo, trabajar en casa con niños también exige disciplina y organización. “Tiene que estar todo muy limpio y no se pueden dejar cosas por el medio”, reconoce. En su caso, la adaptación ha sido sencilla porque vive sola y no tiene hijos, aunque no siempre es así. Otras madres de día comparten el espacio y la crianza con sus propias familias. “A los hijos les puede costar un poco al principio eso de compartir su casa y su madre”, admite Escanero.
Ese ambiente cercano es lo que más valoran las familias, que pueden dejar a sus hijos en un espacio seguro y familiar, con solo cuatro niños. Su día a día incluye paseos por el parque, visitas a la biblioteca y aprendizaje a través de la experimentación. “Saltamos en los charcos, cogemos flores, vivimos”, resume.

Una de las excursiones de Palomitas de Colores al Parque Grande de Zaragoza. / INSTAGRAM / PALOMITAS DE COLORES
Mucho más que cuidado, una propuesta educativa
Lucía insiste en que su trabajo va mucho más allá del cuidado. “También hay una intención pedagógica”, admite. Todas las profesionales cuentan con formación específica, ya sea como técnico superior en Educación Infantil o en Magisterio.
Además, muchas madres de día aplican enfoques inspirados en metodologías como Waldorf o Montesori que dan prioridad a lo manipulativo, la autonomía y el desarrollo emocional de los más pequeños. Para muchas familias, además, el tramo de los 0 a 3 años es “el eterno olvidado de la educación”, por lo que buscan una atención más consciente y personalizada.
Por ello, Lucía reivindica la profesionalidad de su trabajo y el reconocimiento de esta figura en Aragón por la autoridad competente, tal y como sucede ya en otras comunidades como Madrid, Cataluña, Galicia y Navarra, en algunos supuestos y siempre y cuando cumplan con la normativa. “Somos algo serio, no unas niñeras que están en su casa”, insiste, y señala que no suponen una competencia para las escuelas infantiles, ya que “es un servicio distinto y el trato no tiene nada que ver”.
La relación con las familias también es mucho más estrecha que en otros recursos. “Me gusta que puedan entrar los padres y madres, y todas las semanas hago excursiones y pueden venir también los abuelos”, cuenta. Una convivencia que acaba creando grandes lazos. “Empiezas siendo un poco extraños, pero luego formas una familia”.
Para Lucía, los niños acaban siendo también ‘hermanos de día’. Por eso, la despedida al final de esta etapa no siempre es fácil. “Me da mucha pena cuando se van”, reconoce. En su caso, cada junio organiza una fiesta de fin de curso en una sala de juegos, a la que invita a antiguos, actuales y futuros niños de Palomitas de Colores para que se conozcan.
Un paso más para cumplir con el objetivo de las madres de día: que los niños se sientan como en su propia casa y dar opciones a quienes buscan para sus hijos un segundo hogar.










