Su fachada neomudéjar, con ladrillo, cerámica blanca y verde y el característico alero de madera propio de la arquitectura aragonesa, han convertido este edificio en una pieza clave del paisaje urbano
Zaragoza celebra en 2026 el centenario de uno de sus edificios más reconocibles y simbólicos: la sede de Correos del paseo de la Independencia. Lo hace con un ambicioso programa de actos que se desplegará a lo largo de todo el año y que combina historia, cultura, participación ciudadana y homenaje a quienes han dado vida a este servicio público esencial durante el último siglo.
Diseñado por el arquitecto Antonio Rubio, el edificio se levantó sobre el solar que ocupó anteriormente el teatro Pignatelli, un espacio ya conocido por los zaragozanos y vinculado a la vida social de la ciudad. Las obras comenzaron en 1921 y culminaron el 12 de octubre de 1926, día del Pilar. Desde entonces, su fachada neomudéjar, con ladrillo, cerámica blanca y verde y el característico alero de madera propio de la arquitectura aragonesa, lo han convertido en una pieza clave del paisaje urbano de la capital aragonesa.
Pero si hay un elemento que conecta especialmente con la memoria colectiva de los zaragozanos son los leones de bronce de su fachada. “¿Quién en Zaragoza no ha pasado o ha quedado alguna vez en los leones?”, se ha preguntado durante el acto la directora de Relaciones Institucionales de Correos, Núria Lera. Más allá de su función, esas bocas de buzón se han convertido en testigos silenciosos de “millones de historias, noticias y afectos” que han pasado por el edificio durante cien años.
- UN SELLO CONMEMORATIVO PARA CELEBRAR EL CENTENARIO
- UN PROGRAMA CON ACTIVIDADES PARA TODOS LOS PÚBLICOS
UN SELLO CONMEMORATIVO PARA CELEBRAR EL CENTENARIO
El acto de presentación ha dejado claro que la conmemoración no será únicamente un ejercicio de nostalgia. Correos quiere mirar al futuro sin renunciar a su pasado. “Correos va a seguir otros cien años”, ha asegurado Roberto Asensio, gerente de Negocio Minorista y Servicios del Área Norte de Correos, al inicio del evento, en una declaración de intenciones que resume el espíritu de la celebración: adaptarse a los nuevos tiempos sin perder su papel como puente entre personas.
Ese equilibrio entre memoria y proyección se traduce en un amplio programa de actividades. A lo largo de los próximos meses se organizarán varias exposiciones que recorrerán la historia del edificio, su arquitectura y la evolución del servicio postal, además de una muestra filatélica ya inaugurada con sellos dedicados a Zaragoza. El objetivo es claro: abrir el edificio a la ciudadanía y convertirlo en un espacio vivo y accesible.
La filatelia será uno de los ejes centrales del centenario. Ya está disponible durante todo el año un matasellos conmemorativo en la oficina principal y el próximo 1 de octubre se emitirá un sello especial dedicado al edificio. Además, se ha lanzado un concurso abierto a toda la ciudadanía para elegir su diseño, una iniciativa que busca implicar directamente a los zaragozanos en la celebración.
UN PROGRAMA CON ACTIVIDADES PARA TODOS LOS PÚBLICOS
A estas acciones se sumará también un cupón especial de la ONCE en octubre, así como conferencias, presentaciones y encuentros que profundizarán en la historia postal y en el valor patrimonial del inmueble. Entre ellas destacan charlas sobre la arquitectura del edificio o la figura de Antonio Rubio, así como actividades divulgativas dirigidas a distintos públicos.
El calendario incorpora también propuestas participativas. En septiembre se instalará un buzón conmemorativo para que los ciudadanos puedan enviar cartas al propio edificio, mientras que uno de los momentos más emotivos del acto fue la lectura de una carta dirigida a esta sede histórica, en la que se le agradecía haber sido durante un siglo “mucho más que un edificio, un lugar donde las historias de las personas encuentran un camino”.
El centenario servirá además para reconocer el papel de los trabajadores de Correos, considerados el alma del edificio. Carteros, personal de oficina y generaciones de empleados han sostenido un servicio que, pese a los cambios tecnológicos, sigue siendo esencial. “Este edificio no solo son sus muros; el alma son todos y cada uno de los empleados”, se ha subrayado durante el acto.












